EL CINE EN COLOMBIA SIGUE ASCENDIENDO

Como prueba del ascenso del cine en Colombia durante el 2016 hay que destacar que se superó la marca de los 60 millones de espectadores anuales, las 1,000 pantallas digitales de exhibición, los más de $500,000 millones de pesos que entraron por taquilla y, además, el cine colombiano casi llega a los 5 millones de espectadores; todas cifras significativas dentro de la historia del cine nacional. Ante estas cifras “récord”, casi palidece la del aumento en taquilla y asistencia a cine en el país en comparación con el año anterior, que fue bastante bueno. Desafortunadamente, por aquellos misterios inherentes en los cambios monetarios de cada país y la repentina subida del dólar en Colombia durante el año, el país quedó en cuarto lugar de recaudo de taquilla en dólares, detrás de México, Brasil y Argentina, pero en número de espectadores quedó en tercer puesto general y segundo puesto dentro de los países de habla hispana del hemisferio.

LA TAQUILLA GENERAL COLOMBIANA TUVO UN CRECIMIENTO DEL 7,9% FRENTE AL AÑO 2015

Con una entrada total en taquilla de $531,122 millones de pesos (el 7,9% del 2015) y 61’437.941 espectadores (el 4,5% del 2015), Colombia superó ampliamente los 60 millones de boletas anuales, cifra espectacular en todo sentido si tenemos en cuenta que hace escasamente una década que las cifras eran alrededor de los 16 a 20 millones de espectadores por año. Las razones son varias: la continua y creciente proliferación de películas en 3D, los nuevos multiplexes digitales con lo último en tecnología, pero lo más importante es que las películas de Hollywood -que son las que venden más boletas y arrastran al nuevo público espectador- no solamente han sabido dar en el gusto de esa audiencia, sino en el secreto de mantenerla y aumentarla en el tiempo.

LAS 16 PELICULAS MAS TAQUILLERAS DEL AÑO

Con los dieciséis títulos de películas que lograron sobrepasar la cifra mágica del millón de espectadores, Colombia aumentó en dos el número de cintas millonarias en comparación con el año anterior. Estas 16 películas lograron acaparar el sorprendente 47% de la taquilla total del año y el 43% del público, que son cifras casi idénticas a las 14 películas millonarios del 2015.

De las 16 películas que superan el millón de espectadores, 13 fueron en 3D, con su correspondiente versión en 2D normal. Solamente 3 cintas fueron en digital normal (2D), incluyendo una colombiana, El Coco, de Dago García, distribuida por Cine Colombia. En general, el 3D, combinado con sus versiones en 2D, siguen siendo una porción supremamente importante dentro del buen comportamiento de la exhibición cinematográfica al aportar el 62,7% de la taquilla total en pesos y el 59,6% de la asistencia de público a 42 estrenos del 2016 y 8 películas que venían del 2015. Estrictamente tomando en cuenta las funciones en 3D, las estadísticas se reducen a un poco más del 50% de la taquilla y espectadores; 34,6% y 27,6%, respectivamente. A pesar de lo que puedan pensar los “puristas” y críticos, las excelentes cifras estadísticas que estamos viendo hoy en día -y desde hace varios años- se deben casi exclusivamente a la buena utilización de esta tecnología, que le brinda al espectador las dos posibilidades del 2D normal y el 3D estereoscópico.

SIGUE CRECIENDO EL NUMERO DE NUEVAS SALAS DE CINE EN EL PAIS

Continuando el crecimiento del sector de exhibición cinematográfica en el país, el 2016 no fue la excepción al inaugurar 93 salas o pantallas en 17 diferentes puntos (o complejos) en Colombia; en sitios tan diversos como Barranquilla, Bogotá, Cali, La Ceja, Medellín, Montería, Neiva, Riohacha, Santa Marta, Soacha, Valledupar, Villavicencio y Villeta. Entre todas lograron una taquilla bruta de $10,077 millones de pesos y una asistencia de 1’290.891 espectadores en el año; logrando el 1,9% del recaudo total y el 2,1% del público, cifras menores a las del año anterior.

LOS 10 MULTIPLEXES MAS TAQUILLEROS DEL PAIS

Como es ya costumbre, Cine Colombia domina en buena parte la lista de los 10 complejos cinematográficos más taquilleros del país, con 9 multiplexes en total; 7 en Bogotá, 1 en Cali y 1 en Bucaramanga. La cadena de exhibición mexicana Cinépolis es la única por fuera de Cineco en la lista, con El Limonar en Cali. Las 111 pantallas que forman este grupo élite tienen un impacto global sobre los ingresos de cine en Colombia del 23,3% de la taquilla total en pesos y el 19,3% del público, cifras levemente menores que las del año anterior.

LOS GRANDES EXHIBIDORES DE CINE

Como es bien sabido, la exhibición cinematográfica en Colombia está dominada por cinco grandes cadenas: Cine Colombia, Cinemark, Royal Films, Procinal y Cinépolis. Entre las cinco tienen el 94,8% de la taquilla y el 93,9% de la asistencia a cine en todo el país, que representa un pequeño descenso del año anterior. Todos los exhibidores -con la notable excepción de Cine Colombia en cuanto a número de espectadores- tuvieron significantes aumentos sobre sus cifras del 2015.

LOS GRANDES DISTRIBUIDORES DE CINE

El estudio del ratón Mickey, Disney Buena Vista, con películas como Buscando a Dory, Capitán América Guerra Civil, Zootopia, El Libro de la Selva, Moana, Un Buen Dinosaurio, Alicia a Través del Espejo, y -desde luego- Rogue One: Una Historia de Star Wars, entre otras menores, todas en 3D, arrasó con la taquilla colombiana. Junto con los otros cinco estudios de Hollywood, Warner, Fox, Universal, Sony y Paramount, fueron responsables del 81,4% de la taquilla y el 79,8% de los espectadores.

De los distribuidores independientes, Cine Colombia siguió dominando la competencia nacional al lograr el 10,8% de la taquilla y el 11,6% del público, gracias en gran parte a la distribución de tres películas colombianas de Dago García, El Coco, Uno al Año No Hace Daño 2, El Paseo 4 y una buena lista de más de 70 estrenos del cine independiente norteamericano y mundial, incluyendo la ganadora de siete premios en los Globos de Oro y la mayor nominada a los Premios Oscar del 2017, La La Land.

Como en todos los últimos años, a los restantes distribuidores independientes, como Diamond Films, Cinecolor, Cineplex, Babilla, entre otros, no les quedó otra posibilidad sino la de seguir repartiéndose los sobrantes de cine europeo, francés, español, latinoamericano, independiente norteamericano, mexicano, colombiano, etc., que cada día tienen menos posibilidades de taquilla o público, aunque dentro del grupo se encontraban cintas importantes como Carol, Mustang, Brooklyn, Miss Julie, entre muchas otras. Es curioso anotar que para Cine Colombia, Diamond Films y Cinecolor, el cine colombiano fue una parte muy importante de sus ganancias del año.

EL HUECO NEGRO DEL CINE “ALTERNATIVO”

Con el pasar de los años, bajo la dominación apabullante de las películas en 3D, junto con los cambios radicales en los gustos del público colombiano o -mejor dicho- la casi total renovación del público espectador nacional, el cine “culto” o de “arte” ha pasado a un segundo o tercer plano, con muy poquita repercusión dentro del público que generalmente llena las salas normales con un tipo de cine poco intelectual.

Las pocas salas dedicadas casi exclusivamente al cine “alternativo”, que no pasan de nueve locales con 27 pantallas (el 2,7% del total), que solamente representan el 1,9% de la taquilla y el 1,7% de la asistencia al cine en Colombia, atienden a un público que escasamente sobrepasa la cifra del millón de espectadores anualmente. No sobra decir que solamente las películas que logran salirse de este pequeño círculo, logran algunas taquillas medianamente aceptables.

NI FU NI FA POR EL LADO DE LOS FESTIVALES DE CINE Y MUESTRAS ESPECIALIZADAS

Por segundo año INDIEBO, Festival de Cine Independiente de Bogotá, siguió liderando los festivales de cine y muestras especiales en Colombia con una taquilla total de $261 millones de pesos y una asistencia levemente superior a los espectadores del año anterior con 20,816 en total, demostrando que una buena programación, respaldada con una excelente promoción son los dos elementos indispensables para el éxito en este tipo de eventos.

En su segundo año, el Bogotá International Film Festival BIFF (tildado jocosamente por algunos como el “Baby Biff”), tuvo un peor año que el anterior al arrojar cifras negativas del – 18,6% en taquilla y – 26,2% en asistencia en comparación con el 2015.

A pesar de tener un aumento en taquilla general de $62 millones (el 12,6% por encima del 2015) y 3,180 espectadores adicionales, éste es un renglón dentro de la exhibición y distribución de cine de calidad que, por su tamaño tan reducido, escasamente llega a una décima parte del 1% de la taquilla total colombiana, dejando serios cuestionamientos sobre su futuro inmediato y a largo plazo.

LA MEJOR TAQUILLA EN LA HISTORIA DEL CINE COLOMBIANO

Así como el 2015 se proclamó como “el mejor año del cine colombiano” por unos pocos críticos y fuera de la nominación al Oscar de El Abrazo de la Serpiente, fue muy poco lo que se vio como para justificar semejante título tan rimbombante. En cambio, ahora en el 2016 sí tenemos una buena cifra para respaldar el hecho de “la mejor taquilla en la historia del cine colombiano”, con los 4’785.740 espectadores y una taquilla de $35,425 millones de pesos. Pero, esa es la “buena” noticia.

La “mala” noticia (para algunos), es que la taquilla sigue dominada por las comedias de Dago García, Fernando Ayllón, entre otros, mientras el supuesto “buen Cine” colombiano naufraga inexorablemente dentro de cifras cada vez más reducidas y mediocres. Y, para colmo de males, los festivales internacionales, que a veces le han sonreído a unas pocas producciones colombianas, se notaron más por su gran ausencia que por sus premios. Películas como La Mujer del Animal, de Victor Gaviria, pasaron totalmente desapercibidas por el “circuito de las vanidades” de los festivales internacionales de cine.

Aunque la taquilla de cine colombiano en el 2016 subió un 38,2% por encima del año anterior y la asistencia un 34,8%, para aquellos que miran el cine “comercial” con desdén y demasiada rabia (o envidia), no fue una buena noticia, ya que se sigue demostrando la gran brecha que hay en el cine colombiano entre lo “taquillero” y lo supuestamente “artístico”. Pero la realidad es que las siete (7) comedias del año 2016 recopilaron el 83,5% de la taquilla (vs. 82% en el 2015) y el 84,9% de la asistencia (vs. 83,5% en el 2015). Para ser más concretos, las siete comedias del año generaron entradas por $29,568 millones de pesos de un total de $35,425 millones de pesos recaudados por el cine colombiano. Las restantes treinta y un (31) películas tuvieron que conformarse con los $5,856 millones de pesos que sobraron.

(NOTA: Los títulos resaltados en color azul son los proyectos ganadores de estímulos del FDC)

A pesar de contar con el 12,5% de los 303 estrenos del año en el país, el cine colombiano solo obtuvo el 6,7% de la taquilla y el 7,8% de la asistencia, cifras que escasamente llegan a la mitad de sus posibilidades. Desafortunadamente nuestro cine sigue produciendo más y recuperando menos con cada año que pasa.

LA “MALA HORA” DE LAS PELICULAS GANADORAS DE ESTIMULOS DE PRODUCCION DEL FDC

Con catorce (14) estrenos y un (1) reestreno de películas que han recibido estímulos de producción del FDC, el mayor número de producciones en sus once años de implementación, la Ley de Cine 814 demuestra claramente que está cumpliendo a cabalidad en incrementar la producción anual de cine colombiano, aunque el cine independiente siempre lo supera a la hora de la verdad. Sin embargo, los ganadores de los codiciados premios de producción del FDC hacen un cine que no despierta mucho interés en el nuevo público de cine del país. Si descontamos el único reestreno significativo del año, El Abrazo de la Serpiente, que le debe su buena taquilla de 340,902 espectadores en el año casi totalmente al desbordado interés mediático de la nominación al premio Oscar del 2016, queda la desoladora cifra de 169,151 espectadores para repartir entre los restantes 14 títulos; un triste promedio de 12,082 espectadores por cada uno. ¿No será ya hora de cambiar radicalmente las reglas del juego en la escogencia de los ganadores anuales del FDC?

Julio Luzardo
j_luzardo@hotmail.com

Datos estadísticos de CadBox Colombia

Partiendo de la base que la taquilla o el público en el cine es como la sangre en el cuerpo humano; si se acaba la sangre, el cuerpo muere. Así mismo, si no hay taquilla o muy poca, el cine se estanca y también se muere paulatinamente. En este momento, después del monumental alboroto que se le ha hecho en la prensa, la televisión y las redes sociales a la merecida nominación de El Abrazo de la Serpiente de Ciro Guerra, se han pasado por alto unos hechos supremamente dicientes para la industria de cine en Colombia. Sin nada de prensa, sin grandes titulares, sin fotos o “selfies” al lado de la Directora de Proimágenes o de la Ministra de Cultura, pasaron casi desapercibidas por todos; dos películas -dos comedias colombianas- y el reestreno de la nominada al Oscar, que lograron entre las tres el 25% del público de cine en Colombia en el primer mes del año y después de catorce semanas exitosas en cartelera, El Abrazo de la Serpiente también logró sobrepasar con creces la cifra mágica de un millón de dólares de recaudo en 93 salas de cine en Estados Unidos, un hecho sin precedentes para una película colombiana en el mercado cinematográfico más complicado y difícil del mundo

Para una balbuceante “industria de cine” como la colombiana, que se debate entre un creciente número de títulos anuales y un igualmente mermado público asistente a la mayoría de ellas, esta es una noticia extraordinaria, que deja al descubierto el viejo debate de siempre: “Arte vs. Comercio”, perfectamente reflejado en estas tres cintas, que a la vez demuestran la parte económica del asunto y también el artístico. Desafortunadamente, también hace resaltar aún más el descuido total de este tema tan crítico de la Distribución y Exhibición del cine colombiano por parte de los productores y -lo que es mucho más grave- del Consejo de Cinematografía CNACC y su flamante “Ley de Cine 814 del 2003” donde este asunto primordial para la buena salud del medio nunca ha sido una prioridad.

¡QUE VIVA LA FIESTA!

Aunque los premios y menciones en los festivales de cine son la mejor vitrina para demostrar la supuesta buena labor de Proimágenes y el Ministerio de Cultura, en la realidad no son tan importantes o tan significativos como les parece a los entes gubernamentales. Ya son tantos los festivales de cine que existen en el mundo, que su importancia es cada vez menor. Y por esa razón sus premios, nominaciones, inscripciones, galardones, laureles, etc., etc., pierden relevancia con cada día que pasa. Además de ser tremendamente efímeros y variables, así como en un año se vuelven el “mejor momento en la historia del cine colombiano”, en el siguiente pasan de agache y nadie se acuerda de nada. En la práctica los premios en los festivales se reducen a los gustos personales de unos pocos jurados multinacionales (unos calificados y otros definitivamente no) seleccionados al azar o por conveniencia, que tienen que ver tandas de películas una tras otra en jornadas interminables de sol a sol mientras los asistentes al festival no hacen sino comer, beber, rumbear, pantallear y tomarse selfies. Y, desde luego, que a algunos pocos fanáticos del séptimo arte hasta les sobra tiempo para ver una que otra película. Sin embargo, en la realidad el proceso no es el más “profesional” que uno se imagina o que pueda esperar y siempre existen manipulaciones y presiones externas que hacen que películas de ciertos países o regiones tengan mejores posibilidades que otras. Y, desde luego, no pueden faltar los “premios de consolación” o “los premios del público” (que a veces parecen ser la misma cosa), fundamentales para satisfacer a ciertas producciones, personas, personajes o países, que las reciben por simplemente estar presentes en el festival o por alquilar un costoso “stand” dentro del certamen. Al fin y al cabo, los festivales son un gran negocio multimillonario que necesita crecer y generar más ingresos cada año y el intrincado “juego político” es parte fundamental de su esquema exitoso. Es ingenuo pensar que de ese “caldo trasnochado” de intereses personales, intrigas y el consabido “yo te invito, si tú me invitas” y el “yo voto por tu película, si tu votas por la mía”, pueda salir un calificativo veraz de la calidad de las cintas ganadoras …y por qué no, también de las perdedoras.

Colateralmente, es triste saber que Colombia es más reconocida en estos grandes festivales internacionales por sus costosas y ostentosas fiestas que por sus películas. En resumidas cuentas, los festivales son otro “gran negocio” para generar noticias de prensa a granel y justificar la millonada despilfarrada. Pero qué carajo, ¡Que viva la fiesta!

A pesar de todos los “peros”, un concurso que brilla claramente por encima de todos siempre han sido los premios de la Academia de Artes y Ciencias de la industria cinematográfica norteamericana. Como todo en la vida, los premios Oscar de la Academia no son perfectos, pero en términos generales no dependen de grupitos pequeños “sui generis” de jurados, sino del respaldo de toda una industria, que es la que desde hace muchísimos años maneja literalmente el cine en todo el mundo. Y lo mejor de todo, es que son unos premios que el público general reconoce y admira, aunque no los comprenda muy bien.

Por eso el gran revuelo sobre la nominación a Mejor Película Extranjera de El Abrazo de la Serpiente porque en “los Oscar” una nominación es casi tan significativa como el hecho mismo de ganarse la estatuilla dorada. Sin exageración, esa sola nominación vale más que todos los premios de todos los festivales reunidos juntos. Llegar allá no es fácil y volver a repetir, casi un milagro. Por eso resaltamos el éxito de taquilla en Colombia y especialmente en Estados Unidos, que en el arqueo final va a rendir frutos mucho más significativos que los de la nominación.

 

EN ENERO EL CINE COLOMBIANO DOMINO LA CARTELERA DE CINE EN COLOMBIA

También pasaron totalmente desapercibidos por la gran mayoría las tres cintas que permitieron que el cine colombiano empezara bien el año cinematográfico, al prácticamente dominar la cartelera local con el 24,65% de la taquilla y el 27,85% de los espectadores. Desde el primer día del año, la nueva película de Dago García, Uno Al Año No Hace Daño 2″, entró a la cartelera nacional en segundo puesto del ranking con 69,674 espectadores en 261 pantallas, levemente detrás de la cinta animada de Pixar, Un Gran Dinosaurio, con 81,112 espectadores en 298 salas. Sin embargo debemos resaltar que la película de Pixar estaba de estreno absoluto y la de Dago García ya llevaba 550,785 boletas vendidas en su primer semana, después de su acostumbrado estreno anual el 25 de Diciembre del año anterior.

Como para no dejar dudas, el 7 de Enero se estrenó otra comedia colombiana que inmediatamente irrumpió con una estupenda taquilla, Usted No Sabe Quien Soy Yo, del mismo realizador de Se Nos Armó la Gorda, Fernando Ayllón, que sorprendió a todos. Al terminar su exitosa carrera de 7 semanas en cartelera, la película recaudó más de $4,832 millones de pesos y 637,903 espectadores, un verdadero récord para una película con muy poca propaganda pagada, sin apoyo de canal de televisión o estímulo de producción del FDC, pero con un excelente título y un boca-a-boca excepcional.

 

UN REESTRENO APRESURADO Y UNA TAQUILLA INESPERADA

Para aprovechar los premios cosechados hasta la fecha, como los 8 Premios Macondo de la Academia de Artes y Ciencias Colombiana y la exagerada atención prestada a la nominación al Oscar de El Abrazo de la Serpiente, sus productores y la distribuidora Cinecolor Films decidieron reestrenar la película prematuramente el día 25 de Diciembre del 2015 con resultados más bien modestos, aumentando el recaudo total por el año a 111,481 espectadores, que no fue nada espectacular.

Sin embargo, después del 14 de Enero, cuando se anunciaron los nombres de las 5 películas finalistas para Mejor Película Extranjera, incluyendo desde luego a El Abrazo de la Serpiente, el interés en la película colombiana se disparó inmediatamente, logrando para inicios de la cuarta semana del año, el jueves 21 de Enero, entrar a un total de 115 salas en todo el país. El 30 de Marzo al terminar toda su carrera de exhibición en el país, la película había durado casi un año (45 semanas) en constante exhibición, recaudando un total de $3’848.624.500 pesos en taquilla (US$1’282.875 dólares) y 451,894 espectadores, seguramente un récord de duración para una película de cualquier nacionalidad en los cines de Colombia para este nuevo milenio. Sin embargo, la comedia de Fernando Ayllón, Usted No Sabe Quien Soy Yo, logró en escasas 7 semanas superar fácilmente esas cifras, donde no quedó la menor duda del tipo de cine que más le gusta a nuestro público colombiano.

EVALUACION FINAL

Sin intentar hacer una evaluación del tema Arte vs. Comercio, que es un tema tan espinoso y controvertido como lo son la política y la religión, podemos ver que la solución para nuestro cine se encuentra en un punto intermedio entre lo logrado por El Abrazo de la Serpiente, por un lado, con toda la promoción imaginable y la apertura de mercados internacionales, y lo alcanzado por Usted No Sabe Quien Soy Yo, del otro lado; sin promoción, sin inversionistas, sin canal de televisión y sin apoyo inicial del FDC. Ambas se encuentran en polos opuestos, pero ambas contribuyen a crear metas alcanzables para los nuevos cineastas que vienen detrás y no saben muy bien qué les depara el destino en el corto, mediano y largo plazo.

UN DATO PREOCUPANTE PARA TENER EN CUENTA

A pesar de las buenas noticias, lo más preocupante de todo, muy por encima de la pelea de Arte vs. Comercio, es el eterno problema de la rentabilidad del cine colombiano. Si reunimos todas las entradas de taquilla en Colombia y el exterior de El Abrazo de la Serpiente en Estados Unidos, Argentina, Austria, Grecia, México, Portugal, España, Uruguay, y otros -incluyendo Francia y Alemania- de los que ha sido imposible conseguir algún dato en Internet, la cifra total recuperada es de US$2’892.192 dólares, que seguramente sobrepasará muy pronto los $3 millones fácilmente. Esta es una cifra muy grande y muy significativa, pero tristemente no le llega completa a los bolsillos de sus productores. Desafortunadamente, un dato que no muchos saben es que el productor de una película es el que menos recibe a la hora de repartir la torta de ganancias, donde se alimentan exhibidores (60%), distribuidores(5 al 10%), el VPF (?), la publicidad (?) y en Colombia, hasta el FDC (5% del neto), así que al que ha hecho todo el trabajo -el productor, en representación de la película- no le queda sino más o menos un 25% del total, en el mejor de los casos. Para El Abrazo de la Serpiente esto le puede representar más o menos unos $720,000 dólares para abonarle a una inversión de más de millón y medio de dólares, según el dato global reportado por sus productores, así que la gran pregunta para cerrar es: ¿qué se puede esperar del resto del cine colombiano que no le llega ni a los tobillos a esta producción…???

Datos estadísticos de CadBox Colombia

 

A pesar de frases desinformadas como “el cine colombiano pasa por el mejor momento de su historia” (*) y todas las gacetillas, desprovistas de cualquier análisis objetivo, que siempre acompañan cualquier comunicado del Ministerio de Cultura, Proimágenes y el CNACC, el cine colombiano está ante una grave crisis de fondo, que nadie quiere reconocer. Pero -como se dice popularmente- “no hay nadie más ciego que el que no quiere ver”. Tristemente, la realidad es que nuestro cine ha perdido mucho en los años que lleva desde que se inició el nuevo período de la implementación de la Ley de Cine 814 en el año 2003.

EL INCREIBLE “BOOM” DEL ARRANQUE DE LA LEY DE CINE

Haciendo un poco de historia, el comienzo de la Ley de Cine en el 2006 con el estreno de Soñar No Cuesta Nada -título tremendamente profético- fue absolutamente espectacular con el rotundo éxito de seis películas financiadas en parte con los primeros estímulos del FDC (Fondo de Cinematografía), que llenaron los teatros con casi cuatro millones de espectadores en una época de pocas salas de exhibición y muchísimo menos público que el de hoy en día(**).

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1’198.172 espectadores
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931,245 espectadores
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492,947 espectadores
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465,502 espectadores
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423,363 espectadores
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306,795 espectadores

Cuatro de las películas fueron ganadoras de la Convocatoria de Producción del 2005 y dos de la Convocatoria del 2006. Una de ellas, Paraíso Travel, fue la película más taquillera de cine en Colombia en el 2008, por encima de todas las películas exhibidas ese año en el país. Las seis producciones todas fueron de “género”, con excelente producción, actores profesionales, temas muy variados que no incluían la comedia popular, que además gustaron al público espectador, que las apoyó totalmente. Ante la sorprendente respuesta del público y la aceptación incondicional por parte de los exhibidores nacionales, se pensó que gracias a la Ley 814, el cine en Colombia había arrancado en serio.

LA ILUSION SE ESFUMO RAPIDAMENTE

Después de la Convocatoria de Producción del 2007, se empezó a romper rapidamente ese globo de esperanza, los ganadores empezaron a demorarse más de la cuenta en las entregas contractuales de sus producciones, las buenas producciones de “género” desaparecieron paulatinamente y el público empezó a darle la espalda al cine colombiano ante la ausencia de películas interesantes. Y a pesar de haber logrado subir un poco el número de producciones anuales entre el 2007 y el 2009, las ganadoras de los estímulos gubernamentales literalmente “tocaron fondo” en el 2010 cuando se estrenó solamente una película ganadora de la Convocatoria de Producción del FDC, cuando lo lógico habría sido entre 7 a 9 producciones. Y, encima de todo, más o menos desde la Convocatoria de Producción del 2011, los jurados escogidos por Proimágenes y el Ministerio de Cultura empezaron a premiar exclusivamente proyectos del mal llamado “cine de autor”, que no ha logrado encontrar su público dentro de la nueva dinámica del cine actual mundial, dominado totalmente por las grandes super-producciones de Hollywood, que son las preferidas de las audiencias del mundo entero. Su tratamiento general, más de estilo francamente documental, con actores “naturales”, dirigidas en su mayoría por realizadores haciendo sus primeras películas, no dieron la talla del cine de ficción realizado a inicios de la implementación de la Ley.

LAS POBRES CIFRAS DEL PRESENTE AÑO

En gran contraste con las primeras seis películas ganadoras de las Convocatorias de Producción del FDC, las últimas siete cintas (todas exhibidas este año), no lograron recopilar sino 224,953 espectadores en total, el escaso 5,89% de las primeras seis, a pesar de contar con las tres películas seleccionadas en el Festival de Cine de Cannes este año. Y lo peor de todo, es que los dos años anteriores arrojaron cifras igualmente mediocres: 249,088 espectadores en el 2013 y 358,209 en el 2014.

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105,076 espectadores
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53,639 espectadores
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26,493 espectadores
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22,296 espectadores
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8,113 espectadores
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4,848 espectadores

Nuestra intención no es entrar a comparar o calificar las cualidades artísticas de unas películas con otras, ya que las primeras fueron hechas para el público general y las últimas para los jurados de los festivales de cine europeos. Y el público, que a final de cuentas es el que paga por ver lo que le gusta, ha tomado su sabia decisión en cuanto a comprar la boleta de lo que le interesa verdaderamente.

EL COMODO CHIVO EXPIATORIO

Para justificar las bajas entradas al “cine de autor” en Colombia, se ha decidido acusar a los exhibidores de cine por no “sostener a pérdida” en cartelera las películas que francamente no producen sino bostezos dentro del público general. En primer lugar, las salas de cine son un negocio 100% privado, que se maneja como cualquier negocio, no le pertenecen al gobierno ni a Mincultura y no están obligadas a exhibir producto que no responde a las reglas normales del negocio. De hecho, ni siquiera reciben “estímulos” del FDC, como los productores de cine, a los que les regalan la plata para hacer el cine que se les antoje, pero sí tienen que responder por la cuota impositiva de la Ley de Cine 814 (8,5% de sus entradas netas), que es la que alimenta los dineros que se riegan por toda la cadena de producción cinematográfica a través de las Convocatorias por Concurso y Automáticas del FDC.

Sin embargo o a pesar de estos ataques injustificados, casi todas las películas colombianas se exhiben teatralmente o tienen mayores posibilidades de exhibición que en casi cualquier otra parte del mundo, aunque muchas veces gran parte de su éxito puede depender del “músculo” que tenga dentro de la industria el distribuidor con el que se decidan asociar a la hora de salir a salas. Obviamente, películas malas, de muy baja calidad técnica, amateur o de temas poco aceptables, van a tener enormes dificultades en encontrar algún distribuidor que se interese por distribuirlas, y “ese” es un punto definitivo. Además, la última alternativa, la de distribuir personalmente (que algunos hacen en franca desesperación), es la muerte comercial más que asegurada y muchos son los que han salido “chamuscados”.

EL MITO DE LAS SEMANAS EN CARTELERA

Por alguna extraña razón los nuevos productores, que no tienen mucha experiencia en el asunto, se quejan no solamente de la competencia de las producciones de Hollywood (que irónicamente son las que alimentan los fondos del FDC), sino de la poca duración de sus “obras maestras” en los teatros, como si dos o tres semanas adicionales pudieran cambiar el destino de una pelicula de baja taquilla. En general, película que entra mal, sigue mal y termina mal… o peor.

LA INFLUENCIA DE LA LEY DE CINE ES CADA VEZ MENOS IMPORTANTE PARA LA INDUSTRIA

Debido a la falta de análisis y renovación dentro de la estructura del manejo de la Ley de Cine por parte de Proimágenes, Mincultura y el CNACC, la terca insistencia en la supuesta independencia y transparencia de los jurados extranjeros que escogen los proyectos ganadores a su gusto sin saber absolutamente nada del cine colombiano, la influencia inicial de la Ley de Cine y sus aparentes beneficios se han ido diluyendo en estos años con mayor velocidad que el aumento de sus ingresos gracias a las grandes taquillas del cine de Hollywood. Las Convocatorias -así como las becas de Mincultura- se están volviendo una simple “bolsa de empleo” fácil para el creciente número de desempleados que producen las facultades de cine anualmente y -como si fuera poco- los “premios gordos” siempre se los llevan “los mismos de siempre”, que solamente piensan en festivales y alfombras rojas y poco les importa la reacción del público colombiano.

Aunque el CNACC, Proimágenes y Mincultura insisten en tratar de convencer a todo el mundo que el aumento de películas anuales se debe totalmente a los beneficios de la Ley, la realidad es que este año, así como casi todos los anteriores, la mayoría de la producción no está apoyada en los estímulos monetarios del FDC, sino en el esfuerzo personal de cada uno de los productores independientes que siguen creyendo en las posibilidades de un cine que no tiene que estar atado a los gustos personales y a las dudosas decisiones de unos pocos jurados. De las 32 películas colombianas exhibidas hasta el 30 de Noviembre, solamente 7 empezaron sus rodajes con plata inicial del FDC, un escaso 21,88%. Y ni para qué hablar de los resultados de taquilla. De los 2’989.111 espectadores a cine colombiano en los 11 meses del año, solamente el 7,69% pertenece a las 7 producciones ganadoras de los estímulos del FDC.

LOS DAÑOS COLATERALES

No es ningún misterio la baja taquilla de muchas películas colombianas ultimamente, pero es triste ver películas excelentes como El Elefante Desaparecido, Antes del Fuego, Corazón de Leon, Siempreviva y Suave el Aliento relegadas a una mala taquilla debido al “daño colateral” de otras producciones.

TAQUILLA CINE INDEPENDIENTE (más de 100,000 espectadores)

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1’132.960 espectadores
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452,519 espectadores
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301,990 espectadores
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177,150 espectadores
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124,508 espectadores
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105,340 espectadores

En un año donde 7 películas sobrepasaron el millón de espectadores, 4 sobrepasaron los 2 millones, 1 los tres millones y 1 los 4 millones, las estadísticas del cine colombiano son francamente vergonzosas en comparación. A 30 de Noviembre las 32 películas colombianas representaban el 10,49% de los 305 estrenos del año, pero solamente el 4,68% de la taquilla y el 5,46% de la asistencia, cifras muy por debajo de sus grandes posibilidades.

LA SORPRESA DEL AÑO

Colombia Magia Salvaje 720x316

Ya no es sorpresa que una de las películas más taquilleras del presente año fue el documental Colombia Magia Salvaje, que obtuvo una entrada de 2’354.588 espectadores hasta el 30 de Noviembre, colocándola en el puesto número cuatro de las películas más taquilleras de año. La verdadera sorpresa es que el documental no es colombiano ya que la mayoría de su equipo técnico es extranjero y fue un trabajo “de encargo” pagado por Almacenes Éxito y Ecoplanet, donde se ignoró olímpicamente a los grandes profesionales nacionales (***), entre cineastas y biólogos, que han dedicado su vida a recopilar la biodiversidad de nuestro país y son los que verdaderamente se deberían haber contratado para este trabajo; no por simple chauvinismo, sino por calidad y experiencia, ya que todo lo que se ve en el documental ya lo habían filmando y documentando desde hace años nuestros especialistas en la materia. En fin, eso es típico de un país sin memoria donde jamás se valora lo propio.

Aparte del mal sabor que deja la injusticia de la contratación de extranjeros menos capacitados para un trabajo como éste, la gran respuesta del público colombiano nos señala sin ninguna equivocación el tipo de cine que quiere ver. De hecho, el documental superó en más de 700,000 espectadores a Una Vez al Año No Hace Daño, de Dago García, que ha sido la película más taquillera en la historia del cine colombiano.

CONCLUSION

Hemos resaltado con cifras exactas el gran abismo que existe entre los inicios de una Ley que “pintaba bien”, pero que desafortunadamente no se ha sostenido en el tiempo debido a la falta de un análisis serio y continuado por parte de los entes gestores, que no cuenta con la autocrítica básica ante situaciones adversas como la falta de público y el oneroso VPF, que no ha tomado en cuenta la necesidad imperante de apoyar a la distribución/exhibición como parte fundamental del proceso cinematográfico, que no ha visto o no ha querido ver las fallas de una industria en crisis que ningún premio efímero va a resucitar milagrosamente. Hay que empezar a ver las cosas como son en la realidad y no solamente endiosar y resaltar las cifras del dinero que entra en números cada vez mayores, ciegamente ignorando al público colombiano que está ansioso de volver a ver ese tipo de cine que impulsó el inicio de la Ley y que se ha diluido en estos años y se encuentra francamente a la deriva…

Julio Luzardo
j_luzardo@hotmail.com

Datos estadísticos de CadBox Colombia

 

 

(*) Oswaldo Osorio – “Las Burbujas del Cine Colombiano” – Revista Kinetoscopio de Medellín, No. 111, de noviembre de 2015.
(**) 20 millones de espectadores en el 2006 y 18 millones en el 2007 y 2008, en comparación con los 60 millones de este año.
(***) Son muchos los profesionales, como Fernando Riaño, Eduardo Restrepo, Jacques Marchal (QEPD), Héctor Acebes -que conocemos personalmente- junto con un grupo grande de biólogos, expertos reconocidos en el país y en el exterior, que jamás han tenido acceso a los fondos económicos necesarios para hacer su trabajo con la dignidad necesaria. Y si se trata de la técnica, el “pionero mundial” de las filmaciones aéreas con Drones fue el colombiano Carlos Hoyos (QEPD), que introdujo con gran éxito esta forma de filmación en Hollywood hace muchísimos años y Foto Rudolf, fotografía panorámica y publicitaria, de aeronaves en vuelo, cenital y cartográfica, pioneros absolutos de esta técnica en el país. Así que en Colombia no somos ningunos neófitos en este tipo de trabajos.

UN AÑO EXCEPCIONAL PARA EL CINE EN COLOMBIA

El cine, ante todo es un negocio, y como tal el año 2015 fue excepcional en casi todas las áreas: el incremento de taquilla general durante casi todo el año se mantuvo alrededor del 30% por encima del año anterior, cerrando el 31 de Diciembre con un poco más del 28%. Gracias a los más de 12 millones de espectadores que representa esta cifra, Colombia está a un paso de llegar a los 60 millones de espectadores de cine anuales, reafirmando su posición como el segundo mercado cinematográfico más grande de habla hispana en las Américas, después de México. El “boom” de los centros comerciales en todo el país ayudaron a incrementar el número de pantallas de cine hasta sobrepasar la cifra de 900 salas, que la pone por encima de Argentina, nuestro competidor más cercano en la región. El cine colombiano logró sobrepasar las cifras de taquilla y asistencia del año 2012, que hasta ahora era el mejor año en la historia de nuestro cine. Un documental sobre Colombia, que no clasifica como película colombiana, logró sobrepasar los 2 millones de espectadores y colocarse en el puesto número cuatro del ranking anual, junto a la cinta Uno Al Año No Hace Daño de Dago García, que quedó en el puesto número trece. Y, como para cerrar con broche de oro, por primera vez en la historia, una película nacional, El Abrazo de la Serpiente , logró quedar dentro de las 5 películas finalistas para el Oscar por Mejor Película Extranjera, y es muy factible que tenga una buena posibilidad de pelearse la codiciada estatuilla de Hollywood, que es y siempre será el premio más importante y significativo del mundo cinematográfico.

LA TAQUILLA GENERAL COLOMBIANA AUMENTO EN UN 28,18% POR ENCIMA DEL AÑO ANTERIOR

Con una entrada en taquilla de $492,192 millones de pesos y 58’803.809 espectadores, Colombia se acerca a los 60 millones de boletas anuales, cifra espectacular en todo sentido si tenemos en cuenta que hace escasamente una década que las cifras eran alrededor de los 16 a 20 millones de espectadores por año. Las razones son varias: la proliferación de películas en 3D, los nuevos multiplexes digitales, pero lo más importante es que las películas de Hollywood -que son las que venden más boletas- han sabido dar en el gusto del nuevo público espectador.

LAS 14 PELICULAS MAS TAQUILLERAS DEL AÑO

Con los catorce títulos de películas que lograron sobrepasar la cifra mágica del millón de espectadores, Colombia duplicó exactamente el mismo número de cintas del año anterior. Sin embargo, la suma de taquilla fue mayor en casi $70,000 millones de pesos y 8 millones adicionales de espectadores. Además, estas 14 películas lograron acaparar el sorprendente 47,92% de la taquilla total del año y el 46,63% del público con solamente una pequeña participación del 5,6% dentro del total de las 269 películas estrenadas en el año.

Según los datos de Cadbox, en el 2015 no se exhibió una sola película en el territorio colombiano en copia de 35mm, así que la penetración digital en la exhibición cinematográfica en Colombia es total. De las 14 más taquilleras, 10 fueron en 3D y 4 en digital normal, número igual al 2014. En general, el 3D sigue siendo una porción muy importante dentro del buen comportamiento de la exhibición cinematográfica al aportar el 39,41% de la taquilla total en pesos.

SIGUE CRECIENDO EL NUMERO DE NUEVAS SALAS DE CINE EN EL PAIS

Continuando el crecimiento del sector de exhibición cinematográfica en el país, el 2015 no fue la excepción al inaugurar 68 salas o pantallas en 18 diferentes puntos de Colombia; en sitios tan diversos como Medellín, Girardot, Bucaramanga, Cali, Bogotá, Chía, Pasto, Caucasia, Yumbo, Funza, Apartadó, Riohacha, Pereira y Barranquilla. Entre todas lograron una taquilla bruta de $13,764 millones de pesos y una asistencia de 1’894.533 espectadores en el año; logrando el 2,80% del recaudo total y el 3,22% del público.

(Nuevas salas estrenadas en Colombia durante el año 2015)

La empresa costeña Royal Films, con 6 multisalas en Medellín, Girardot, Pasto, Caucasia, Yumbo y Riohacha, fue la de mayor crecimiento en el año, así como también lo fue en el 2014. La también empresa de la costa caribe, Cineland, abrió dos complejos en Funza y Apartadó. Mientras tres de los grandes, Cine Colombia, Cinemark y Cinépolis, abrieron un complejo cada uno, y Procinal le añadió tres pantallas a Portal de la Sabana en Bogotá. Las restantes cinco salas pertenecen a entidades independientes de los circuitos grandes como Maloka, Cámara de Comercio de Pereira, Cinemateca del Caribe, Museo de Arte Moderno de Medellín y Centro Ático de Bogotá, que hasta ahora ingresan a la base de datos de Cadbox, aunque su programación no es muy constante y depende más de producto alternativo o funciones y festivales de cine especializados.

LOS 10 MULTIPLEXES MAS POPULARES DEL PAIS

Como ya es costumbre, Cine Colombia domina en buena parte la lista de los 10 complejos cinematográficos más populares del país, con 8 multiplexes; 7 en Bogotá y uno en Barranquilla. La cadena de exhibición mexicana Cinépolis sigue en la lista con dos multiplexes; El Limonar en Cali y Calima en Bogotá. Centro Mayor, Las Américas y Gran Estación en Bogotá siguen liderando como los multiplexes más rentables del país. Las 103 pantallas que forman este grupo élite tienen un impacto global sobre los ingresos de cine en Colombia del 23,87% de la taquilla en pesos y el 20,04% del público, cifras levemente menores que las del año anterior.

LOS GRANDES EXHIBIDORES DE CINE

La exhibición cinematográfica en Colombia está controlada por cinco grandes cadenas, Cine Colombia, Cinemark, Royal Films, Procinal y Cinépolis. Entre las cinco tienen el 95,01% de la taquilla y el 94,54% de la asistencia a cine en todo el país. Aunque Royal Films es la No. 3 en el ranking anual general, es la que más salas nuevas está abriendo en el país y la que ostenta el puesto No. 2 en el aumento de taquilla sobre el año anterior.

HOLLYWOOD DOMINA TRANQUILAMENTE LA DISTRIBUCION DE PELICULAS EN COLOMBIA

El estudio Universal, con películas tan emblemáticas como Rápidos y Furiosos 7, Minions, Mundo Jurásico y 50 Sombras de Grey, fácilmente dominó la cartelera colombiana durante el año, junto a los otros 5 grandes (o”Majors”) de Hollywood, Disney, Fox, Warner, Columbia/Sony y Paramount, llevándose entre todos el 77,74% de la taquilla y el 75,17% del público.

De los independientes, Cine Colombia arrazó con toda la competencia nacional al lograr el 16,02% de la taquilla y el 17,88% del público, gracias en gran parte a la distribución de Colombia Magia Salvaje, Los Juegos del Hambre: Sinsajo Final, las dos películas de Dago García, Uno Al Año No Hace Daño 1 y 2, y El Ultimo Cazador de Brujas. Una nueva distribuidora, Diamond Films, y una más o menos reciente, Cinecolor Films, dominaron al resto de los independientes con el 3,57% de la taquilla y el 3,90% del público, con producto como las colombianas, Güelcom to Colombia y El Abrazo de la Serpiente, respectivamente. y, coincidencialmente, UIP (la empresa distribuidora de Universal, Columbia y Paramount), logró casi $5,000 millones de pesos en taquilla con las dos películas de Fernando Ayllón, Se Nos Armó La Gorda y su secuela, Se Nos Armó La Gorda Recargada y una películita de la Abeja Maya.

EL CINE “ALTERNATIVO”

A los restantes distribuidores independientes, como Cineplex, Babilla y Procinal, entre otros, no les quedó otra posibilidad sino la de repartirse los sobrantes de más de 155 títulos de cine alternativo europeo, francés, español, latinoamericano, independiente norteamericano, mexicano, colombiano, etc., que cada día tienen menos posibilidades de taquilla o público, aunque dentro del grupo se encuentran cintas importantes como la chilena El Club de Pablo Larraín, la española La Isla Mínima, Polvo de Estrellas de David cronenberg, la uruguaya Mr. Kaplan, entre muchas otras.

Los festivales de cine y muestras especiales tuvieron otro año difícil a pesar de los más de 20,000 asistentes de Indiebo Festival de Cine Independiente de Bogotá y la poca resonancia del nuevo Bogotá International Film Festival BIFF.

EL IMPREDESCIBLE CINE COLOMBIANO

El cine colombiano se debatió entre las buenas y las malas noticias en un año lleno de incongruencias, donde muchos críticos lo aclamaron como “el mejor año del cine colombiano” por la buena representación de tres películas en el Festival de Cine de Cannes y la nominación al Oscar por Mejor Película Extranjera de El Abrazo de la Serpiente, posiblemente ignorando detalles que van más allá de lo netamente honorífico y subjetivo, que conducen a mayores inquietudes por el futuro de nuestro cine.

Para resaltar es la cifra de 3’550.247 entradas a cine colombiano en el 2015, la cifra más alta en toda su historia y las 37 producciones exhibidas durante el año, otro hito como para enmarcar. Sin embargo, a pesar de tener el 13,75% de los 269 estrenos del año, el cine colombiano solo obtuvo el 5,21% de la taquilla y el 6,04% de la asistencia, cifras absolutamente mediocres ante las circunstancias. Además, una de las películas más taquilleras del año, Colombia Magia Salvaje, con 2’371.112 boletas vendidas, que hubiera podido ser la película colombiana más taquillera de la historia, no clasificó legalmente como producción nacional por no haber utilizado técnicos colombianos en su realización.

Como ya es costumbre desde hace muchos años, la taquilla colombiana la lideraron las dos películas de Dago García, Uno Al Año No Hace Daño 1 y 2, ahora acompañadas por las dos películas de Fernando Ayllón, Se Nos Armó la Gorda y Se Nos Armó la Gorda Al Doble. Estas cuatro producciones independientes fueron responsables del 63,84% de la taquilla del cine colombiano y el 65,15% de la asistencia. Si añadimos a esta cifra las otras cinco comedias del año, Güelcom Tu Colombia, El Cartel de la Papa, Corazón de León, Pa’ Por Mis Hijos Lo Que Sea y Reguechicken, la participación llega al 81,99% de la taquilla y el 83,55% de la asistencia.

(Las 10 películas que recibieron estímulos económicos de la Ley de Cine a través del FDC antes de su realización están resaltadas en azul)

¿COMO QUEDAN LAS RESTANTES 29 PELICULAS COLOMBIANAS?

Esta es la gran pregunta que nos lleva a cuestionar seriamente el futuro económico del cine en Colombia. Aparte de las 9 películas del género cómico, que de alguna forma cumplieron con su objetivo, aunque algunas fallaron a la hora de satisfacer al público, por falta de la adecuada promoción o no fueron exactamente lo que el público esperaba de ellas. De todas maneras cumplieron al convocar casi tres millones de espectadores a pagar la boleta de entrada, que fue lo que le hizo falta a las otras 29 producciones, de donde tenemos que descontar la taquilla inicial (y el reestreno) de El Abrazo de la Serpiente, que ha sido la gran excepción por su estupenda promoción gratis debido a la nominación del Oscar. Los 28 restantes naufragaron en cifras por debajo de los 100,000 espectadores y, para colmo de males, 18 de ellas no lograron reunir sino 58,466 espectadores entre todas.

Datos estadísticos de CadBox Colombia

Aparte de lo que significó para el cine colombiano -que pasó por un mal momento- y a pesar de los pronósticos negativos iniciales, el año pasado fue muy bueno en general para el cine en colombia, la taquilla creció, 14 películas sobrepasaron la cifra del millón de espectadores y nuevas salas proliferaron en todo el territorio nacional, comprobando de nuevo que el cine es sorprendentemente impredecible. Continue reading

 

Haciendo caso omiso de las equivocadas predicciones iniciales de un mal año, el 2014 fue absolutamente espectacular para el cine en Colombia. La taquilla general creció en más del 9,20% en comparación con el año anterior, la asistencia a cine superó los 46.5 millones de espectadores, catorce películas lograron sobrepasar la cifra mágica del millón de espectadores,  se estrenaron 86 salas nuevas en 17 complejos en diferentes ciudades de Colombia y la mayor sorpresa del año fue que Colombia -por primera vez en la historia- logró superar a Argentina en número de espectadores, coronándose como la tercer potencia cinematográfica más importante de Latinoamérica.

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El cine alternativo o independiente, el que para muchos es el único que merece ser visto, puede desaparecer de las pantallas del país, junto con el cine colombiano no comercial, debido a la nueva práctica del VPF o  Cobro por Copia Digital, inventado hace unos años por los grandes estudios de Hollywood para financiarle los nuevos equipos digitales a los exhibidores estadounidenses. Por falta de una mejor palabra, cine “alternativo” o “independiente” es todo aquel que no viene de los grandes estudios de Hollywood o de los independientes norteamericanos o británicos que tratan de emularlos. Dentro de esta definición entra el llamado cine de autor, el cine europeo, asiático, ganadores de premios en festivales de cine, películitas que se salen del molde comercial y -desde luego- el cine colombiano que no tiene la marca de Dago García o alguno de sus imitadores.

EL RIESGO DE ESTRENAR UNA PELICULA ALTERNATIVA EN COLOMBIA

El riesgo es -obviamente- la falta de público y el sostenimiento en cartelera más allá de su semana obligada de estreno. No es un problema nuevo. Siempre ha existido. En ciudades cosmopolitas grandes, como Nueva York, Londres, Roma, etc., esta deficiencia se ha podido suplir con pequeñas salas donde una película con buena aceptación de público puede durar semanas y hasta meses, generando entradas no muy grandes, pero constantes. Sin embargo, con la proliferación de gigantescos multiplexes en todo el mundo y su consumo masivo y de cierta forma desechable, estas salitas especializadas tienden a desaparecer, poco a poco. Es un panorama apocalíptico, pero bastante realista.

El cine alternativo no tiene muchas posibilidades hoy en día en las salas normales de cine (donde predominan las palomitas de maíz, el perro caliente, la gaseosa y el entretenimiento barato) y su futuro puede estar más en las nuevas ventanas como el VOD (video por demanda o pago en Internet o servicios de cable), ventas de DVD o Blu-ray (no tan buen negocio como antes, pero sigue existiendo) o, en el mejor de los casos, en pequeñas salas subvencionadas por el Estado (el inalcanzable sueño de muchos).

Seguir pensando que una película alternativa, así sea excelente, buena o mala, así haya ganado una manotada de premios en festivales de todo el mundo, así tenga una aceptación insuperable de los críticos o espectadores especializados, no tiene muchas posibilidades de visibilidad aquí o en cualquier parte del mundo y mucho menos de rentabilidad. Para comprobar esta tesis, utilizaremos el ejemplo de la película de Rubén Mendoza, Tierra en la Lengua, que acaba de completar sus dos primeras  semanas de exhibición comercial en Colombia.

EL TRISTE CASO DE “TIERRA EN LA LENGUA”

A pesar de algunos datos erróneos publicados en la Revista Arcadia del 24 de Julio del presente año, Tierra en la Lengua se estrenó en 19 salas en lugar de 10, en Bogotá, Cali, Medellín, Bucaramanga, Sogamoso, Duitama, Villavicencio, Enviago y Yopal, donde obtuvo solamente un lastimoso 31,04% de la asistencia normal de espectadores de estas salas. Aún así, 6 de las salas mantuvieron la película -a pérdida- por una segunda semana.

Desde que se inventó el sistema de exhibición de cine comercial en salas a principios del Siglo XX, la segunda semana de cartelera de una película se logra por haber cruzado el umbral de entradas promedio de la sala al final del día domingo de la primera semana de estreno (llamado el “holdover” por Hollywood) o por beneplácito del exhibidor, en común acuerdo con el productor. De ahí en adelante la carrera de continuidad de la película en cada sala depende de la taquilla generada y de volver a pasar el umbral del domingo por la noche…

Esta simple fórmula se utiliza (y se mantiene firmemente) en los contratos pertinentes o de palabra, así la película sea un desastre económico o supuestamente el exhibidor quiera abrirle campo al estreno del Planeta de los Simios o lo que sea. En el fondo es una garantía para ambas partes y siempre se cumple. Que se le quiera dar una interpretación equivocada, sólo sirve para generar controversia mal intencionada y apoyar causas perdidas.

LOS VIEJOS ENFRENTAMIENTOS ENTRE  PRODUCTORES Y EXHIBIDORES

La pugna entre productores de cine colombiano y los exhibidores ha existido casi siempre, especialmente desde la implementación de la Ley de Cine en el 2003, que supuestamente incrementó la producción de cine colombiano y, obviamente, su “visibilidad”. En los primeros años del “boom” de la Ley, con los grandes éxitos como Rosario Tijeras, Soñar No Cuesta Nada, Bluff, Satanás, Paraíso Travel, Algo Huele Mal, entre otras, se logró dejar atrás las viejas rencillas y los productores/exhibidores vivieron una breve temporada de “luna de miel”, hasta que las cifras volvieron a caer, se empezaron a exhibir las películas ganadoras de los estímulos del FDC y las grandes taquillas de los años 2005 a 2008 quedaron como simples recuerdos de mejores épocas. Sin embargo, los años entre el 2010 al presente han sido terreno abonado para algunas películas comerciales con muy buena respuesta de público como la trilogía de El Paseo, La Cara Oculta, Mi Gente Linda Mi Gente Bella, Los Colores de la Montaña, El Jefe, Mamá, Tómate la Sopa, Sin Tetas No Hay Paraíso, El Páramo, El Cartel de los Sapos, Sanandresito, y este año, Ciudad Delirio y Encerrada. Desde luego que estas producciones por lo general no tienen el honor de ser incluídas dentro de los listados de las mejores del año de los críticos y no se dan su paseito de popularidad por los festivales de cine del mundo, pero reciben el mejor premio de todos: la gran aceptación del público.

Pero aquellas producciones que le apuestan al cine alternativo, al que generalmente gusta mucho en los festivales, a los cinéfilos que las consideran “joyas” del nuevo cine mundial, no han podido colonizar sino un muy pequeño nicho dentro del gusto impredecible del público y tienen que sobrevivir con una pequeña y muy fiel minoría de seguidores. Esto no es una opinión, sino una realidad, que se refleja en la baja taquilla de no solamente películas colombianas de este estilo, sino de las grandes laureadas de los premios más importantes del planeta. Solamente las nominadas o ganadoras del Oscar de Hollywood logran medianas taquillas, pero jamás captan las cifras multimillonarias de películas netamente comerciales. Sin embargo, aquí en Colombia se ha querido justificar este estado natural del negocio y el gusto del público como una confabulación de los exhibidores contra el cine colombiano.

EL PESO DE LAS CIFRAS Y EL VERDADERO ENEMIGO

Aparte de este duelo sin sentido entre dos sectores importantes de la cinematografía nacional, en los últimos años se ha venido cocinando en fuego lento una verdadera amenaza para la supervivencia del cine alternativo colombiano y extranjero, junto con la casi segura quiebra de los pocos distribuidores de cine independiente que quedan en el país.

Como ejemplo, queremos ilustrar gráficamente el problema con las estadísticas de las dos semanas de exhibición de Tierra en la Lengua:

(Aquí se pueden ver los 19 teatros que exhibieron Tierra en la Lengua en su primer y segunda semana, donde se muestra el porcentaje comparativo de la cinta enfrentado al promedio normal semanal de la sala y el cobro del VPF, que suponemos se va a cobrar por la exhibición. Nuestras cifras son un aproximado a la realidad y pueden variar dependiendo de los contratos individuales entre el distribuidor/productor y el exhibidor/sala de cada caso. En términos generales, cada uno de los cinco exhibidores grandes del país ha adoptado una cifra diferente, pero parece que la que es más parecida entre todos es la de cobrar un 50% del VPF o más o menos unos $400 a $450 dólares por sala si la película se exhibe solamente por una semana y entre $600 a $850 si se exhibe durante dos semanas o más.)

Por desgracia, Tierra en la Lengua no logró en ninguno de los casos igualar el promedio del 100% de las salas, siendo la más cercana, Avenida de Chile en Bogotá, donde logró el 86,72% de la cifra en la primer semana y el 48,94% en la segunda. El resultado más bajo fueron los 74 espectadores del Cinépolis CityPlaza de envigado con el 11,83% del promedio normal de la sala. Pero, a pesar de no haber logrado buenas cifras, seis salas en Bogotá, Medellín, Sogamoso y Yopal mantuvieron la película en cartelera por una segunda semana adicional, que no se sabe si es una buena o mala noticia para el distribuidor/productor, ya que con el cobro del VPF al 100% en lugar del 50% y las bajas entradas,  cabe preguntarse si “¿Será más caro el collar que el perro?”.

Aunque la película logró 7,007 espectadores en total y un recaudo bruto de $50’584.450 pesos en sus dos semanas de exhibición, de los cuales se supone que bajo condiciones normales le quedaría un 40% de las boletas vendidas (aproximadamente $20’233.780 pesos) para repartir con el distribuidor (un 10% del total), con el sobreprecio del abusivo VPF, que suma $8.450 dólares ($15’632.500 pesos al 1.850 por dólar), al productor de la película (que además le ha tocado cubrir los costos de trailers, copias en DCP, fotos, mercadeo, publicidad, premier de lanzamiento, etc., etc.) , le queda un saldo en rojo A DEBER a los exhibidores de la película por la suma de $457.265!

Este hecho definitivamente acaba con cualquier intención de tratar de distribuir una película alternativa de poco público, así sea colombiana o alguna de las excelentes películas que importan a gran riesgo económico los pequeños distribuidores como Cineplex, Babilla y Procinal. Por lo menos, los otros dos pequeños distribuidores, V.O. Cines y Venus Films, ya se dieron por vencidos hace rato y decidieron no comprar más películas para distribuir en Colombia.

EL PRECIO DE LA INDIFERENCIA

Al no existir una agremiación cinematográfica que se ocupe de estos casos y el triste hecho de ser un medio desconectado y tremendamente apático, se supone que el CNACC con su Fondo de Cinematografía (FDC), a través de lo que ellos llaman “Estímulos Automáticos”, le cubrirán algunos de los costos de lanzamiento de películas colombianas o coproducciones con otros países hasta la cifra tope de $70 millones, aliviando en cierta forma la “tremenda golpiza” de los exhibidores. Pero así les paguen los costos del VPF y otros gastos de promoción y lanzamiento, la exhibición teatral se vuelve estéril y no le genera ninguna ventaja económica al productor. En lugar de pensar en cuánto van a ganar, la pregunta obligada de los productores o distribuidores pequeños ahora es: ¿Cuánto me arriesgo a perder?

¿Y QUE PASA CON EL CONSEJO DE CINEMATOGRAFIA?

Ante la aparente indiferencia o silencio del ente gubernamental y los representantes de los Productores y Distribuidores, uno se pregunta, ¿Por qué este tema tan importante nunca se ha discutido seriamente dentro del seno del Consejo de Cinematografía (CNACC)?

¿Y por qué a los pequeños distribuidores colombianos no se les puede ayudar con las películas que traen de afuera como se hace con el cine nacional? Hasta ahora -diez años después de la implementación de la Ley de Cine-  los distribuidores no tienen ninguna prebenda, así como la tienen los exhibidores que  rebajan el cobro parafiscal de la Ley en un 6,25% por simplemente pasar un corto colombiano en algunas de sus funciones.

Si las cosas se hicieran como debería ser, el CNACC podría tomar una de dos decisiones que se nos vienen a la cabeza: (1) Pedirles a las grandes cadenas de exhibición que eximan a los productores de cine colombiano y a los pequeños distribuidores de pagar este injusto y oneroso impuesto o (2) Cubrirle los sobrecostos del VPF a los productores de cine colombiano y a los distribuidores pequeños a través de los “Estímulos Automáticos” del FDC.

RESUMEN FINAL

Sea lo que sea, consideramos que el CNACC está en deuda con la industria de cine en Colombia y bajo los lineamientos de la Ley de Cine 814 no debe permitir que decisiones arbitrarias tomadas en franca imitación injustificada de la poderosa industria de Hollywood, con sus inmensas ganancias billonarias y el dominio total de más del 90% del cine mundial, acabe con un sector tan importante de la cinematografía nacional y de paso despojen a los cinéfilos y al público general colombiano de la posibilidad de seguir viendo el mejor cine del mundo…

JULIO LUZARDO

j_luzardo@hotmail.com

 

Datos estadísticos de CadBox Colombia

Desde que el director Antonio Dorado destapó la olla de la cuota de pantalla por las bajas taquillas de su última película Amores Peligrosos, se ha venido discutiendo el álgido tema de la poca duración de las películas colombianas en pantalla, la tremenda competencia de las grandes películas de los estudios de Hollywood, el injusto cobro del VPF, etc., etc., etc. Muchos se cuestionan seriamente si hay necesidad de “enseñarle” al público colombiano a ver su propio cine o si al público nuestro verdaderamente no le gusta los temas o los tratamientos escogidos por los directores colombianos, aparte de los divertimentos comerciales de Dago García, Harold Trompetero y Gustavo Nieto Roa.

La controversia da para mucha discusión bizantina, que generalmente no lleva a nada positivo ni definitivo. Los nuevos directores seguirán haciendo las mismas películas personales que sólo le gustan a sus amigos y de vez en cuando en los festivales de cine, los jurados del FDC seguirán escogiendo proyectos alejados del gusto popular y Dago García, Harold Trompetero y Gustavo Nieto Roa seguirán… con lo mismo.

Gracias a la tecnología y la facilidad y economía de hacer cine hoy en día, nuevos -y algunos más experimentados- productores y directores están haciendo un nuevo cine independiente, a espaldas de los consabidos apoyos estatales, premios, convocatorias, estímulos, etc., y cuyos resultados están por verse plasmados en la pantalla grande en un futuro cercano. 

Pero sigue la inquietante pregunta: ¿Dónde está el público colombiano?

EL VAIVEN DE LA TAQUILLA

A pesar de que se piensa que el supuesto “bajón” de la asistencia del público colombiano se debe a muchas razones diversas, la realidad palpable es que las películas realizadas pensando en el el gusto del público familiar, como las de Dago García, tienen más público que nunca y las que no tienen en cuenta esa audiencia masiva, simplemente sobreviven dentro de una cartelera implacable donde solamente sobreviven las películas costosas y espectaculares de Hollywood. Sin embargo, hasta ahora la película más taquillera del 2014 es la mexicana No Se Aceptan Devoluciones, que no responde a las características generales del cine de los grandes estudios de Hollywood con sus abultados presupuestos, pero que llena las expectativas de un público latinoamericano, ávido de encontrar películas en su propio idioma que -simplemente- le “llegan al alma”.

En resumidas cuentas, el problema recae más sobre los productores/realizadores y su escogencia de temas que sobre el público que paga por ver lo que le gusta.

Y es ahí donde entra un tercer variable, que es el que nos responde en gran parte la pregunta “¿Dónde está el público colombiano?” y es el de la piratería.

LA PIRATERIA: SUS CONSECUENCIAS Y SU FALTA DE CONTROL

La piratería de obras cinematográficas ha existido desde que empezaron a aparecer las pequeñas cámaras de video, con las cuales se grababan películas (a veces colocadas en un trípode o en el peor de los casos, en la mano) con una calidad desastrosa y reproducciones de reproducciones que dañaban la precaria calidad aún más. Pero con la era digital el problema de calidad ha llegado a unos estandares muy cercanos a la obra original y han permitido que la piratería se extienda como un virus desbocado por todo el planeta. El control ha sido casi nulo porque cuando la policía destruye miles de copias de DVD’s piratas nacen millones más el día siguiente como si nada hubiera sucedido. Los grandes almacenes de alquiler de DVD´s como Blockbuster y Betatonio murieron en Colombia, junto con las pequeñas tiendas de barrio que traficaban más dentro de lo ilegal que lo legal.

Pero, el verdadero enemigo es claramente Internet.

INTERNET: LA PIRATERIA DESAFORADA

Para nadie es desconocida la piratería de internet, que ha llegado a extremos y perjuicios económicos incalculables y es un peligro cada día mayor para los grandes y pequeños del negocio. En parte es porque no se han creados portales estandarizados de Pago Por Ver como el de iTunes. Existe una ambivalencia mezclada con desconocimiento del gran mercado potencial, que no es el caso de discutir por el momento.

Por ahora nos enfocaremos en ese público de cine colombiano que no se está viendo en las taquillas de las salas de cine y que aparentemente está centrado en la libre, gratis e inocente plataforma de YouTube.

EL CINE COLOMBIANO EN YOUTUBE

Para sorpresa de muchos la gran mayoría del cine colombiano de los últimos años se encuentra totalmente gratis en YouTube. Aquí reproducimos un listado parcial de las 50 películas colombianas que encontramos disponibles para ver o bajar completas sin ningun problema, arrojando resultados de ..

MAS DE 17,4 MILLONES DE VISITAS O BAJADAS DE CINE COLOMBIANO:

Aunque parezca exageración, las cifras no mienten y además el número de visitas crece día a día con una velocidad increíble.

Película

Mamá, Tómate la Sopa
Los Niños Invisibles
María, Llena Eres de Gracia
Mamá, Tómate la Sopa
Soñar No Cuesta Nada
El Cartel de los Sapos
La Vendedora de Rosas
Crónica de Muerte Anunciada
Los Colores de la Montaña
El Rey
Perro Come Perro
Sanandresito
Sumas y Restas
Al Final del Espectro
María
Chance
La Vendedora de Rosas
Del Amor y Otros Demonios
La Cara Oculta
En Coma
La Pena Máxima
Las Cartas del Gordo
El Páramo
Satanás
In Fraganti
El Colombian Dream
El Arriero
Gamín
Porfirio
El Paseo 2
Rodrigo D No Futuro
La Pasión de Gabriel
El Doctor Alemán
Los Viajes del Viento
El Paseo
Golpe de Estadio
El Paseo 2
La Toma de la Embajada
Satanás
El Man
La Vírgen y el Fotógrafo
Paraíso Travel
La Lectora
Retratos en un Mar de Mentiras
La Estrategia del Caracol
Pequeñas Voces
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Número de vistas o bajadas en un poco más de dos años: 17’483.729.

ESTE  FENOMENO ES EL DESANGRE DEL CINE COLOMBIANO

Las taquillas en salas de cine de más de tres millones de espectadores en el 2012 y de dos millones en el 2013 palidecen fácilmente ante los más de diecisiete millones de visitantes a las páginas ilegales de internet. Algunos ingenuos pueden creer que estas cifras demuestran el potencial del cine colombiano, sin darse cuenta que los piratas se están robando descaradamente el trabajo honesto de miles de trabajadores y artistas que han laborado con dedicación durante años  para plasmar las imágenes en la pantalla y que le están cerrando las posibilidades de ganancia y de estabilidad económica para la mayoría de los que trabajan en el medio del cine.

Ya es hora de tomar una acción fuerte y decidida para acabar con este flagelo.

La base del cine colombiano, así como en la mayoría de los países del mundo, aparte de Hollywood, se cimentó casi exclusivamente en el emprendimiento individual de muchos soñadores, que vieron en el cine la mejor forma de expresarse artísticamente y, en algunos casos supremamente raros, económicamente. Siempre ha sido un camino difícil y solitario, lleno de altibajos y muchas decepciones. La incómoda unión entre el arte y el comercio nunca han hecho una buena pareja. Además, la falta de continuidad ha sido la gran constante dentro de la historia del cine colombiano y la casi total ausencia de rentabilidad, su mayor obstáculo. Sin embargo, en el caso de Colombia, con las intervenciones estatales como la de Focine en los años ’70 y ’80 del siglo pasado, la de Colcultura en el “intermedio” y ahora con la Ley de Cine 814 en el nuevo milenio, se ha logrado aliviar un poco el riesgo de hacer cine al inyectarle fondos a toda la cadena de producción cinematográfica, inclusive llegando a ser de un paternalismo excesivo donde sólo unos pocos son los beneficiados, pero a pesar de todo, se ha empezado a notar que esto no es suficiente y la falta de público y rentabilidad siguen igual de mal o hasta peor que antes.

Dentro de este panorama desolador, hasta ahora no ha brillado sino un solo productor, Dago García, que gracias a su asociación con el Canal Caracol, ha podido sostenerse firmemente dentro del cine comercial, cada vez logrando mayores audiencias para sus películas. Desde luego que Dago ha tenido algunos malos momentos, ya que nada es perfecto en la vida, que le han servido para afinar más sus siguientes producciones para mantenerse a la cabeza del cine colombiano, a pesar de todos sus detractores en este país donde la envidia crece más rápido que la yerba mala.

En los primeros años de la Ley de Cine, con películas como Soñar No Cuesta Nada, Bluff, Satanás, Esto Huele Mal, Al Final del Espectro, Paraíso Travel, El Colombian Dream, y otras cuantas, se empezó a crear el mito de un “boom” de cine colombiano exitoso y taquillero, de temas llamativos y variados, que podría durar muchísimos años: Una verdadera “edad de oro” sin igual en la historia de nuestro cine. Sin embargo, la burbuja se rompió de repente y solamente algunas películas como La Cara Oculta en especial, Los Viajes del Viento, La Pasión de Gabriel, Los Colores de la Montaña, En Coma, El Páramo, Mamá, Tómate la Sopa, San Andresito y La Lectora, todas ganadoras de estímulos de producción del FDC, realizadas con esa combinación perfecta entre lo que es un guión bien estructurado, realizaciones impecables, buenas actuaciones con actores profesionales, grupos de producción experimentados y un buen olfato comercial que les permitió sobrevivir con recaudos un poco menores que las del “boom” anterior, pero de cierta forma aguantables para el momento.

Sin embargo, desde hace más o menos unos cinco años, alrededor del 2009, algunos de los realizadores exitosos como Laberinto, CMO Producciones, Riccardo Gabrielli y otros decidieron seguir con sus múltiples trabajos lucrativos de televisión y dejaron por el momento atrás sus aspiraciones cinematográficas. Coincidencialmente o debido a los gustos de los jurados de turno, los ganadores de los nuevos estímulos del FDC, casi todos haciendo sus primeras películas, le dieron la espalda al cine que había venido en esos primeros años y se dedicaron a un cine “de autor” rural, semi-documental y alejado de los gustos del público general. Los malos resultados económicos y el rechazo del público, especialmente en el 2014, saltan a la vista y no aguantan comentario.

A pesar de las grandes decepciones generadas alrededor de los proyectos ganadores del FDC en estos últimos años, la taquilla de cine en Colombia ha tenido algunos de sus mejores momentos con la saga de los tres “Paseos” de Dago García y ahora con Uno Al Año No Hace Daño. Harold Trompetero ha seguido con su cine, alejado de su asociación Con Dago García, pero ha sido desafortunado en algunas de sus realizaciones, que no han dado en el blanco del gusto popular. Han aparecido muchas coproducciones “minoritarias” con otros países que no le aportan casi nada al cine nacional y menos a la taquilla. Y a la sombra de todo esto, aprovechando todos los adelantos tecnológicos digitales, han aparecido producciones de escasos presupuestos que van desde $12 a $30 millones de pesos, como Crónica del Fin del Mundo, Souvenir y Demental, que no producen demasiado, pero su costo es infinitamente más bajo que los $700 millones de los estímulos normales de Producción del FDC.

¿ES LA LEY DE CINE LA CAUSA PRIMORDIAL DE LA FALTA DE EMPRENDIMIENTO EN EL SECTOR CINEMATOGRAFICO?

Debido a lo que hemos explicado, especialmente la ausencia de rentabilidad de las películas colombianas y la desaparición de posibles inversionistas, a pesar de los estímulos tributarios, efectivamente la Ley de Cine ha acabado con el emprendimiento empresarial personal. Ya son muy pocos, si es que los hay, que quieran arriesgar su propio dinero en la dura tarea de hacer cine ante riesgos tan grandes como los que se enfrentan hoy en día en la industria de cine. La Ley de Cine 814 proporciona un “colchón” muy cómodo para aquellos que quieren hacer cine, pero no quieren arriesgar un solo peso en el camino. Con el excesivo paternalismo al que ha llegado el FDC en los últimos cinco años, al ganarse un “estímulo” de $700 millones o, mejor aún, uno de un millón de dólares, existe plata regalada suficiente para hacer una buena película, para pagarle bien a los actores y técnicos, con muy pocos requisitos, total libertad y la tranquilidad de no tener que preocuparse si la película ganadora la ve o no la ve el público, ya que en ninguna parte se estipula que estas películas se tengan que exhibir teatralmente. La única exigencia es que se terminen, cumpliendo unas exigencias técnicas muy sencillas y obvias… punto. Es como ganarse el Baloto sin necesidad de comprar el formulario. Por eso, reconocidos cineastas veteranos como Víctor Gaviria, Sergio Cabrera, Lisandro Duque y Felipe Aljure se han acogido a las Convocatorias en los últimos 3 o 4 años y han ganado los estímulos correspondientes, junto con muchísimos otros nuevos cineastas, con o sin nada de experiencia previa.

EL SURGIMIENTO DE FERNANDO AYLLON, UN CINEASTA EMPRENDEDOR

Dentro de este panorama tan limitado y a la vez tan extremo del cine colombiano actual, donde tenemos de un lado a Dago García y sus producciones multimillonarias y del otro, los ganadores del FDC, con sus desastres de taquilla, donde sobreviven -o más bien naufragan- una serie de películas independientes, coproducciones minoritarias y cintas de toda índole, que son la gran mayoría, aparece el nombre de Fernando Ayllón, un nuevo jugador dentro del medio cinematográfico nacional. Manejando un perfil bajo, sin las poses ni el ego inflado de muchos de los nuevos realizadores, Fernando realizó estudios de Cine y televisión en San José, California, en donde se graduó en el año 2002. Por 7 años fue productor ejecutivo en Telemundo en Estados Unidos, donde también fue creador y director de la serie de televisión De paseo transmitida por Telemundo (Canal 48). Estrenó en septiembre de 2012 en Colombia su primer largometraje como director y guionista, ¿Por qué dejaron a Nacho? Si era tan bueno el muchacho, una comedia que gira en torno a un joven bonachón que el día que le pide matrimonio a su novia descubre que ella tiene un nuevo amor.

Para sorpresa de muchos, su primer película, estrenada con muy poca publicidad y un lanzamiento más bien discreto en 60 salas, convocó 44,148 espectadores y un modesto recaudo total bruto de $285,029.550 pesos en taquilla, apoyado además por un estímulo automático del FDC de $137 millones de pesos adicionales en el renglón de Promoción y Taquilla. En esta instancia sus mejores salas fueron Bogotá, Villavicencio y Cali en los multiplexes de Cine Colombia, Procinal y Cinépolis.

Un poco más de un año después, en Octubre de 2013, con un afiche supremamente llamativo, estrena Secretos, película dentro del difícil, pero muy agradecido género de terror y suspenso. Logra una cifra mayor a la de su primer película, de $357,905.400 pesos, 48,535 espectadores en 53 salas, principalmente de Cine Colombia y Cinépolis, en Bogotá, Cali y Barrancabermeja. Por aquellas cosas raras de los cambios en los estímulos automáticos del FDC, a pesar de haber logrado más espectadores que en su primer película, su liquidación se redujo en $30 millones y su cifra final fue de solamente $106,777.000 pesos.

Aprovechando el furor del fútbol con el Mundial a mitad del 2014, Fernando se lanza con su tercer película, Nos Vamos Pal Mundial, estrenada a finales de Abril, a escasos seis meses de su segunda película, logrando un recaudo de $981,555.540 pesos, 136,370 espectadores, casi doblando las cifras de sus primeras dos películas combinadas. Esta vez cuenta con 71 salas, principalmente en Bogotá, Bucaramanga, Ibagué, Cali y Villavicencio, en los multiplexes de Cine Colombia, Cinépolis y Procinal. Para esta salida cuenta con el nuevo estímulo automático de taquilla del FDC, que le genera el máximo de $220 millones de pesos adicionales.

Ahora, en el presente año, con el estreno de Se Nos Armó La Gorda, Fernando entra a las grandes ligas con más de 200,000 espectadores en 8 días de estreno, que es un récord fuera del ámbito de Dago García. Su número de salas ha crecido por encima de 100, que significa que el injusto VPF le va quitar muchos millones de su recaudo final, pero por ahora le está significando tener mucha presencia dentro de la cartelera colombiana, donde se ha mantenido fijo en el puesto No. 5 en la lista de películas más taquilleras de la semana.

Lo increíble del caso de Fernando Ayllón es su éxito calculado y progresivo, realizando y exhibiendo cuatro largometrajes en igual número de años, sin necesidad de inversionistas, préstamos, apoyo del FDC o asociaciones con los grandes canales de televisión. Por esas razones, y por ser casi el único caso de un emprendedor independiente en la precaria industria de cine colombiano, le hicimos la siguiente entrevista:

– Dentro del panorama desolador del cine colombiano independiente sobreviven Dago García, Harold Trompetero y ahora usted, Fernando. ¿Qué opina de todo esto?

Yo siento que gracias a Dios hemos podido sobrevivir como empresa porque el cine que nos gusta realizar es un cine comercial de gran aceptación popular. En ese concepto coincidimos con las realizaciones cinematográficas de Dago y Harold. Tenemos un público que se identifica con nuestro trabajo y eso se está viendo revelado en la asistencia a las salas de cine y en el crecimiento en la taquilla de nuestras películas.

– Descontando a Dago García que gracias a su larga asociación con Caracol está siempre catalogado como “fuera de concurso” en cualquier proyecto que haga, el cine independiente está en manos suyas y de Harold Trompetero, que se han destacado por hacer cine como sea y cuando sea. ¿Qué lo impulsa a seguir adelante en un trabajo que aparentemente tiene tantas trabas?

Me apasiona mucho mi trabajo, siempre soñé con hacer películas y contar historias. Afortunadamente, Dios me está dando la oportunidad de hacerlo y es algo que le agradezco a la vida diariamente. Soy muy afortunado porque en mi equipo de trabajo cuento con grandes amigos que me ayudan a superar todas las trabas que actualmente enfrentamos cuando realizamos películas aquí en Colombia.

– A pesar de todas la críticas de aquellos que no saben lo difícil que es salir adelante en este medio y en este país, ¿qué cree que le ha aportado su trabajo de televisión con Telemundo en Estados Unidos y aquí en Colombia?

Muchísimo! Primero, porque obtuve una experiencia como realizador que me sirve para mi desempeño diario, aunque el formato sea distinto. Segundo, porque muchas de las personas -tanto en Colombia como en Estados Unidos, que conocí trabajando en televisión- han sido de gran apoyo para poder hacer mis películas y obtener cada vez mejores resultados. Y tercero, porque aprendes que este trabajo se debe hacer pensando en satisfacer un público y no en satisfacer tus caprichos personales.

– ¿Sus estudios en San José, California, le sirvieron para tener una visión más amplia del cine como medio de comunicación y entretenimiento?

Sí, aprendes a darte cuenta que los gustos de tu público dependen mucho de sus procedencias culturales, sociales y económicas; pero sobre todo que tu público va a apreciar mucho el hecho de poderse identificar con lo que les estás contando. En lo personal, siempre me ha gustado la estructura de guión y la rapidez con la que se cuentan las historias en el cine comercial americano.

– Desde su perspectiva, ¿cómo evalúa sus estudios en Estados Unidos con los que hubiera podido tener en Colombia?

Siento que en Colombia existe una gran influencia de la narrativa europea de cine de autor y que algunas escuelas de formación cinematográfica tan solo aprueban este tipo de cine como válido y culto. Me parece un gran error porque nuestro público creció con la estructura cinematográfica Americana y por eso muchas veces no se logran los resultados que se esperan en las taquilla de las salas de cine.

– ¿Qué opina de aquellos realizadores colombianos que solo esperan recibir prebendas de los diferentes fondos estatales, locales o internacionales, para realizar una película?

Yo, en realidad respeto la metodología que cada quien quiera emplear para realizar su película y contar una historia. En mi caso, soy una persona muy impaciente y prefiero contar la historia que quiero contar con los recursos que tengo a la mano. Me cuesta mucho trabajo esperar.

– ¿Qué opina de los nuevos realizadores colombianos?

Siento que somos pocos. Un país como Colombia que tiene tantas historias por contar necesita más realizadores. Me gustaría ver a Colombia con una industria cinematográfica más fuerte, con muchos productos y de distintos géneros.

– ¿Qué opina de los viejos realizadores colombianos?

Son nuestros padres, han sido vitales en el crecimiento del cine colombiano ya que  fueron los que abrieron la brecha para que ahora nosotros podamos trabajar con más beneficios y comodidades. También se encargaron de motivar al público nacional en ver películas colombianas y respetar nuestro cine.

– Con la caída de la taquilla de los últimos años, muchos realizadores culpan a los exhibidores, a los distribuidores, a la competencia de Hollywood, a la escasez de dinero para promoción, a la falta de una cuota de pantalla y hasta al pobre público colombiano por no querer ver lo que no le interesa. ¿Usted qué opina?

Yo siento que no estamos haciendo películas pensando en nuestro público y sí estamos haciendo películas pensando en lo que le puede gustar a los que se consideran críticos de cine y amantes del cine artístico. Siento que la mayoría de nuestro público no paga una boleta con el fin de educarse, la paga con el fin de entretenerse.

– En un país donde los realizadores de cine (aún con más que suficiente plata regalada del FDC bajo el brazo), se demoran 3, 4 y hasta más de 5 años para terminar sus “obras maestras” es raro ver que sus cuatro películas exhibidas en el 2012, 2013, 2014 y ahora en el 2015 demuestran una eficiencia profesional y una continuidad de producción inigualable en Colombia. ¿A qué se debe esa constancia tan insólita en este medio?

Muchas gracias por el cumplido.

Como lo mencioné anteriormente, yo soy un apasionado por contar historias y mi sueño siempre ha sido poder realizar películas. Afortunadamente, no estoy solo y cuento con mi esposa, hermanos, y un gran grupo de amigos que son igual de apasionados y que encuentran gran satisfacción viendo las películas en las salas de cine sin esperar un retorno económico.

– Sus tres películas anteriores, ¿Por qué dejaron a Nacho si era tan buen muchacho?, Secretos y Nos Vamos Pal Mundial, tuvieron comportamientos ascendientes de taquilla de 44,148, 48,535 y 136,370 espectadores, respectivamente, con ganancias aproximadas de un poco más de $200 millones c/u de las primeras dos y alrededor de $447 millones de la última, ¿fue suficiente dinero para realizar la siguiente película o tuvo necesidad de conseguir financiación adicional o préstamos?

Fue suficiente. Nosotros como empresa,  con mi socio Francisco Bolivar, tenemos la intención de poder mejorar la calidad de nuestras producciones con el paso del tiempo pero estamos claros en que no queremos endeudarnos ni queremos tener que esperar a conseguir inversionistas ni prestamos adicionales. Hacemos las películas con los recursos con los que cuenta la empresa.

– ¿Se ha presentado a convocatorias del FDC o ha utilizado alguna vez los beneficios tributarios de la Ley de Cine?

Me presenté a una convocatoria pero no ganamos. No utilizo los beneficios tributarios de la Ley de Cine pero siempre cuento con los estímulos automáticos por espectadores como estrategia de retorno.

– ¿Considera que los Estímulos Integrales del FDC de un millón de dólares c/u son necesarios, beneficiosos, o simplemente sirven para darle más plata a los mismos de siempre?

En realidad desconozco quienes son o han sido los beneficiados por los estímulos del FDC pero siento que es muy sencillo evaluar qué tan buena es una inversión después de ver qué clase de película se hizo, en cuanto tiempo se realizó y qué resultados tuvo en la taquilla.

– ¿Tuvo problemas o sobrecostos para filmar Se Nos Armó la Gorda en Estados Unidos?

No, hicimos una pre-producción muy detalla y sabíamos muy bien cuales iban a hacer los costos totales antes de iniciar el rodaje. No hubo sorpresas y afortunadamente todo salió como se había planificado.

– ¿Qué cámara utilizó para filmar Se Nos Armó la Gorda?

Red Epic. 6K

– ¿El equipo técnico de Se Nos Armó la Gorda era de cuantas personas?

La hicimos 22 personas de los cuales 20 eramos colombianos.

– ¿En qué equipos hizo la posproducción (edición, sonido, mezcla y finalización en DCP)?

Editamos en mi casa en Final Cut, el sonido lo hicimos con la empresa Sónica de Camilo Montilla y la Finalización y DCP con Cinecolor.

– ¿Qué planes inmediatos tiene ahora para el 2015 después del estreno de su película?

Estoy trabajando en un guión, que si Dios quiere, arrancamos a rodar en abril.

– ¿Qué considera que ha sido, en su opinión, el éxito progresivo de cada una de sus películas dentro de un medio como el nuestro donde cada gasto se debe medir muy bien y donde no hay las posibilidades de lanzamientos –por ahora- estilo Dago García?

Para mi es importante lograr incrementar los seguidores que gustan de nuestras producciones y eso se va logrando película tras película. Desafortunadamente nosotros no contamos con el músculo publicitario que ofrecen RCN o CARACOL. Uno de los principales problemas que encuentran los colombianos cuando van a comprar la boleta de una película colombiana en el cine es que no saben con qué se van a encontrar y por lo general prefieren ir sobre seguro y entrar a ver una película comercial americana. Nosotros queremos que las personas cuando vean el afiche sepan con que estilo de producción se van a encontrar y decidan entrar o no entrar porque les gusta o no les gusta el tipo de película que hacemos pero queremos que no nos encasillen dentro de un género por ser una película colombiana. PARA MI EL SECRETO ES QUE EL ESPECTADOR IDENTIFIQUE TU PRODUCTO.

– Aunque puede ser una pregunta incómoda para cualquier productor, donde algunos exageran para arriba y otros para abajo, ¿sinceramente cuánto han costado sus películas?

Todas han costado menos de 700 millones de pesos.

– Sin tener en cuenta las eventualidades y haciendo las cosas como debe ser, ¿Considera que se puede vivir del cine en Colombia?

En mi caso, aún no. Pero espero poder hacerlo pronto.

Por Julio Luzardo

Ya se ha institucionalizado la publicación de la Convocatoria por Concurso del FDC, dentro del Festival de Cine de Cartagena y este año no fue la excepción. Una vez alejados del ambiente de jolgorio, sol, mar, talleres, encuentros y premiaciones a granel, es bueno hacer un análisis concienzudo de dichos reglamentos, que a primera vista traen grandes diferencias con los años anteriores. De hecho, es el cambio radical más fuerte que se ha hecho en las Convocatorias anuales en estos primeros 10 años desde la implementación de la Ley de Cine 814, donde se destaca a primera vista el detalle alarmante de $710 millones de pesos menos en el renglón principal de Ficción, que constituye la columna vertebral de estos estímulos de fomento cinematográfico.

EL MISTERIO DE LOS ESTIMULOS QUE NO CRECEN

El Fondo para el Desarrollo Cinematográfico – FDC- es un instrumento de financiación creado por la ley 814 de 2003, que se alimenta de los dineros provenientes de la contribución parafiscal a cargo de los exhibidores cinematográficos (8,5%) sobre el monto neto de sus ingresos por la exhibición en salas; de los distribuidores que realicen la actividad de comercialización de derechos de exhibición de películas cinematográficas para salas de cine o salas de exhibición establecidas en territorio nacional (8,5%) y de los productores de largometrajes colombianos (5%), principalmente.  Adicionalmente, la Ley de Cine estipula claramente que “Al menos el setenta por ciento (70%) de los recursos del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico FDC serán arbitrados hacia la creación, producción, coproducción y, en general, a la realización de largometrajes y cortometrajes colombianos”.

Sin embargo, a pesar del reciente “boom” sin antecedentes en el aumento de taquilla de cine en Colombia, que subió de $198,000 millones de pesos en el 2009 a $352,000 millones en el 2013 (incremento del 77,78%) y en la asistencia, de 27 millones de espectadores en el 2009 a 43 millones en el 2013 (aumento del 59,26%), estos crecimientos significativos no se ven reflejados en las Convocatorias de Ficción del FDC, que se supone deben regirse por los porcentajes del recaudo anual recibido.

Extrañamente y a pesar del gran crecimiento del recaudo, en los tres años entre el 2011 y el 2013, el monto de los estímulos para la Convocatoria de Ficción, se ha mantenido constante y estable, sin reflejar para nada, los aumentos brutos anuales de taquilla del período entre los años 2011 (13,93%), 2012 (11,48%) y 2013 (7,38%):

Convocatoria del 2011 – $ 10.320.000.000

Convocatoria del 2012 – $ 10.480.000.000

Convocatoria del 2013 – $ 10.130.000.000

Convocatoria del 2014 – $ 9.420.000.000

Según los datos anteriores, se evidencia que en la nueva Convocatoria del 2014,  extrañamente el monto total de estímulos en comparación con los años previos, se redujo en $710 millones, cuando lo más lógico debería ser lo contrario.

LOS LARGOMETRAJES QUE DESAPARECEN POR ARTE DE MAGIA

El proceso de la implementación de la Ley de Cine 814 ha sido lento, pero seguro, escalando peldaño por peldaño, manejando los recursos de una manera conservadora y juiciosa, haciendo los cambios necesarios de acuerdo a las experiencias ganadas. Como casi todo en la vida, no ha sido un camino fácil, se han presentado problemas de toda índole, pero es innegable el aprendizaje acumulado. De pronto ha faltado un poco de experimentación y después de diez años ya es hora de hacer un estudio a conciencia de lo logrado y de lo que falta. Pero nada nos había preparado para lo que encontramos en esta nueva Convocatoria…

Desde el año 2010, cuando se aumenta el estímulo de Producción a $600 millones de pesos por proyecto, van aumentando progresivamente el número de largometrajes del 2011 al 2013, hasta que llegamos al 2014:

2010 – 10 largometrajes (incluyendo documental y animación)

2011 – 14 largometrajes (incluyendo documental y animación)

2012 – 15 largometrajes (incluyendo documental y animación)

2013 – 16 largometrajes (incluyendo documental y animación)

2014 – 10 largometrajes (incluyendo documental y animación)

Así como los cangrejos, se da un paso adelante y dos para atrás.

¿DOS PELICULAS DE UN MILLON DE DOLARES CADA UNA?

Es bien sabido que ante la mala taquilla de la mayoría de las películas que han tenido estímulos de Producción del FDC en los últimos años, las posibilidades de financiación se han dificultado más y más, y ni siquiera los beneficios tributarios que brinda la Ley han sido gancho atractivo para atraer nuevos inversionistas. Pero no hay ninguna duda que el problema de falta de taquilla está centrado más en la escogencia de temas que de plata. ¿Entonces por qué se tomó la decisión de desbaratar lo que se venía haciendo con aceptable éxito, para abrirle campo a dos proyectos de un millón de dólares cada uno, que supuestamente curarían todos los males del cine nacional?

A vuelo de pájaro, un estímulo de un millón de dólares para la producción de una película en un país como Colombia, sin una industria fuerte para respaldarlo, puede sonar como una buena idea, ¿pero dos? Eso sin duda alguna es riesgoso y mucho más cuando no se cuenta con un estudio de factibilidad para respaldarlo, sin ningún antecedente anterior, sin una ventaja aparente, y especialmente a costa de otros estímulos menos llamativos -pero fundamentales- para un sector que crece día a día y vive azarosamente de proyecto en proyecto. Así, más que una posible buena idea, termina pareciendo un error craso de improvisación.

En el Consejo de Cinematografía anterior (2011-2013), esta idea fue discutida  en varias oportunidades y nunca contó con el suficiente interés ni con el respaldo necesario de los miembros para apoyarla, ni siquiera como un posible ensayo. ¿Qué sucedió en estos últimos meses?

LOS DAMNIFICADOS

Sin entrar en muchos detalles, los dos proyectos millonarios, que son exclusivamente para directores y productores con experiencia en uno y dos largometrajes exhibidos, respectivamente, acabaron con las siguientes posibilidades de la gran base de realizadores nuevos que no han tenido la oportunidad de hacer sus primeros proyectos, y para los cuales los estímulos del FDC son como ganarse un “Oscar”:

  • Se bajó de siete (7) a tres (3) largometrajes de $700 millones cada uno, con la estipulación de que el primero es solamente para productores y directores que están haciendo su primer largometraje. Sin embargo, para los otros dos largometrajes no hay ninguna restricción sobre experiencia anterior, así que a la larga, los tres estímulos están en igualdad de condiciones. Resultado: 4 largometrajes y $2’800.000.000 perdidos para los aspirantes de esta modalidad.
  • Se eliminaron los dos (2) largometrajes de $350 millones cada uno para películas de bajo presupuesto o experimentales, que tuvieron 26 concursantes en el 2013, donde se destaca el proyecto Todas Para Uno de Harold Trompetero, que no fue preseleccionado ni ganador, pero que de todas maneras se filmó y se exhibió en Enero del presente año con más de 100,000 espectadores, cifra que supera todas las películas colombianas ganadoras del FDC (con la excepción de Roa), que se exhibieron en el país el año pasado. Además, ésta era la única convocatoria de largometraje donde el Productor se podía presentar como persona natural, detalle muy importante para muchos realizadores que no quieren entrar en los costos y el papeleo burocrático de formar una sociedad simplemente para concursar, sin garantía de nada en contraprestación.
  • Se eliminó uno (1) de los dos largometrajes de Posproducción, de $150 millones de pesos, único estímulo por concurso abierto al cine independiente colombiano, que ha sostenido contra viento y marea el número creciente de estrenos y la taquilla del cine nacional durante los 10 años de existencia de la Ley 814.
  • Se suprimió uno (1) de los dos largometrajes de Documental, de $300 millones de pesos, seguramente porque en los reglamentos de las películas “millonaria$” se establece que también pueden concursar largometrajes en animación y documental. Pero, tristemente, por lo menos en cuanto al documental, se ha comprobado hasta la saciedad que tiene muy poca aceptación por parte del público y sería un absurdo asignarle un millón de dólares cuando a leguas no se puede comparar sus costos y las dimensiones  logísticas con una realización de ficción y mucho menos una de animación.
  • Se quitaron cinco (5) cortos documentales de $50 millones cada uno, a pesar de haberse inscrito 94 proyectos en el 2013 (57 aceptados), que demuestra el gran interés que existe en este sector audiovisual, que ahora queda huérfano del 50% de sus anteriores posibilidades.
  • Además, en menor escala, se eliminaron o rebajaron:

Dos (2) cortometrajes normales de $50 millones cada uno
Un (1) cortometraje de animación de $60 millones
$80 millones menos a promoción y distribución de documentales
$70 millones menos al sector de Formación

¿Y TODO PARA QUE?

Este estímulo ‘todo incluido’ de dos proyectos de un millón de dólares cada uno, que según las palabras de la Ministra de Cultura, Mariana Garcés Córdoba,  “… viabiliza la financiación de toda la cadena de valor, lo que permite contemplar una planeación global e integral desde el diseño del proyecto, contemplando incluso la distribución de su película. Le evita al productor tener que presentarse a todas las modalidades por concurso, y también lo exime de las modalidades automáticas para promoción en salas de cine”.

CONCLUSION

Amanecerá y veremos si las grandes aspiraciones de la señora Ministra, que en realidad son las mínimas que se esperan de cualquier producción cinematográfica normal (cuesten lo que cuesten), se cumplan a cabalidad en esta ocasión con el millonario respaldo, generando grandes películas artísticas y desbordantes taquillas o si simplemente, engrosarán el inventario de medidas ligeras creadas a expensas del largo camino ya andado y de los sueños frustrados de muchos.