Por Julio Luzardo

La semana pasada Julio Sánchez Cristo me hizo una entrevista en La W, junto con la Ministra de Cultura Mariana Garcés, referente al artículo que publiqué hace unas semanas sobre la nueva Convocatoria del FDC, donde me pareció que se estaba actuando equivocadamente y muy a la ligera sobre un proceso anual que se ha vuelto indispensable no solamente para el medio cinematográfico en general, sino especialmente para las nuevas generaciones que están saliendo a diario de las escuelas de cine para estrellarse con un medio donde no hay trabajo y el futuro es bastante incierto. Dentro de esta escasez de posibilidades y una taquilla de cine nacional cada vez menor, las convocatorias del Fondo de Cinematografía del CNACC se han vuelto la única tabla de salvación para muchos y una fuente de esperanza para el futuro donde sus sueños se pueden volver realidad… así sea en algún día lejano. Actuar con ligereza e improvisación ante un panorama como este me parece una verdadera irresponsabilidad.

EL “ELEFANTE” NO ES LO QUE PARECE

En principio, crear un estímulo “todo terreno” de un millón de dólares, con todos los gastos incluidos, puede ser un experimento bastante interesante; siempre y cuando no vaya en contravía con lo que se ha logrado en diez años de trabajo minucioso donde cada paso se ha tomado de acuerdo a los recursos disponibles en el momento y siempre se ha tenido como primordial las necesidades de las nuevas generaciones que están entrando al medio en números alarmantes. En estos años se ha intentado -con bastante éxito- cubrir todas las etapas de la cadena de producción cinematográfica desde la primer idea hasta que se apaga la última bombilla de la sala de cine después de la función. Pero ingresar al salón con dos elefantes a la vez, puede aplastar todo lo que se había construido antes. Y -tristemente- esto es lo que ha sucedido con la nueva Convocatoria de Ficción del 2014.

PRIMERO, UNOS ANTECEDENTES

Desde que se instaló el Consejo de Cinematografía que precedía al que está ahora, el del período 2011 – 2013, Dario Vargas, uno de los dos consejeros de la Sra. Ministra, arrastraba con él la idea de crear un proyecto de una película de un millón de dólares, que como gancho publicitario tenía muchas posibilidades, pero que en la práctica no era muy aconsejable y el paternalismo implícito no era exactamente el propósito de la Ley de Cine 814. Desde un inicio tomamos la idea en broma y se volvió como un chiste recurrente en muchas de nuestras sesiones, pero la verdad es que nunca se cristalizó en serio. Sin embargo, después de la salida de algunos de nosotros para darle paso al nuevo Consejo, por alguna extraña razón o intervención, parece que la idea caló en los miembros del nuevo Consejo y los resultados están claramente impresos en la nueva convocatoria.

¿QUE SIGNIFICA TODO ESTO?

Aunque se ha tratado de obviar y minimizar los daños colaterales de insertar dos proyectos que desde un inicio acaparan un pedazo desproporcionado de los fondos designados a las Convocatorias de Ficción del FDC, se sabía de antemano que los cambios o los “machetazos” a los otros estímulos iban a ser brutales y despiadados. Y así fue. De siete estímulos de $700 millones, quedaron solamente tres, también se eliminaron los dos de $350 millones cada uno, uno de posproducción de $150 millones y uno de documental de $300 millones. Esos son ocho (8) proyectos de largometraje, que suman $3,950 millones en conjunto, que se eliminaron de un brochazo para darle cabida a dos proyectos que solamente están abiertos a realizadores y productores con experiencia. Y -como si fuera poco- adicionalmente le rebajaron más de $700 millones a las convocatorias en general, dinero que hubiera podido ser otro estímulo utilizable. ¿Y qué quedó de este improvisado “revolcón”? Tres proyectos de $700 millones, uno de posproducción de $150 millones y uno de documental de $300 millones: Cinco (5) proyectos en total donde también se deben incluir -desde luego- los dos “elefantes”. El recorte fue tenaz y el resultado apabullante. De una vez por todas se desvanecieron muchos proyectos, se esfumaron los sueños y se cerraron las posibilidades de trabajo para cientos de actores, técnicos, auxiliares, equipos de renta, servicios, transportes, estudios de sonido, etc. Y todo esto se hizo sin ningún plan previo ó análisis del sector, ya que no existen estudios sobre este tema en particular. Simplemente se hizo porque sí… porque se podía hacer. Y como dijo la Ministra con gran satisfacción y orgullo en la entrevista de La W: “no tiene un solo salvamento de voto, fue acogida por unanimidad”.

¿Y EL RAZONAMIENTO DETRAS DE ESTA DECISION?

El razonamiento, argumento, explicación o el “reason why”, como dirían nuestros amigos publicistas, no se conoce verdaderamente. ¿Falta de información? ¿Desconocimiento de lo que está en juego? ¿Ganas de experimentar con la plata del cine? ¿Presión por parte del sector del gobierno que siempre domina las decisiones del Consejo? ¿O simple cansancio después de horas de discusiones estériles? Etc., etc., etc.

Una posibilidad, que dejó entrever la Ministra en una pequeña porción de la entrevista, fue la mención casi perdida de darle oportunidad a los que ya tienen experiencia. Sin embargo, en este momento los que tienen esa experiencia, directores reconocidos y prestigiosos como Felipe Aljure, Víctor Gaviria, Sergio Cabrera, Lisandro Duque, Camila Loboguerrero, Ciro Guerra, entre otros, ya están trabajando en proyectos ganadores de las últimas convocatorias del FDC y por eso están incapacitados para participar este año mientras tengan contratos pendientes con Proimágenes, así que ese argumento no funciona.

Entonces quedamos con la explicación, o más bien la excusa, que ya me habían dado dos de los Consejeros actuales, que quedó confirmada en la sesión de preguntas y respuestas sobre la Convocatoria del 2014, que se realizó en un salón de la Biblioteca Nacional el 8 de Abril y se transmitió por internet vía streaming: debido a la supuesta fuerte caída de los recaudos del FDC para este año, por la falta de material taquillero de Hollywood, el Mundial de Fútbol y hasta el Festival Iberoamericano de Teatro, se estimaba una pérdida de más de $2,000 millones de pesos para el Fondo, y ante este supuesto desastre económico la única solución era recortar el presupuesto drasticamente. Por eso salieron “a volar” los ocho estímulos que ya mencionamos anteriormente, se hizo el recorte de los $700 millones y se abrió el campo para que los dos elefantes de un millón de dólares entraran al salón tranquilamente. Aunque esta excusa, llena de incongruencias que parecen fabricadas por el mismo Cantinflas, es la que se utilizó para de alguna forma justificar el desacierto.

Sin embargo, como la vida real -y no la inventada- a veces nos da unas sorpresas inesperadas, la taquilla de cine en Colombia ha tenido un alza impresionante este año y ha llegado a las cifras de 23.32% en taquilla y 21.84% en asistencia desde el 1o de Enero al 20 de Abril del presente año por encima del 2013 donde el alza en la misma época en comparación con el 2012 fue de solamente del 8.87% en taquilla y el 4.26% en asistencia, que ha sido la medida normal de los últimos años. Además, en los 50 días que faltan para el inicio del Mundial, se van a estrenar tres películas supremamente taquilleras: Spiderman, que ya se estrenó con records impresionantes en Inglaterra, México y Alemania, la nueva X-Men y Godzilla. Y como si fuera poco, durante el Mundial se van a estrenar otras tres superproducciones de Hollywood, que con o sin Mundial, van a funcionar supremamente bien. Y el resto del año -que nunca ha sido la mejor época en cuanto a taquilla o grandes estrenos- será igual como el resto de los años, así que resumiendo en pocas palabras: aquí no pasó nada y la “excusa reina” para torpedear los ocho estímulos no quedará sino como un simple mal recuerdo de una mala gestión.

Y, A FIN DE CUENTAS, ¿QUE VA A PASAR?

Como todo en Colombia: nada. Todo seguirá igual. Dentro de pocos días nadie se va a acordar de este episodio, ni a nadie le va a importar. Solamente a los ocho grupos de nuevos cineastas, que son los verdaderos damnificados en esta triste historia, que jamás sabrán si perdieron su gran oportunidad -su “cuartico de hora”- de brillar en las pantallas de cine por culpa de improvisaciones, ligerezas o de trucos irónicos que nos depara el destino. Pero si tienen talento y la suficiente constancia, ojalá sigan luchando y soñando por un mejor futuro con mayores posibilidades. Porque, como dicen popularmente, “no hay mal que dure cien años…”


 

Por JULIO LUZARDO

Tenemos varias inquietudes y opiniones sobre la respuesta del CNACC del pasado 13 de mayo a la comunicación enviada por organizaciones y profesionales del sector el día 2 de mayo referente a la nueva Convocatoria de Ficción para el 2014; carta que reproducimos en su totalidad dentro de este mismo espacio virtual.En nuestros dos artículos anteriores, Convocatoria FDC 2014: El Desconcierto y Los Peligros de la Improvisación, publicados en nuestra página web cinecolombiano.com, ya cubrimos ampliamente los detalles y los daños causados a la credibilidad de este proceso y estamos de acuerdo con la apreciación de Pedro Adrián Zuluaga en su blog “Pajarera del Medio” donde dice claramente que “Lo que se revela es estructural y el camino a seguir debería apuntar a un cuestionamiento de la legitimidad misma del CNACC y sus actuales miembros”.

Por eso centraremos esta introducción solamente en la carta en mención, destacando algunos de sus apartes, que no nos parecen ajustados a los hechos verídicos, sino en un intento de tapar unas decisiones poco profesionales, superficiales e improvisadas que llevaron al CNACC a tomar este paso desacertado y dañino, que va en contravía de lo realizado en 10 años del correcto y ejemplar funcionamiento de la Ley de Cine 814.

Primero que todo, se dice en la carta que “se hubiera preferido con una mayor anticipación“, a sabiendas que existía una carta muy precisa de la Mesa de Gremios, fechada enero 29 de 2014 (exactamente mes y medio antes de la publicación de los reglamentos durante el reciente Festival de Cine de Cartagena), donde se expone la sorpresa “por la decisión tomada por ustedes (el CNACC) en diciembre pasado, que modifica de manera drástica la distribución de recursos de la convocatoria, reduciendo de 7 a 3 los estímulos de desarrollo y producción de largometraje de 700 millones, para poder incluir 2 estímulos de 1800 millones cada uno. Esa decisión no fue consultada ni discutida con los hacedores del cine colombiano, directamente afectados por ella, y, si bien, nuestros representantes estuvieron allí, no tuvieron tiempo suficiente para socializar el hecho con los sectores que representan“.

También existe un Derecho de Petición enviado con anterioridad a la publicación en el Festival por Camila Loboguerrero, ex-directora de la Dirección de Cinematografía de Mincultura, donde pide algunas aclaraciones por un proceso que es obviamente nocivo para el bienestar del gremio en general.

En ambos casos la respuesta oficial fue desobligante, contundente, y muchísimo más, que no es prudente calificar en este momento, pero que pone seriamente en tela de juicio la débil explicación de “mayor anticipación” mencionada por la Secretaría Técnica del CNACC.

El supuesto “análisis en el seno de dicho órgano (el CNACC) en él que, de manera unánime, se consideró su pertinencia” suena a algo “very light”, como cuando uno decide a cuál restaurante ir para almorzar, en lugar de una discusión seria y profunda, respaldada por estudios analíticos y opiniones de los diversos sectores, especialmente cuando se están tomando decisiones de cambios estructurales que afectarán a una industria y a miles de profesionales después de 10 largos años de labores básicamente exitosas, que no se pueden botar a la basura como si fuera el periódico del día anterior. En el Consejo del 2011/2013 se habló varias veces del controvertido proyecto del “millón de dólares”, que suena más como un “slogan” publicitario que una verdadera necesidad imperante del cine colombiano y siempre se rechazó hasta volverse el “hazmereír” de muchas sesiones durante los dos años de vigencia del anterior Consejo. A pesar de eso, a finales del 2013, al entrar 5 nuevos consejeros, para acompañar a los otros 4 permanentes del gobierno y los 2 sectoriales que decidieron repetir de nuevo, en unas pocas sesiones decidieron o se dejaron convencer de hacer el cambio drástico, que nos trae a la mente el viejo dicho de “donde manda Capitán, no manda marinero...”

Dentro de las excusas esgrimidas en la carta, se destaca la supuesta disminución o la caída vertical de los ingresos para este año del CNACC, que llegarían a sumar aproximadamente $2,000 millones menos en el año, pero que hasta el momento no se ha visto nada parecido y -en cambio- a 17 de Mayo la taquilla de cine en Colombia ha crecido extraordinariamente en un 18,41% por encima del año anterior, la cifra más alta de los últimos cuatro años. El miedo que se le tiene al Mundial de Fútbol no es sino una exageración llevada al extremo, dentro de un marco muy pequeño de solo un mes, como lo fue en su momento dado pensar que el Festival Iberoamericano de Teatro iba a afectar las entradas a cine en Colombia, cuando sucedió exactamente lo contrario y esa semana del Festival fue la de más alta taquilla de cine del semestre. El problema verdadero es que este año Hollywood no tiene películas animadas para toda la familia de la talla de las exhibidas el año pasado como Monsters University o Mi Villano Favorito 2 para llenar las salas durante el Mundial, pero el caso no es tan dramático como para crear un hueco de $2,000 millones en las arcas del CNACC, que seguramente va a terminar el año con por lo menos un 10% más de ingresos que el año pasado. Esto no es sino una excusa muy floja para eliminar 8 largometrajes de la lista de Convocatorias para el 2014.

Equivocadamente, dentro del medio se ha querido culpar a intereses creados y oscuras alianzas de algunos realizadores, aquellos que no firmaron la carta del 2 de Mayo, que son los que más se van a beneficiar de los dos estímulos “Integrales”, pero la realidad está más por el lado del desconocimiento, la falta de un análisis serio del comportamiento cinematográfico nacional y una apresurada ligereza en tomar decisiones a último minuto sin tener en cuenta los daños colaterales que puedan causar.

Sólo esperamos que con todo este peso encima el barco del CNACC no se hunda del todo…

LA RESPUESTA DEL CNACC A LA CARTA DEL 2 DE MAYO DE 2014:

Bogotá D.C., 13 de mayo de 2014

Señores
Asociación de Guionistas colombianos ‘Los guionistas cuentan’
Asociación de Documentalistas ALADOS
Asociación de Directores y Productores Jóvenes El Triciclo
Asociación Colombiana de Directores de Fotografía ADFC
Asociación Colombiana de Sonido Cinematográfico ADSC
Asociación Colombiana de Cinematografía y Audiovisuales ACCA
Asociación Nacional de Festivales de Cine ANAFE
Asociación Nacional de Films Animados ASIFA
Mujer es Audiovisual
Mesa de Gremios del Sector Audiovisual Colombiano
Colectivo el Perro que Ladra
Profesionales del sector audiovisual firmantes

Respetados amigos:

Con mucha dedicación, hemos estudiado su carta del pasado 2 de mayo, firmada por 11 asociaciones y colectivos del sector cinematográfico y por 135 profesionales de todos los oficios y regiones del país, en relación con la más reciente convocatoria del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC). En particular, hemos anotado lo relacionado con el Estímulo Integral a la Producción y Promoción (EIPP).

El Consejo Nacional de las Artes y la Cultura en Cinematografía (CNACC) agradece esta discusión abierta, cuyas ideas de parte de ustedes, quizás, se hubiera preferido con una mayor anticipación, pero valora el tono de esta comunicación que fortalece el dialogo con la Mesa de Gremios.

Como quizás lo recuerden la presentación de la convocatoria 2014 del FDC se hizo dentro del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI) el pasado mes de marzo. Una vez realizada esta presentación, ella se acompañó de la divulgación habitual, incluidas dos sesiones aclaratorias de amplia presencia sectorial. Sin embargo, en aras de la claridad sobre los cambios introducidos, queremos reiterar las motivaciones que tuvo el CNACC, en el marco de la ley 814 de 2003, para adoptarlos.

Cabe reiterar que las decisiones sobre los recursos del FDC, tanto las aludidas en su comunicación como todas las demás, se toman de manera colegiada por el CNACC, órgano en el que tienen representación el Gobierno y, en forma mayoritaria, los agentes de la cadena de valor del cine (técnicos, realizadores, productores, distribuidores, exhibidores, y consejos departamentales de cine). Sobra decir que ellos participaron con sus ideas, aportes y propuestas en varias sesiones del CNACC.

En este sentido, la apertura de una nueva modalidad llamada Estímulo Integral a la Producción y Promoción, en la que pueden participar proyectos de animación, documental y ficción, obedeció a un análisis en el seno de dicho órgano en él que, de manera unánime, se consideró su pertinencia.

La obra cinematográfica desde los primeros renglones de la escaleta hasta la aparición de la palabra FIN en las pantallas es considerada un producto muy particular de la creatividad artística. Su carácter único se basa en el camino que, desde el comienzo, se labra una película. Un largometraje es concebido en la mente de un guionista para que sea desarrollado, ojala sin interrupciones, por un realizador y un productor y llevado a la cómplice oscuridad de un teatro, al electrónico parpadeo de un televisor o a la remota sala al aire libre y con luna llena de una de nuestras poblaciones.

Se busca, entonces, un proceso de producción con una línea estructurada desde el comienzo, sin las afugias de buscar financiación para el guión, después para los recursos para rodar, aquellos para montar y musicalizar, y finalmente, ya con los escasos dineros acabándose, para lanzar y estrenar en medio de muchas incertidumbres, la mayoría no artísticas. Evitar esas carencias fue una de las ideas que guiaron al CNACC a proponer la ruta que señala la convocatoria. Se propende, entonces más por una travesía que por un destino, para evocar a la Ítaca del poeta Constantino Kavafis.

Adicionalmente, entre otros elementos que el CNACC tuvo en consideración, se destacan:

1. De acuerdo con la ley 814 de 2003 es obligación del CNACC valorar la forma en la que se mueve el ámbito de la cinematografía en el país y proyectar los recursos del FDC al final de cada año con proyección al año siguiente. Visto este escenario, le compete definir prioridades y asignar recursos que no por amplios no son menos escasos.

Con la participación de los expertos y representantes sectoriales en el CNACC, se previó una disminución en el recaudo del FDC (fuente de los estímulos) debido al proceso de transformación del uso de las salas de cine. Hoy, por ejemplo, los teatros de cine exhiben ópera en directo desde los más reputados centros de esa expresión artística. Adicionalmente, la reducción anotada se va a ver magnificada, este año, con un número significativo de pantallas que tendrán una ocupación dedicada a los partidos de la Copa Mundial de Fútbol, programado durante el período de vacaciones. Como se sabe, esta época representa la mayor asistencia a salas.

2. Es evidente, de otro lado, que un cierto número de los inversionistas que se acogen a la deducción tributaria, también establecida en la Ley de Cine, ha disminuido. Lo es también el descenso de la taquilla pagada a los largometrajes locales. Ello, desde luego, restringe la permanencia del cine nacional en pantallas.

Varias hipótesis históricas y otras coyunturales pueden explicar los dos fenómenos ocurridos en los recientes dos años. Una de ellas: el costo de la producción y de la promoción del cine local que compite con películas internacionales que vienen apalancadas en una estrategia de mercadeo internacional y que están diseñadas para atender de manera masiva el mercado. Y estas estrategias le caben tanto a películas consideradas de autor como a taquillazos comerciales, sin mayor valor de producción.

A la luz del análisis de los proyectos por terminar y sus condiciones de competencia en el contexto comentado, el CNACC estimó oportuno que, a partir de este año, se apoyen dos largometrajes de manera integral en todas las etapas de la producción y la promoción.

La estrategia del CNACC no es una pretensión basada en el carácter comercial o autoral de las obras, sino que constituye una búsqueda de acción para encarar el desafío planteado. La decisión está tomada en el marco de las actuaciones responsables del CNACC para buscar la mayor eficiencia de los recursos públicos que alimentan al FDC.

En esta nueva modalidad, el comité evaluador analizará, como siempre, la calidad del proyecto y el conocimiento del productor de la audiencia al cual va dirigida, además de otras estrategias de comercialización, circulación y difusión referentes a su iniciativa.

3. Al introducir esta modificación, el CNACC considera que se generará un balance entre la preparación de proyectos que tengan en cuenta el circuito completo del arte cinematográfico y aquellos cuyos presupuestos destinados a la producción se mantienen igual que en el año anterior.

En esta situación, cambiar sobre la marcha de la convocatoria sus reglas anunciadas para este año, como ustedes lo solicitan, podría afectar la confianza legítima y, en general, la preparación de proyectos que otros cineastas no firmantes de la comunicación del 2 de mayo ya realizan.

El CNACC ha hecho partícipes a los integrantes de la industria en debates y en la construcción participativa de la política cinematográfica planteada al inicio de esta comunicación. Como queda reseñado, el CNACC no improviso al adoptar la convocatoria 2014, mucho menos puede hacerlo en su actual estado de avance. Por ello, no encuentra pertinente modificar la convocatoria 2014 del FDC.

Atentamente,

Claudia Triana de Vargas
Secretaria Técnica-Consejo Nacional de las Artes y la Cultura en Cinematografía

Se puede decir que el 2013 fué un año difícil para el cine colombiano, especialmente después del año anterior, que fue el año más importante para el cine colombiano en toda su historia al lograr el mayor número de estrenos (22) y la mejor asistencia (3’377,664 espectadores). En el 2013 los estrenos se redujeron a 17 y la asistencia cayó un 35.74% a 2’170.648 espectadores. El porcentaje dentro de la cartelera de cine en Colombia se redujo del 7.25% del 2012 al 4.43% de la taquilla y del 8.27% al 5.02% de la asistencia, que están por debajo de su posibilidad númerica dentro de los 244 estrenos del año en Colombia que fue casi del 7% 6.97%.

DAGO GARCIA LIDERA LA TAQUILLA

Como ya es costumbre desde hace algunos años, la taquilla y la asistencia al cine colombiano la pone Dago García con sus producciones anuales.

En el 2013 la empresa de Dago García fue responsable del 72.59% de la asistencia a cine colombiano en el año.

EL CINE INDEPENDIENTE MUESTRA DIVERSIDAD

El cine independiente, que está en “sandwich” entre las películas de Dago García y las ganadoras de estímulos del FDC, tuvo una pequeña representación de solamente 5 películas, 1 menos que el año anterior:


Este cine, financiado 100% con capitales privados y sin ningún apoyo de estímulos de la Ley de Cine, capturó el 15% de la asistencia al cine colombiano en el año.

LOS GANADORES DEL FDC SE “RAJAN” EN LA TAQUILLA

El restante 12.41% de la asistencia al cine colombiano en el año 2013 se la repartieron las 10 películas ganadoras de estímulos de Producción y Posproducción del Fondo de Cinematografía, que tuvieron su peor año al no convocar al público colombiano a la taquilla y además no llamar mucho la atención en los festivales de cine internacionales.

La única cinta de este grupo, que tuvo alguna resonancia fue Roa, del reconocido director Andi Baiz, director de Satanás y La Cara Oculta, que logró una taquilla decente, pero no espectacular, de un poco más de 160,000 espectadores.

Las restantes nueve películas:

Estas nueve producciones, ganadoras de los apetecidos estímulos del Fondo de Cinematografía de los años 2007, 2008, 2009 y 2010 sólo lograron reunir 104,999 espectadores entre todas, o sea un promedio de 11,666 espectadores cada una.

RESUMEN

En el año 2013 unas películas colombianas fueron buenas, otras regulares y una hasta calificó dentro de las peores del año. La poca divulgación de la mayoría de los títulos fue notoria y la mala taquilla resalto este hecho, pero a pesar de eso se oyeron quejas de algunos productores por la poca taquilla de sus películas, por no tener un tratamiento especial de parte de los exhibidores, por no contar con una cuota de pantalla, etc., pero sus protestas cayeron en oídos sordos ante este panorama de películas tan desolador.

Por Julio Luzardo

A pesar de ser una medida drástica tomada por los grandes estudios de Hollywood para convencer a los exhibidores de cine de Estados Unidos a cambiar sus viejos proyectores de 35mm por digitales nuevos, su aplicación impositiva para industrias nacionales y distribuidores pequeños como en el caso de Colombia es un golpe bajo para aquellos que pensaban que la tecnología abriría el mercado a una nueva era digital, alejada de los altos costos del cine en 35mm.

¿QUE ES EL VPF?

A partir del 2008, los exhibidores estadounidenses acordaron con los distribuidores y productores de los grandes estudios de Hollywood compartir los costos de la digitalización de las salas cinematográficas, por lo que se creó el formato del Virtual Print Fee (VPF – Cobro por Copia Virtual) el cual se aplicaría en todos los mercados donde tiene influencia el cine norteamericano, incluyendo América Latina.

El pago tiene como finalidad que los dueños de las salas de cine recuperen la inversión que hicieron para cambiar de proyectores de celuloide a digital. La cantidad a pagar es establecida por los exhibidores de cada país. Por ejemplo en México se cobra entre $800 y $850 dólares y en Colombia $700 por cada pantalla de cine donde se exhiba una película.

En teoría el cambio a digital ayuda a rebajar el costo de cada copia el cual es alrededor de $1,000 dólares c/u, dependiendo del metraje, la cual se puede exhibir en distintos cines. Sin embargo, la copia digital no es gratis ya que se incorporan costos de hechura de un DCP (estándar digital, que varía de costo dependiendo de muchos otros factores como finalización digital, costosas transferencias, discos duros, etc.) y además se pagarán los $850 $700 dólares acordados por cada pantalla que se utilice en su exhibición al público. En apariencia básica es un costo menor, pero en realidad puede ser el doble o el triple ya que es por cada sala diferente y no por copia el pago.

¿ES JUSTIFICABLE EL COBRO?

Para los grandes estudios de Hollywood, prácticamente dueños exclusivos de más del 85% de la taquilla mundial, es un negocio redondo donde aún en el peor de los casos se ahorran miles de millones de dólares anuales. Sólo basta con ver el estreno de cualquier “blockbuster” de la meca del cine, que se lanza normalmente con 2,600 hasta 5,000 copias en su mercado natural, Estados Unidos. El ahorro es -simplemente: multimillonario. No es lo mismo para países como Colombia donde buena parte de la producción son películas pequeñas que escasamente logran aruñar las migajas de público que dejan los grandes estudios. Y ni hablar de las pequeñas distribuidoras colombianas, que cada año tienen menos posibilidades de sobreaguar dentro de un mercado voraz donde el grande se come al chiquito.

EL COSTO DE HACER UN NEGOCIO

Así como se dice popularmente “gajes del oficio”, lo mismo se aplica a cualquier negocio en cuanto a sus reglas y sus costos correspondientes. En el caso de una sala de cine, la proyección es simplemente una parte de la inversión, junto con la silletería, la pantalla, el equipo de sonido Dolby de última generación, el local, la construcción y la adecuación para recibir al público. Todos estos elementos son fundamentales y necesarios simplemente para “arrancar”. En otras palabras, estos son los costos básicos de entrar a ese negocio. Cualquier adelanto tecnológico -así sea mucho más costoso que lo que se está reemplazando- es “parte del negocio”. Exigirle al distribuidor, representante o productor de cine una cuota adicional por adelantos normales de tecnología es como si en supermercados como los de Carulla o el Exito les exigieran a sus proveedores una contribución para facilitarle a las cadenas cumplir con sus adelantos tecnológicos para poder brindar un servicio que es obligatorio para poder competir hoy en día.

¿COMO ESTA REPARTIDA LA “TORTA” DEL NEGOCIO DE CINE EN COLOMBIA?

Debido a muchas razones, en los últimos 15 o 20 años han ido desapareciendo los grandes cinemas de antaño y los pequeños teatros de barrio, suplantados por costosos complejos cinematográficos que van desde 2 hasta 24 o más pantallas en un solo sitio o como parte de gigantescos centros comerciales, donde el “gancho” del cine es una de sus principales atracciones.

Con la desaparición de los viejos teatros también han cambiado las reglas del juego y se ha reducido apreciablemente el número de los actores principales, que se han visto ahora acompañados o asociados con empresas multinacionales norteamericanas o mexicanas.

Dependiendo de la negociación individual de cada película, donde las más taquilleras se llevan un  porcentaje más grande del recaudo, el promedio que le queda al exhibidor generalmente puede ir desde el 50% hasta el 65% de cada boleta.

Ahora -más que nunca- se nota la separación entre los exhibidores y los distribuidores de cine, aunque hay algunos que manejan ambos lados del negocio.

LOS EXHIBIDORES DE CINE

En cuanto a los grandes exhibidores, Colombia está claramente repartida entre cinco grandes cadenas exhibidoras, que dominan el 87,10% de las pantallas y recaudan el 94,65% de la taquilla del país, como se puede ver en la siguiente gráfica:

LOS DISTRIBUIDORES DE CINE

Como es de esperarse, los seis grandes estudios de Hollywood dominan la distribución de cine en Colombia a través de alianzas como la de Cine Colombia, que a la vez que distribuye cine independiente adquirido por ellos, también es el representante de la Fox y Warner Brothers y es responsable del 44,07% de la taquilla colombiana en el 2013. United Internation Producers (UIP), con el 30,80% del mercado, es una empresa norteamericana que reune otros tres grandes estudios, Universal, Sony/Columbia Tristar y Paramount, a la vez que distribuye una o dos películas colombianas anuales. Disney, que lidera la lista individualmente con el 20,55%, es parte fundamental del conglomerado de Cine Color Films, empresa chilena que aparte de dar servicios de revelado de cine y posproducción digital, ahora también está empezando a ser el más grande de los pequeños distribuidores al dominar el 1,55% del mercado colombiano en el 2013. El restante 3,03% del mercado nacional está en manos de unas pocas empresas como Cineplex, Babilla Films, Procinal, V.O.Cines, Venus Films y otras, que no logran llegar al 1% c/u del total.

A FIN DE CUENTAS, ¿QUIEN COBRA EL VPF?

Sin contar con cifras exactas -si es que existen- desde hace más de cuatro años el cobro ha estado manejado más o menos a la libre discreción de los exhibidores colombianos y las grandes multinacionales que han invertido en este negocio en Colombia, como la norteamericana Cinemark y la mexicana Cinépolis. Se sabe a ciencia cierta que dos de los grandes exhibidores, Procinal y Royal Films, ambas empresas netamente nacionales, no cobran el VPF, pero que los otros sí, con contadas excepciones. De cierta forma, depende de la negociación que se hace con cada película, especialmente las que no están involucradas directamente con la negociación de los grandes estudios de Hollywood.

¿ES JUSTO EL COBRO?

Nuestra opinión siempre ha sido que la digitalización es el costo normal de estar dentro del negocio y adelantos tecnológicos que favorecen a la industria y al espectador, son necesarios para avanzar en una mejor experiencia y mantener al cine competitivo dentro de un mercado donde la piratería, internet y nuevas formas de entretenimiento lo amenazan a diario. Tristemente, algunas salas pequeñas y alejadas de los nuevos adelantos, no podrán seguir funcionando bajo los nuevos esquemas, pero ese es el daño colateral de los avances modernos en cualquier industria. O se evoluciona o se muere.

Sin embargo, una fórmula adaptada a la medida de los grandes estudios de Hollywood, no se puede ni se debe adaptar a productos nacionales o de otros países donde este tipo de “subvención a la fuerza” no tiene sentido, es un costo adicional para los que no tienen casi ningún beneficio directo y le añade un costo innecesario al producto nacional, que no cuenta con grandes mercados fuera de su propio país de origen. Para no ir más lejos, el ejemplo de Colombia es muy claro. En los siguientes dos cuadros, veremos con estadísticas del año que acaba de terminar -el 2013- que el cine norteamericano domina las pantallas del país de una forma abrumadora: el 90,07% de la taquilla total del año y el 91,72% de los estrenos.

ALGUNOS EJEMPLOS DE LA APLICACION DEL VPF

No es nuestra intención hacer un estudio detallado de los efectos de esta “fórmula” inventada por Hollywood para apaciguar a los exhibidores de Estados Unidos, que les producen billones de dólares al año, sino demostrar lo dañino que puede ser al aplicarse dentro de un mercado relativamente pequeño como el nuestro. En un sencillo muestreo de tres películas recientes, 2 colombianas y 1 francesa, vemos el siguiente resultado: la película colombiana La Sirga tuvo 545 espectadores en el Cinépolis Calima de Bogotá (de los estimados $545 dólares(*) que le tocaría de la taquilla se le restan los $700 del VPF y queda a deber $155 dólares), la película francesa Renoir en El Tesoro de Medellín de Cinemark logró 607 espectadores (de los $607 dólares que le corresponden, se le quitan los $700 del VPF y queda a deber $93), la película colombiana Edificio Royal sólo obtuvo una entrada de 644 personas en el Multiplex Titán de Cine Colombia (a los $644 dólares que debería recibir, se le restan los $700 del VPF y le quedarían $56 por pagarle al exhibidor)… Y estos son solamente tres casos escogidos al azar dentro de los miles que se pueden reseñar como ejemplos.

¿A QUE SE DEBE EL SILENCIO DEL CNACC?

Extrañamente, a pesar de ser un tema que es fundamental para la industria de cine en Colombia, el VPF nunca se ha discutido seriamente dentro del Consejo de Cinematografía y, obviamente, nunca ha sido una “prioridad” en su agenda. El CNACC, al estar conformado por miembros del gobierno, representantes de los exhibidores, distribuidores, productores, directores, técnicos, artistas y consejos departamentales, no es solamente el sitio ideal para discutir un tema que afecta tanto al cine en Colombia, sino que es un deber del gobierno si verdaderamente quiere apoyar o no a nuestra industria. Ya es hora de romper el silencio.

EN RESUMIDAS CUENTAS…

Una negociación hecha totalmente en Estados Unidos entre los seis “grandes” de Hollywood y NATO (la Asociación de Exhibidores de Estados Unidos), no se debería aplicar aquí en Colombia, en detrimento del cine nacional y los pequeños distribuidores de cine colombianos. Se debería estudiar la posibilidad de excluír de este cobro al cine colombiano y al cine extranjero de calidad que venga de otras latitudes y que no estén de ninguna manera ligados con cualquiera de los grandes estudios que firmaron este pacto.

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LOS INVITAMOS A QUE PARTICIPEN CON SUS COMENTARIOS

(*) Es una práctica generalizada y fácil de aplicar de la industria de exhibición cinematográfica en Colombia calcular en un dólar ($1) por cada espectador que ingrese a ver una película como el porcentaje que le toca al Productor o dueño de la película después de descontar el porcentaje del exhibidor y del distribuidor y otros gastos menores. 

Datos estadísticos de CadBox Colombia

A pesar de todos los esfuerzos que hacen algunos productores para echarle la culpa de la mala taquilla de sus películas a los exhibidores, a la competencia del cine de Hollywood, a la falta de la mítica “cuota de pantalla” que cura todos los males o a la supuesta ignorancia o falta de cultura cinematográfica de nuestro público, la solución se encuentra en la buena escogencia de temas, la utilización de géneros comerciales y en la realización final, que deberá estar ajustada al ritmo del cine moderno, con agilidad, historias interesantes, personajes memorables, fotografía espectacular y -sobre todo- entretenidas.

10 AÑOS DEL “NUEVO” CINE COLOMBIANO

Hemos recopilado minuciosamente las estadísticas de taquilla y asistencia de las 119 películas colombianas que se han exhibido en el país desde que empezó a funcionar la Ley de Cine 814 en el año 2003 y las hemos repartido en 16 géneros generales para entender mejor el fenómeno de la asistencia a cine. Aquí no estamos escogiendo a dedo ni las mejores ni las peores películas. Esa labor desagradecida se la dejamos a los críticos calificados. Por fortuna, en este resumen las cifras hablan por sí solas:

COMEDIA (34,59% del Total)

Gracias al esfuerzo continuado de Dago García y al de Harold Trompetero últimamente, la comedia es el género que más taquilla ha generado en estos años, copando más de 1/3 parte de todos los recaudos de cine colombiano en estos años. Con $50’124.344.683 pesos en taquilla y 7’294.367 espectadores, las cifras son abrumadoras. Sin embargo, en la gráfica siguiente podemos notar que de las 20 películas reseñadas, solamente dos, Mamá Tómate la Sopa y Nochebuena (resaltadas por el color amarillo), fueron financiadas inicialmente por estímulos por concurso del FDC, que demuestra claramente que la comedia no es el género favorito de los jurados de turno y que seguramente escogieron estos dos únicos ejemplos porque pensaron que eran dramas… (???)

DRAMA (19,28% del total)

La clasificación de drama es la más amplia de la muestra porque incluye toda clase de sub-géneros que la vuelven difícil de catalogar entre todas las diferentes variables. Con 40 títulos en la categoría, una taquilla de $27’933.795.788 pesos, una asistencia de 3’955.365 personas, y casi un 20% del total, la vuelven el segundo género más taquillero de nuestra investigación. Se puede decir que es la que más caracteriza al cine colombiano de estos años. (Seguimos resaltando en amarillo las películas que han obtenido estímulos de Producción del FDC y en azul las que han recibido estímulos de Posproducción)

VIOLENCIA/DROGA (9,23% del total)

A pesar de ser uno de los temas, junto con narcotráfico y el conflicto armado, que más tiene en su mente el público colombiano al pensar en nuestro cine, en realidad el número de películas no es tan grande como el de los primeros dos géneros de este estudio. Con $13’376.418.774 pesos de taquilla y 1’978.973 de asistencia, la violencia y la droga extrema escasamente cuenta con un 10% dentro del gusto del público.

COMEDIA/DRAMA (9,22% del total)

Posiblemente entre todos los géneros el más difícil de lograr bien es el de comedia/drama. Al combinar hábilmente los elementos básicos de comedia, humor negro y situaciones dramáticas realizadas totalmente en serio, puede resultar una mezcla muy entretenida que paga grandes dividendos en la taquilla, como lo comprueban las primeras cuatro películas dentro de este género poco competido de solamente siete títulos al lograr entradas de más de 300,000 espectadores cada una. Con $13’355.938.891 pesos de taquilla total y 1’809.026 espectadores, casi iguala las cifras de violencia y droga.

NARCOTRAFICO (8,06% del total)

Otro de los temas -el narcotráfico- que supuestamente está más grabado en la mente del público colombiano como la característica más significante, no es tan voluminoso o importante dentro de la muestra al solo tener siete títulos directamente ligados a este género. Con entradas de $11’677.031.827 pesos en taquilla y 1’729.374 espectadores, está por debajo de los temas de violencia/droga y comedia/drama. Es interesante notar que la película El Cartel de los Sapos, líder absoluto de este grupo, tuvo una taquilla espectacular de $3’155.260 dólares en el 2013 en México y $3’042.064 dólares en el 2012 en Venezuela, doblando las entradas en Colombia en ambos casos. Sin embargo, un supuesto estreno de la película en el 2013 en el difícil mercado de Estados Unidos no arrojó ningún dato de taquilla o asistencia en el país del norte.

CONFLICTO ARMADO(7,56% del total)

Otro de los temas -el conflicto armado- que supuestamente más caracteríza al cine colombiano en la mente del espectador, no tiene la presencia numérica que se le asigna normalmente y con cinco títulos no es una muestra muy grande. Con una entrada total en taquilla de $10’950.295.185 pesos y 1’696.825 asistentes, buena parte de estas cifras se deben a una sola película, Soñar No Cuesta Nada. Sin embargo, sorprende mucho que una película con excelente personajes y una trama que se sale de los parámetros de este género, respaldada con una excelente factura, La Pasión de Gabriel, logró sobrepasar los 220,000 espectadores. Pero por el lado negativo está el increíble “tour de force” de Spiros Stathoulopoulos PVC-1, que es una de las películas más singulares que se haya hecho en el mundo, pero que en Colombia no despertó mucho interés por falta de la divulgación apropiada.

MISTERIO/SUSPENSO/HORROR(7,37% del total)

Este es uno de los géneros más apetecidos dentro del mundo del cine porque casi siempre tiene buenos resultados de taquilla, como se puede ver en las primeras tres películas de la muestra, todas por encima de los 300,000 espectadores. Sin embargo, Perder es Cuestión de Método, que le juega a diferentes estilos y no es muy claro en su género, no logró sobrepasar los 253,000 espectadores. La Cara Oculta logró una taquilla de $3’217.832 dólares en el competido mercado de España (2011) y ha tenido una carrera exitosa en otros países. Con una taquilla de $10’673.637.710 pesos y 1’553.097 espectadores, éste es un género al que toca apostarle más seguido.

ACCION Y SUSPENSO(2,60% del total)

Este es un género que poco se ha tocado en Colombia ya que es casi un sinónimo del cine hecho por los grandes estudios de Hollywood, que siempre vienen acompañados de muchos efectos especiales y presupuestos que superan fácilmente los $50 millones de dólares y de ahí para arriba. Sin embargo, gracias a las experiencias ganadas en series hechas en Colombia para Fox-Telecolombia, Sony y otras empresas, se están empezando a ver resultados en la pantalla grande y seguramente se verán más películas de este género en el futuro. Mientras tanto, por ahora tocará conformarse con una taquilla total de $3’771.383.150 pesos y 531.677 espectadores, que es la más baja de los ocho géneros de cine más taquilleros del país.


LOS QUE NO LOGRARON NI EL MINIMO(2,10% del total)

Los siguientes ocho géneros no lograron individualmente llegar al 1% del total c/u o sobrepasar la cifra de los mil millones de pesos de recaudo por taquilla y entre los ocho escasamente pudieron reunir el 2.10% de toda la muestra, aún contando con 22 películas reseñadas (el 18.49% del total de 119).

CINE DE AUTOR(0,46% del total)

Aquí es donde se encuentran las películas realizadas con los presupuestos más bajos, la mayoría con “actores naturales” o con uno o dos actores profesionales, más afines con el cine documental que con el de ficción, realizadas con un solo propósito y para un solo público: el de los festivales de cine. Con una taquilla total de solamente $673’030.100 pesos y 93.065 espectadores, este es un género que no despierta mucho interés en el público.

DOCUMENTAL(0,42% del total)

El documental, con muy contadas excepciones, siempre ha sido muy difícil de venderle al público general que está más acostumbrado a ver este tipo de género en la televisión gratis. Con $602’879.750 pesos en taquilla y 87.093 espectadores, se encuentra muy cerca a los resultados del Cine de Autor, que es un buen punto a favor si se compara con el cine argentino donde la mayoría de los documentales no logran llegar ni a los 1.000 espectadores cada uno.

DRAMA SOCIAL(0,39% del total)

El drama social sigue más o menos el mismo esquema de producción del Cine de Autor y está igualmente dirigido al público de los festivales de cine, pero con un componente más social que humano. Con una taquilla total de $570’786.672 pesos y 84.757 espectadores, no está muy alejado de las cifras de Cine de Autor y del Documental.

RESTANTES(0,82% del total)

El grupo sobrante de seis películas dentro de cinco géneros son como las cintas “diferentes”, así en otros países estos géneros sean muy populares y taquilleros. En animación, por ejemplo, estamos muy lejos de poder competir con otros países, aún de la misma región, y géneros como los de fantasía, sexo, música y ciencia ficción no se dan con mucha frecuencia. El total de estos diferentes géneros es de $1’192.781.069 pesos en taquilla y 155.473 espectadores, gracias a dos de las películas, Entre Sábanas y El Angel del Acordeón, que aportaron la mayoría de la taquilla y del público.

CONCLUSION

Esperamos que con este estudio se puedan clarificar algunos conceptos erróneos sobre el tipo de cine que se ha hecho en Colombia en los últimos diez años y su impacto en la taquilla. Sin embargo, vemos con preocupación que los recaudos de las películas han ido cayendo en el último año y que los “años dorados” de los primeros años de la Ley de Cine 814 ya son memorias casi olvidadas del pasado.

Julio Luzardo

¿Se justifica invertir 4.000 millones para traer una película de Hollywood cada 4 o 5 años? ¿Quién se beneficia de estos dinero$? ¿Estará en el sitio equivocado la nueva Comisión Fílmica Colombiana? Un viejo dicho de Hollywood durante la época de cine mudo era a tree is a tree, a rock is a rock, let’s shoot it in Griffith Park, que quería decir, un árbol es un árbol, una piedra es una piedra, filmemos en Griffith Park. Puesto en otras palabras, quería decir que no era necesario desplazarse a alguna parte del mundo para lograr lo que se podía hacer en los grandes estudios de Hollywood o sus alrededores, donde se duplicaba cualquier selva, desierto, calle de Nueva York, una frutería exterior en Paris, pueblo fantasma del oeste, etc., sin salirse del área de Los Angeles. En condiciones casi perfectas los técnicos especializados podían reproducir no solamente una gran tormenta marina, el ataque de hormigas de Marabunta, las lluvias torrenciales de Key Largo, el terremoto de San Francisco y muchas otras escenas memorables del cine que se veían en las pantallas de cine en los años ’30 hasta más o menos los finales de los ’80, cuando empezaron a aparecer los efectos digitales, la nueva edición no-lineal, mayor realismo en la pantalla y sobre todo, el movimiento de cine independiente, que le quitó totalmente la supremacía a los grandes estudios. Ciudades como Vancouver, Canadá, le quitaron el protagonismo como sitio de filmación a la Meca del cine por su calidad, técnicos, actores, infraestructura logística y, por encima de eso, mejores precios y menos problemas sindicales, apoyados por Comisiones Fílmicas que colaboraban desde la parte gubernamental local para atraer compañías productoras con los bolsillos llenos de dólares, que dejaban millonarios gastos en utilización hotelera, alimentación, extras, alquiler de locaciones, transporte y todo lo relacionado con filmaciones multi-millonarias que involucran todos los procesos de la vida diaria de una comunidad y dejan jugosos dividendos para repartir a diestra y siniestra. La llegada de un gran equipo de filmación de Hollywood a cualquier sitio es casi al nivel de encontrar oro en el río cerca al pueblo.

Un buen ejemplo de las filmaciones de antaño y el sistema utilizado por Hollywood para imitar la realidad a su manera es la película de la Metro-Goldwyn-Mayer Fuego Verde de 1954, que supuestamente sucede en Colombia, pero que se realizó casi totalmente en los estudios de la Metro en Culver City, duplicando los escenarios donde se encuentran las esmeraldas, tema principal de la película. Sin ir más lejos nos recuerda con claridad la frase “un árbol es un árbol, una piedra es una piedra”….

Sin embargo, como paliativo, se hicieron algunas tomas en Colombia con los actores principales, Grace Kelly, Stewart Granger y Paul Douglas, más que todo como gancho publicitario para la película y no como parte integral o realista de la misma.

Posteriormente, en Colombia se filmaron las super-producciones Los Aventureros, Quemada, La Misión, Crónica de una Muerte Anunciada, Cobra Verde, un sinnúmero de películas italianas de bajo presupuesto filmadas en Cartagena y últimamente Amor en los Tiempos del Cólera.

No es un número muy significativo en un período de más de 40 años. No llega a una película cada seis o siete años, en promedio. Además, por temor a filmar en Colombia, otras dos se hicieron en Ecuador, Prueba de Vida con Meg Ryan y Russell Crowe, y María, Llena Eres de Gracia con Catalina Sandino.

Otras, que se supone tenían escenas en Colombia, como Romancing the Stone (La Esmeralda Perdida) con Kathleen Turner y Michael Douglas, Daño Colateral con Arnold Schwarzenegger y John Leguizamo, Mr. Mrs. Smith con Brad Pitt y Angelina Jolie, Clear and Present Danger con Harrison Ford, se filmaron tranquilamente en México y en los estudios de Hollywood.

También se hicieron en el país películas de bajo presupuesto como Orgullosos, Malditos y Muertos, con Chuck Connors, y Paco, con José Ferrer, pero éstas no califican dentro del término super-producciones, que se supone que son las que dejan una estela de dólares regados por todos lados.

Si somos realistas, no se están haciendo grandes producciones cinematográficas con escenarios colombianos sino cada tres o cuatro años, así se filmen aquí, en México, en Ecuador, o donde sea. Aunque nosotros estamos convencidos que somos el centro del universo, la verdad es que para muchos norteamericanos, ingleses y europeos, Colombia ni siquiera existe o la confunden con algún país africano. Para los que la conocen tenemos una imagen negativa creada por el narcotráfico, la guerrilla terrorista, el secuestro de Ingrid Betancur, la violencia que ven en las películas de Víctor Gaviria, en Satanás, en Perro Come Perro, en las noticias. Y para colmo de males, las empresas aseguradoras especializadas en cine no quieren tomar el más mínimo riesgo con películas que se filmen en Colombia, cerrándole la puerta a muchas propuestas interesantes. En fin, no es un panorama muy alentador. Esta es la imagen que una Comisión Fílmica debe borrar antes de empezar a vender sus locaciones o escasa infraestructura, que está muy por debajo de muchos otros países competidores, porque existe en realidad una gran competencia entre las más de 300 comisiones fílmicas registradas, que luchan y hacen lobby por agarrarse un pedazo de ese pastel lleno de dólares que puede significar una filmación. La Comisión no se puede sostener solamente con películas que tengan temas colombianos de talla internacional, ya que como hemos visto, no hay demasiados proyectos por ese lado. Si va a intentar sobrevivir por sí sola, va a tener que ofrecer mucho más que un simple escenario para películas con temas que tienen algo que ver con el país. Por ejemplo, la ciudad de Vancouver y sus alrededores, que se ha vuelto el sitio mundial de mayor competencia de Hollywood, lo ha logrado por tener no solamente un mismo idioma en común, sino por contar con una infraestructura de equipos, estudios, técnicos, actores y locaciones que fácilmente suplantan a los de Estados Unidos a un precio mucho más económico y sin tantos problemas. En el caso colombiano estas producciones extranjeras no han dejado una huella significativa en la cinematografía colombiana ya que los puestos asignados a los técnicos locales son de muy baja monta y el colombiano está relegado a ser el peón o carga-bultos de los extranjeros que vienen. Se puede decir que aquí sencillamente vienen, filman y se van. Aquí no estamos en posiciones privilegiadas como en México o Argentina, donde se respeta al técnico local o se tiene que pagar por su desplazamiento forzado. Una Comisión Fílmica colombiana tiene que pensar en todo esto antes de dar cualquier paso. A fin de cuentas, ser la “puta” del paseo, no es exactamente la mejor posición para encontrarse en una situación como ésta y cualquier plata invertida por el país anfitrión en este renglón es dinero que se le quita al cine nacional. Tenemos que recordar que el espíritu de las Comisiones Fílmicas nació de la necesidad de facilitarle el camino a producciones cinematográficas, de eliminar trabas gubernamentales, de acabar con el innecesario papeleo en la concesión de visas de trabajo temporal en el país para actores y técnicos extranjeros, de aligerar los engorrosos trámites de aduana para importación temporal de materiales y equipos, de servir de enganche oficial entre el gobierno y las empresas productoras que decidan filmar en el país, de controlar filmaciones piratas o dañinas para la imagen local, de guiar a los productores para abrirles puertas y asegurarse que tengan menos problemas al filmar en locaciones exóticas en un país desconocido. Son muchísimos detalles importantes que van más lejos de ser un simple vehículo para darle trabajo a los amigos y un medio para pavonearse por diferentes ferias del mundo a costillas de plata del gobierno.

Una Comisión Fílmica no ha existido como tal en el país, pero se han hecho varios esfuerzos en esta dirección que vale la pena recordar. En el año 1987 Focine publicó un libro de pasta dura titulado Colombia, the set (Colombia, el escenario), muy bien editado para la época, que fue una de las últimas realizaciones que tuvo la desaparecida Compañía de Fomento Cinematográfico antes de cerrar ese capítulo de la historia del cine colombiano. El libro, compuesto de 128 páginas, lleno de fotografías a color de locaciones y descripciones en detalle de varias regiones del país que podían servir de fondo para filmaciones, que se debería divulgar mundialmente como gancho para atraer productores extranjeros. Desafortunadamente, el libro no tuvo una adecuada distribución, que era una de las principales características de casi todo lo que se hacía a través de Focine y la mayoría de estos libros terminaron arrumados y olvidados en una de las bodegas del Patrimonio Fílmico Colombiano donde permanecerán para la posteridad como otro intento fallido de la no muy afortunada dependencia gubernamental. Aunque se ha querido aparentar que la idea de una Comisión Fílmica para Colombia es algo nuevo y novedoso, hace más de 16 años, en el mes de Julio de 1992 el director de FOCINE de ese momento, Javier Cortazar Mora, le aprobó a Piedad Bonilla, una colombiana radicada en Estados Unidos y muy conocedora de estos temas, la idea de invitar, con todo los gasto pagos, a varias personas especializadas en locaciones de cine en Hollywood para visitar a Colombia y promoverla como lugar fílmico. El recorrido de casi dos semanas comenzó en Bogota, donde visitaron todos los sitios turísticos más representativos. Partieron por carretera a Villa de Leyva, se quedaron en el Hotel y Centro de Convenciones de Paipa, aprovechando las aguas termales. Siguieron a Bucaramanga, pasaron por sitios muy bellos, incluyendo el Cañon del Chicamocha hasta terminar en Girón, Santander. Por avión llegaron a Cartagena, donde hicieron recorrido por carretera de Barraquilla y Santa Marta. El grupo recorrió el país a sus anchas, plenamente documentado con excelentes fotos en un extenso artículo de la revista Location Update, que le dio la vuelta al mundo y llegó al escritorio de todos los interesados en el tema. Se dejó de visitar Medellín por razones de seguridad y porque por esa época Pablo Escobar se había escapado de la Catedral. Tampoco se visitaron los Llanos Orientales, ni el sector amazónico. Los ilustres visitantes atravesaron el país por tierra, aire, y un recorrido en lancha que terminó en Ciudad Pérdida. Como culminación, se les organizó una reunión en Bogota con directores, guionistas y casas productoras de cine en Colombia para hacer un acercamiento entre los ilustres visitantes y los medios de producción más importantes del país.

A raíz de esta visita tan importante de 1992, al siguiente año y a través de PROEXPO, con la gran ayuda de Douglas Montgomery, director de la entidad en Los Angeles, Colombia participó con un stand en la feria anual de la AFCI (Asociación de Comisiones Fílmicas), que se realizó en Santa Mónica, California, pero tristemente en ese momento nadie en Hollywood quería filmar en Colombia por razones obvias de seguridad. Ahora nos vemos afrontados a un nuevo intento de darle vida a un proyecto que nos da la impresión de no haberse estudiado como se lo merece, de no contar con una evaluación de la experiencia adquirida durante 40 años o haber estudiado a fondo la valiosa experiencia hecha por Focine en el ’92 y ’93 y, lo que es peor, de no tener un rumbo bien definido o planificado. De acuerdo a un artículo publicado el día 20 de Abril del presente año en el periódico El Tiempo, el gobierno le asignó la suma de 4.00 millones de pesos durante tres años al ente Proimágenes en Movimientos para crear la Comisión Fílmica Colombiana, cifra nada despreciable y muy cercana a los 5.000 millones que se aprobaron este año como apoyo directo al cine colombiano a través del Fondo de Cinematografía, que favorece a todo el sector, y es el motor principal del boom cinematográfico actual. Por lo que se puede leer en el artículo, Proimágenes ya recibió 450 millones de pesos y espera recibir otros 1.000 millones antes de fin de año. Según el artículo, ya se hizo una cuantiosa inversión en investigaciones y en fotos y otros materiales audiovisuales, pero cometieron el gravísimo error o descuido de no asistir o participar activamente en la única feria del sector, la de la Asociación de Comisiones Fílmicas, que se celebró durante los días 11, 12 y 13 de Abril en su sede acostumbrada de Santa Mónica, California, cita absolutamente indispensable si la idea de la nueva Comisión era la de llegarle a los productores de Hollywood y del mundo entero que tienen proyectos para realizarse en los próximos meses. Sin embargo, en el mismo artículo anuncian, como gran cosa, como si fuera una excelente oportunidad, que van a asistir al Festival de Cine de Cannes que es, como en los comerciales de Davivienda, estar en el lugar equivocado, o por lo menos en lo que se refiere a locaciones y a negocios de una Comisión Fílmica como la Colombiana, ya que éste es un festival para vender y lanzar películas terminadas y no para buscar locaciones para películas en pre-producción. Eso lo sabe cualquier persona medianamente conocedora del tema. Si el caso es el de darle caché al intento equivocado, de hacer bulla en los medios que no distinguen una cosa de otra y tratar de justificar ante el gremio cinematográfico los gastos hechos hasta el momento, es entendible desde un punto de vista superficial, engaña-bobos, pero se nos hace muy torpe esta actitud, que demuestra claro desconocimiento de la labor que tienen entre manos los directivos de Proimágenes y sus asesores cercanos, que además han sido los directos beneficiados de los primeros dineros entregados por el gobierno para esta labor. Por lo que dice el artículo de El Tiempo, no es un problema de dinero, 450 millones de pesos dan para muchas cosas, entonces ¿qué se pretende con estas acciones desacertadas? ¿Se están duplicando labores que ya está ejecutando eficientemente desde hace muchos años la división de cine del Ministerio de Cultura con buenos resultados? ¿Por qué no se le asignó a esa misma Dirección de Cine la labor de la Comisión Fílmica?¿Por qué un país cinematográficamente pequeño como Panamá consideró tan importante el evento de Santa Mónica que mandó no solamente cuatro importantes representantes, incluyendo una Vice-Ministra, sino que también colocó un stand con buenos elementos visuales y Colombia brilló por su ausencia? ¿Quién decidió que era más importante ir a Cannes con todos los bombos y platillos e ignoró olímpicamente a la poco glamorosa feria de Santa Mónica?

Frente a todas las experiencias claramente expuestas aquí, ante la duda que nos planteamos si se justificar la inversión de 4.000 millones de pesos cada tres años para atraer una posible super-producción al país cada 4 o 5 años, de no contar con un estudio serio sobre el impacto verdadero de estas producciones que vienen, aprovechan nuestros paisajes, nuestros bajos costos y no dejan casi nada en retribución para el cine nacional, de no haber estudiado a fondo el grave problema de la falta de respaldo de las compañías aseguradoras que lo único que aseguran en sus agendas es un futuro color de hormiga para Colombia, de haber demostrado claramente que no se tiene concepto de los requerimientos básicos de una Comisión Fílmica y sus labores, de no saber a ciencia cierta con qué criterio se está manejando el tema, de no tener en claro cómo se está invirtiendo esa cuantiosa suma de dinero y, sobre todo, quién se está beneficiando directamente de todos estos errores, nos hacemos esta sencilla pregunta: ¿para dónde vamo$$$$? ¿Dónde está el piloto?

j_luzardo@hotmail.com

Este año se cumplieron los diez años de la Ley de Cine 814. Sin intentar hacer un balance más objetivo de la Ley en este momento, hemos recopilado varios artículos que han salido en diferentes medios en los últimos meses opinando sobre los alcances de esta Ley, que ha resucitado literalmente al cine colombiano, que en los años noventa del siglo pasado estaba casi agonizando.

Hemos tratado de hacer un balance equitativo entre la visión color de rosa oficialista del Ministerio de Cultura y Proimágenes, la supuestamente objetiva de Mauricio Reina que -generalmente- mantiene una posición alejada en estos asuntos, pero que en este caso sigue los lineamientos de Fedesarrollo, que está intimamente ligado a los dos entes estatales que manejan la Ley, y la de los críticos independientes como Jerónimo Rivera, Oswaldo Osorio y nuestro colega y amigo que se esconde detrás del simpático seudonimo de “Anita de Hoyos”.

Como van a ver, todas estas opiniones son muy valiosas, pero basicamente siguen la pauta de las cifras oficiales y los intereses del gobierno, pero no empiezan a cuestionar ciertos aspectos más en detalle, que nos reservamos el derecho de hacerlo, pero dentro de unos dos o tres meses. Sin embargo, por ahora vamos a colocar unas cifras que pueden aclarar algunos puntos generales:

  • Se insiste en que la Ley impulsó al Cine Colombiano de un promedio de 3 películas anuales en los años anteriores a la Ley a más de 10 o 12 con la Ley, que es una cifra que no se ajusta a la realidad. El hecho es que la Ley empezó con el pie derecho al contar con más de treinta películas ya terminadas o en proceso de terminación en el año 2003, que fueron la base del cine colombiano en los siguientes tres años. Esta es la cifra más grande de producción que ha tenido el cine colombiano antes y después de la Ley de Cine. Por eso los primeros fondos de la Ley se utilizaron para ayudarle a diez de estas producciones en sus costos de posproducción y promoción antes de hacer la primera Convocatoria de Producción en el año 2005. Las 23 películas (incluyendo las de Dago García) que iniciaron este nuevo proceso, totalizan el 20.72% de las 111 películas exhibidas en Colombia desde el inicio de la Ley de Cine.
  • Aunque las cifras oficiales aparentan como si todo el cine realizado desde el inicio de la Ley tuviera apoyo de los fondos del FDC (Fondo de Cinematografía), la realidad es otra. La mayoría de las películas exhibidas en estos 10 años, 74 para ser exactos (o el 66.67%), fueron producciones que arrancaron sin ningún estímulo de la Ley de Cine. Posteriormente, 23 de estas películas recibirían $2’491 millones de pesos en premios de posproducción a través de Convocatorias del FDC en esta área. Películas tan importantes como Del Amor y Otros Demonios, García, Sin Tetas No Hay Paraíso, El Jefe, Saluda Al Diablo de Mi Parte, Porfirio, El Cartel de los Sapos, La Milagrosa y todas las realizadas por Dago García en estos años, no tuvieron ninguna clase de apoyo del FDC antes de sus estrenos en salas.
  • Se habla de cifras multimillonarias que ha invertido el FDC en el cine colombiano, pero no se hace mucho incapie que esas cifras se deben casi totalmente al extraordinario crecimiento del medio cinematográfico de exhibición en el país y a la tecnología del 3-D en los últimos cinco años y a películas de los grandes estudios de Hollywood, que han llegado casi a los tres millones de espectadores en algunos casos. En el 2003, cuando empezó la Ley, la asistencia a cine en Colombia era de 17 millones de espectadores al año pero, gracias al constante crecimiento anual, en el 2012 ya había subido a 41 millones.
  • Aparte de los estímulos no reenvolsables de la Ley de Cine representados en Convocatorias por concuso o automáticas, los Certificados de Inversión o Donación representan una parte muy importante de la financiación de una película al atraer inversionistas por medio de descuentos tributarios favorables. Sin embargo, esta parte de la Ley depende 100% del esfuerzo personal de cada productor y está basado en los buenos resultados de taquilla para que funcione a la perfección. Sin embargo, las cifras son engañosas ya que la simple autorización o registro no nos dice nada a no ser que la producción se haya realizado a satisfacción de todos los involucrados, donde la DIAN tiene mucho que ver, o -al contrario- son películas que nunca se han realizado y obviamente no tienen derecho al descuento sobre la supuesta inversión. De hecho, casi el 12% de las películas que han recibido esta aprobación por parte de Proimágenes, nunca se realizaron. Por otro lado, más de una docena de películas que han tenido de 1.200 a 2.700 millones de pesos en certificados, han sido algunos de los fracasos ecómicos más grandes de la historia del cine colombiano. ¿Y así quién se anima a invertir en cine colombiano?

Lo bueno, lo malo y lo feo de la Ley de Cine

Boletín de Prensa de SEMANA, 13 julio 2013

FOROS SEMANA: Productores, críticos, economistas, creadores y gestores estatales analizaron los logros y retos de la industria del cine a los diez años de la Ley 814 de 2003.

Al conmemorar los diez años de la Ley 814 de 2003 o de Cine, el balance para las producciones colombianas es significativo: se creó el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico que ha recaudado 80.000 millones de pesos a través de estímulos tributarios, el sector privado ha invertido 110 mil millones, la presencia del cine colombiano en el total de la taquilla pasó del 3 al 8,6 por ciento y el promedio anual de estrenos aumentó del 4 al 12 por ciento.

Sin embargo, persisten problemas estructurales para el desarrollo de la industria como la rentabilidad, la piratería, la ampliación del mercado, la distribución, el acceso a las majors y el mejoramiento de los circuitos de exhibición educativa y cultural del país.

Expertos en el tema –reunidos en el foro realizado por SEMANA, el Ministerio de Cultura y la Secretaría de Cultura de Medellín– al analizar lo bueno, lo malo y lo feo de la ley coincidieron en que hay avances en materia de producción, pero no así en la alfabetización de públicos y en la apertura de espacios alternativos para la exposición y promoción.

Mauricio Reina, crítico de cine, destacó que hace cinco años el problema era la oferta, hoy lo es la demanda. Alejandro Arango, de Contento Films, resaltó el apoyo de los inversionistas y Felipe Aljure propuso por su parte la titulación de los proyectos para fortalecer la financiación y la independencia en la producción.

En el escenario iberoamericano, productores como Juan Gugliotta de Argentina y Manoel Rangel de Brasil hablaron de la construcción de un modelo que integre a los países como alternativa de reconocimiento cultural y crecimiento económico, así como el uso de la tecnología para la exhibición de contenidos y evitar la concentración del mercado.

 

Cine colombiano, no es rentable pero promete

Publicado en la Revista DINERO.COM Julio 9, 2013

Son 10 años los que han pasado después de la promulgación de la ley 814 de 2003 o más conocida como la ley de cine en Colombia. ¿Qué ha cambiado esta norma para la industria? ¿Es rentable el cine en el país?

Los logros alcanzados en el cine colombiano han sido significativos pues, entre otras cosas, con la ley se creó el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, con el que se han recaudado $73 mil millones para la industria y el sector privado ha invertido $100 mil millones a través de los estímulos tributarios a inversionistas.

Herramientas como las que brinda la ley de Cine han permitido el aumento de la producción de películas, que pasó de un promedio de 4 filmes estrenados en salas, entre 1996 y 2003, a 23 largometrajes colombianos estrenados en 2012. De igual manera, ha aumentado el porcentaje de la taquilla colombiana respecto a la taquilla general, que en el período anterior había estado alrededor del 3%, desde la puesta en marcha de la norma ha estado alrededor del 8,6%.

Internacionalmente, el cine colombiano es reconocido en los más importantes festivales del mundo. Desde 2010, más de 125 películas y proyectos han participado en festivales, mercados y talleres a nivel mundial. El año pasado, la industria cinematográfica nacional se llevó 30 premios de la escena internacional.

La directora de Cinematografía del Ministerio de Cultura, Adelfa Martínez, afirmó que “nuestras películas han sido seleccionadas en los mejores festivales del mundo: Cannes, Berlín, Venecia, Toronto, Locarno, Sundance y San Sebastián”.

Y aunque se han dado bueno pasos en la internacionalización del cine colombiano, éste sigue siendo uno de los grandes retos del sector, y esto se puede alcanzar, según Adelfa Martínez, con la ley Filmación Colombia que promueve al país como escenario de rodajes con empresas colombianas. “Esta nueva herramienta permitirá atraer nuevas producciones, en su mayoría extranjeras, que beneficiarán a la industria y contribuirán a su consolidación”, dijo y recordó que Colombia tiene en firme acuerdos de coproducción con Iberoamérica, Canadá y Francia.

Para la profesora de la Escuela de Cine de la Universidad Nacional y directora del festival de cine Equinoxio, Libia Gómez, “antes de la ley de cine no había cine, porque no había dinero para producir, se hacía una película cada cinco años, y ahora se hacen hasta 12 películas cada año, esto cambió las posibilidades de hacer cine y construir una cinematografía”.

Según Gómez, todavía no hay una industria cinematográfica consolidada en Colombia, porque falta que el sector privado se interese en este negocio e invierta, sabiendo que los resultados pueden verse a largo plazo.

¿Y la rentabilidad?

La directora de Equinoxio señaló que en Colombia el cine todavía no es rentable, pues “hay muy pocas películas que ha recuperado y logrado ganancias, pero lo que sí se está viendo ya es que la mayoría de las películas están recuperando la inversión y eso quiere decir que no hay pérdida. Eso es un cambio enorme, estamos logrando un punto de equilibrio”. Además uno de los grandes problemas que enfrenta el cine en el país es la falta de una política estatal de distribución, “que proteja los estrenos y películas colombianas en los cines, se necesita que las películas tengan más tiempo en las carteleras y todavía eso no se da”.

Sobre la rentabilidad, recientemente en una entrevista concedida al Diario del Huila, Silvia Echeverri, directora de la Comisión Fílmica Colombiana, dijo que esto se trata de una inversión de riesgo, en la que una película “puede ser muy rentable o no rentable, porque depende de los espectadores que se logren llevar a una película”.

Echeverri aseguró que existen cálculos que señalan que “un productor de cine colombiano puede recibir un dólar por cada espectador, entonces si uno hace 70 mil espectadores, esos 70 mil dólares a una película que puede costar 1.500 millones de pesos, entonces le fue mal. Pero hay películas colombianas, incluso las de Dago García, que hacen un millón quinientos mil espectadores, eso significa un ingreso de un millón quinientos mil millones de dólares”.

Y agregó que por eso son importantes los subsidios, por ejemplo del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, “que pone el dinero que no tiene que devolver nunca y por el lado del incentivo tributario lo que se logra es que el riesgo del inversionista se reduzca sustancialmente porque él puede reducir de su renta 65 por ciento más de lo que realmente invirtió. Lo que eso hace es que la producción de la película cueste menos y que lo que haya que recuperar por taquilla no sean esos valores tan grandes”.

A 10 años de la Ley de Cine

Periódico EL COLOMBIANO Publicado el 6 de julio de 2013

Por JUAN DAVID MONTOYA

Un balance positivo a pesar de los enormes obstáculos es lo que deja en sus primeros diez años la ley 814 de 2003, mejor conocida como la Ley de Cine.

Convocados por la Revista Semana y el Ministerio de Cultura, representantes del sector se reunieron ayer en Plaza Mayor para hablar sobre “lo bueno, lo malo y lo feo” de esta legislación, una década después de sancionada.

Sobre lo primero: la triplicación en el número de estrenos. Un total de 89 mil millones de pesos ha recaudado el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC). 79 largometrajes han recibido el apoyo desde 2003. Gracias a estos recursos, el país pasó de un promedio de cuatro a 12 cintas cada año.

Advierte acertadamente el director Felipe Aljure que este crecimiento no solo se explica por la ley 814, sino también gracias a la considerable caída en los costos de producción.

Paralelo al crecimiento en el número de estrenos se ha registrado un aumento del público, del cual se alimenta el FDC. “En 2012 tuvimos 41 millones de espectadores, que ha sido el número mayor en la historia del cine colombiano. Representa un aumento del 92 por ciento en los últimos cinco años”, aseguró Adelfa Martínez, directora de cinematografía del Ministerio de Cultura.

Lo malo

A pesar del crecimiento, la industria nacional es incipiente en comparación con los grandes centros de producción. Contextualizó el crítico Mauricio Reina que los cerca de 44 millones de dólares que ha recaudado el FDC en una década no supera el presupuesto de una sola producción mediana de Hollywood.

Productores, directores y el mismo Gobierno coincidieron en que aún falta mucho en espacios de exhibición. A pesar de que el año pasado se registró la mayor afluencia a salas para ver cintas nacionales –el 7.8 por ciento del total de la taquilla–, este crecimiento está lejos de convertir las cintas nacionales en éxitos comerciales.

Una cinta como Lo Azul del Cielo, con el impulso del canal RCN y 57 copias, apenas logró convocar en su semana de estreno a 18.841 espectadores.

A FAVOR

LA NUEVA LEY DE CINE

En 2012 el Gobierno promulgó una nueva Ley, esta con el fin principal de incentivar la contratación de servicios cinematográficos colombianos. Esta ha sido la carta de presentación para tratar de traer a Medellín estudios de gran calado.

EN CONTRA

No son pocos los proyectos cinematográficos que financieramente terminan de la peor forma. Productores e inversionistas terminan jugándosela por un sueño. Aljure citó su caso. Más de cinco años después del Colombian Dream persisten las deudas.

Diez años de la Ley de cine: cifras y matices

Periódico EL COLOMBIANO Publicado el 28 de julio de 2013

OSWALDO OSORIO Comunicador social, historiador y crítico de cine

El cine colombiano está en el mejor momento de su historia, y eso es gracias a la Ley de Cine. Nadie puede contradecir esta afirmación, no obstante, tampoco es suficiente como para dar un parte de victoria, porque hay variables y matices en torno a esta ley y a la situación del cine nacional que aun se deben discutir.

Como siempre, desde la institucionalidad el balance es muy positivo, las cifras del cine colombiano en estos diez años han ido en una progresión muy alentadora. La cifra más significativa es que se pasó de tres películas producidas al año en promedio, antes de la Ley, a veintitrés estrenadas en 2012. Consecuentemente, la participación de nuestro cine en la taquilla aumentó considerablemente, superando los tres millones de espectadores.

Sin embargo, los informes oficiales no tienen en cuenta otros números y especificidades que empiezan a transformar ese panorama, como por ejemplo, que más de la mitad de esos tres millones de espectadores fueron a ver El paseo (Harold Trompetero ), o que varias de esas películas no alcanzaron siquiera los diez mil espectadores, o que lo exhibidores no les permitieron permanecer más de una semana en cartelera, o que por falta de recursos para su promoción más de la mitad de esas películas son desconocidas por el público, o que incluso muchas de ellas no se estrenaron en algunas ciudades.

Es necesario resaltar la importancia y beneficios de la Ley, sin la cual sería imposible tener el cine que hoy tenemos y, sobre todo, que ha sido manejada con la eficacia y transparencia que Focine (la anterior entidad de fomento al cine) nunca tuvo. Pero es indispensable cerrar la brecha que hay entre la mayoría de estas películas con el público, así como en ampliar y mejorar las estrategias de promoción y distribución.

Y aquí aparece el mayor problema de la industria del cine del país: el cuello de botella de la exhibición. En las reflexiones que se hacen sobre la Ley de Cine nadie le reclama a los exhibidores su ventajoso e indolente comportamiento ante las producciones nacionales: películas que esperan meses para ser proyectadas, que son sacadas de cartelera al primer fin de semana o a las que simplemente les cierran las puertas de sus salas. Y por el contrario, cuando Cine Colombia se refiere al asunto, hace alarde de todo el apoyo que le ha dado al cine nacional, solo con cifras miradas desde su perspectiva, por supuesto, sin las variables ni los matices.

En los balances que se han hecho sobre los 10 años de la Ley de Cine hay más preguntas que respuestas, y eso es bueno, que la gente del cine piense la industria nacional y la cuestione. Hay voluntad para mejorar las cosas y ahí está esa Ley que lo puede permitir. Ahora lo que hace falta es más acciones que balances y diagnósticos, hace falta aprovechar el buen momento y afinar las tuercas para que el cine nacional funcione mejor.

Análisis sobre el significado de esta ley

Artículo publicado el 21 de Julio del 2013 en el Periódico EL TIEMPO

MAURICIO REINA
Investigador de Fedesarrollo y crítico de cine.

A primera vista, la escena parece corriente. Varias personas discuten en un restaurante algo que les apasiona: hacer cine. El grupo abarca desde la directora de la primera película de la saga Crepúsculo, Catherine Hardwicke, pasando por productores de Hollywood, como Andi Isaacs (Piratas del Caribe 2 y 3) y Jeff Most (El cuervo), hasta el documentalista francés Denis Poncet, ganador de un Óscar. Todos coinciden en destacar la buena salud del sector cinematográfico que conocieron hace pocos días.

El episodio tuvo lugar la semana pasada en Bogotá, y el sector al que se referían era el colombiano. Esto no es importante porque se trate de extranjeros hablando bien del país, sino porque son profesionales de la industria del cine analizando la viabilidad de rodar en el país. Su conclusión es unánime: el sector cinematográfico colombiano tiene los recursos técnicos y humanos necesarios para cualquier producción internacional.

¿Cómo así? ¿Sector cinematográfico colombiano? ¿Recursos técnicos y humanos de talla internacional? Pero si hasta hace poco cualquiera que se presentara como director de cine en el país era visto con cierta sorna. Ahora, en cambio, no es raro que un muchacho les diga a sus papás que quiere estudiar cine y respalde su decisión con datos del sector. Uno de los más contundentes: mientras que en la década del 90 se estrenaban, en promedio, tres películas cada año, desde el 2003, esa cifra pasó a 11.
Este resurgimiento se debe en gran parte a la Ley 814 de 2003, mejor conocida como la ley de cine, que está cumpliendo una década de existencia. La oportunidad es propicia para hacer un balance de lo logrado y los retos que enfrenta.

La transformación

Una política que busque el desarrollo del cine colombiano debe plantearse, por lo menos, estos objetivos: fomentar la producción de películas nacionales, propender porque lleguen a la mayor cantidad de público posible, garantizar miradas libres y diversas sobre lo que somos, y propiciar las condiciones para que la actividad sea sostenible. Con esta ley el sector ha tenido logros importantes en varios de esos rubros, pero aún enfrenta grandes retos para garantizar su sostenibilidad.

Los mayores éxitos de estos 10 años se concentran en el fortalecimiento de la producción. De hecho, los dos grandes instrumentos creados por la ley hacen énfasis en el fomento de la oferta de cine nacional. El primero es el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC), que se nutre de recursos aportados por los productores, distribuidores y exhibidores. La ley establece que al menos 70 por ciento de esos recursos se destinen a fomentar la producción, mediante estímulos otorgados en convocatorias abiertas. El 30 por ciento restante se dedica a apoyar programas de formación, preservación y distribución del cine nacional. El segundo instrumento consiste en el otorgamiento de incentivos tributarios a quienes hagan inversiones o donaciones a proyectos cinematográficos nacionales, quienes así garantizan la recuperación de parte de sus recursos como una reducción en el pago de impuestos. En estos 10 años, el FDC ha recaudado casi 90.000 millones de pesos y ha entregado más de 1.400 estímulos, mientras que se han entregado incentivos tributarios por unos 110.000 millones de pesos para la producción de alrededor de 115 proyectos cinematográficos. Como resultado de la aplicación de estos instrumentos, la producción de cine en el país se ha fortalecido de manera significativa.

Durante los 10 años de vigencia de la ley se han estrenado más de 100 películas colombianas, una tendencia que se ha ido fortaleciendo a medida que pasa el tiempo. El año pasado, los estrenos nacionales alcanzaron la cifra récord de 23, lo que contrasta con las tres películas colombianas que se estrenaban por año en los noventa.

Esta expansión del cine nacional ha abarcado una variedad de miradas sobre nuestra realidad. Al lado de comedias megataquilleras, como las dos entregas de El paseo, se han producido películas de autor cuyo valor artístico fue reconocido internacionalmente, como Los viajes del viento, La sirga y Porfirio. Esta diversidad controvierte la percepción común de que el cine colombiano muestra solo violencia, y se refleja en la multiplicidad de géneros de las cintas más taquilleras del periodo.
Esa expansión de la oferta de cine nacional ha estado acompañada por un aumento de la demanda, aunque no de las mismas proporciones. El año pasado, 3’400.000 espectadores pagaron por ver una película colombiana, una cifra nada despreciable que representó 8,2 por ciento de la asistencia total a cine. Aunque ese porcentaje no ha sido estable en los últimos años, supera el de otros países con mayor trayectoria cinematográfica como México, donde las cintas locales atrajeron menos de 5 por ciento de los espectadores en 2012.

No todo es color de rosa

Con el fortalecimiento de la producción, el aumento de la asistencia, la multiplicidad de géneros y la profesionalización del sector, cualquiera diría que el cine colombiano ya salió al otro lado. Sin embargo, esos logros penden de un hilo: el de la rentabilidad del negocio.

Hacer cine es una actividad cara, y la recuperación de lo invertido requiere de una gran cantidad de espectadores. Una película corriente en Colombia puede costar entre 1.000 y 8.000 millones de pesos, y aunque los esquemas de recuperación dependen del modelo de negocio de cada proyecto, una producción mediana con recursos de varias convocatorias debe tener alrededor de 500.000 espectadores para recuperar la inversión.

Varias de las cintas nacionales más taquilleras han superado esa cifra, pero muchas de las más de 100 películas estrenadas en los últimos 10 años no pudieron. Eso significa que muchos proyectos desarrollados gracias la ley de cine no han logrado su punto de equilibrio.

Si bien la posibilidad de perder es inherente al negocio del cine, en mercados como el gringo hay una mayor diversificación del riesgo, por la gran cantidad de películas que ruedan los grandes estudios, mientras que en Colombia una productora puede desaparecer con un solo proyecto fallido.

Los productores colombianos más veteranos reconocen que muchos de los que invirtieron en los albores de la ley del cine se han alejado de la actividad desencantados. Pero esos mismos productores han aprendido a los golpes y ahora encaran su trabajo con rigor empresarial. Hoy no es raro que el rodaje de una película esté antecedido por estudios de mercado y la optimización de los flujos de financiación, conformando modelos de negocio más realistas y que están atrayendo a una segunda generación de inversionistas.

Por eso ahora la política pública debe orientarse a la construcción de mecanismos para que las cintas nacionales lleguen a más espectadores, ya sea en nuestro mercado o en el exterior.

Hay que mirar hacia otros mercados

Aunque no hay fórmulas, es necesario encontrar caminos alternativos a las distribuidoras tradicionales que tienen como prioridad a Hollywood. También es fundamental la formación de nuevos públicos, pues muchos rechazan nuestro cine sin conocerlo. Es inaudito que las películas colombianas no lleguen al mercado de 500 millones de hispanoparlantes del mundo. Esto indica que hay que trabajar en intensificar la cooperación y la coproducción regional. He ahí una agenda para los próximos diez años.

Opiniones

Felipe Aljure
Director y guionista
“Lo malo es que de las tres patas que sostienen la Ley de Cine, solo se han desarrollado dos: deducción tributaria y convocatorias. Sin la tercera, que es la titularización, existe un vacío. Con esta más gente podrá invertir menos sumas, lo cual distribuye el riesgo y saca la inversión del campo de los mecenas y la abre al pequeño inversionista”.

Carlos Llano
Gerente de distribución de Cine Colombia
“Lo bueno: se hacen más películas y se ha profesionalizado más la actividad. Lo malo: que la buena o mala participación del cine colombiano en el mercado nacional depende casi que exclusivamente de cómo les vaya a los filmes de Dago García”.

10 años de nuevo cine colombiano

Publicado en el Blog El Tiempo del Cine del Periódico El Tiempo

Por Jerónimo Rivera el 9 de Julio 2013 9:46 AM

A los latinoamericanos nos gustan las etiquetas y los movimientos. Prácticamente en todos los países cinematográficamente activos de la región se ha acuñado alguna vez la frase “El nuevo cine…” y, por supuesto, se habló también en algún momento del “Nuevo cine latinoamericano”. La semana pasada se realizó en Medellín el foro sobre los 10 años de la ley de cine, convocado por la revista Semana, el Ministerio de Cultura y la Subsecretaría de Cultura Ciudadana de Medellín. Lo que más se discutió fue “Lo bueno, lo malo y lo feo” de la ley 814 de 2003 o ley de cine y su aplicación durante estos 10 años. A continuación, comentaré mis propias conclusiones desde esta orilla sin meterme para nada con la ley de 2012 (ley de filmación) que tiene un espíritu diferente, casi contrario, a la primera.

En la década de 1990 el cine colombiano experimentó una gran crisis al quedar completamente huérfano de parte del Estado luego de la liquidación de Focine y Colcultura, entidades que soportaron la producción audiovisual en medio de críticas y descalabros económicos; pero que también, hay que decirlo, permitieron la realización de algunos grandes títulos de la filmografía nacional. A pesar de no contar con el apoyo estatal y las difíciles condiciones de seguridad de la época, algunos cineastas se arriesgaron a la locura de realizar películas con resultados muy positivos en algunos casos. Aunque toda la década no pasó de más de una veintena de títulos estrenados, en ese privilegiado grupo se cuentan películas tan representativas como La estategia del caracol de Sergio Cabrera, Confesión a Laura de Jaime Osorio y La gente de la Universal de Felipe Aljure, en mi concepto algunas de las mejores películas colombianas de todos los tiempos.

La ley de cine de 2003 se hizo con la intención de apoyar el cine como elemento cultural imprescindible y creo que son pocos los que podrían cuestionar la importancia de su existencia, a pesar de las críticas que pueda generar su manejo en un sector tan complicado de la industria. Esto es, en mi concepto, lo bueno, lo malo y lo feo del sector cinematográfico nacional, 10 años después de la ley.

LO BUENO

Indiscutiblemente hacer una mayor cantidad de películas por año contribuye a construir industria y a cualificar el recurso humano. Técnicos, actores y realizadores pueden aprender más del oficio con cada nueva producción y esto ha llevado a que, por ejemplo, la calidad técnica en las películas colombianas haya mejorado considerablemente. Adicionalmente, hoy se han organizado gremios por sectores que contribuirán a temas fundamentales como la seguridad social de los profesionales de medio, acuerdos sobre tarifas y estándares profesionales.

Tener una mayor presencia en la cartelera, estrenando más de una película colombiana por mes ha sido también positivo porque el público general reconoce la existencia de un cine nacional y existe la sensación generalizada de que “ahora sí se hace cine en Colombia”.

Los apoyos en dinero para la producción de películas han permitido que muchos proyectos que no tendrían ninguna oportunidad de realizarse puedan verse en las pantallas. Este aspecto ha sido particularmente positivo en películas realizadas desde las regiones, aunque su impacto aun es mínimo y se sigue concentrando la inmensa mayoría de las producciones en Bogotá.

Una mayor cantidad de proyectos cinematográficos dinamiza la industria y genera competencia en calidad. Hoy hay empresas especializadas en cada uno de los procesos técnicos y muchos servicios que se hacían hace unos años en el exterior, hoy se hacen en el país, abaratando costos.

Los estímulos tributarios contemplados en la ley han dado una herramienta fundamental a los productores para buscar apoyos en empresas del sector productivo.

La administración del Fondo de Desarrollo Cinematográfico ha sido transparente y me consta que se han usado estrategias para que así sea.

El cine nacional tiene cada vez más presencia en los festivales y muestras más importantes del mundo y la buena calidad de algunas películas le han ido construyendo un prestigio, fundamental como impulso para su avance.

Las modalidades de las convocatorias relacionadas con temas como patrimonio, formación de público e investigación son muy importantes para la construcción de una cultura audiovisual nacional.

Los principales canales de tv del país se vincularon al proceso del cine, aunque no en las mejores condiciones.

Hoy se puede acceder a buena parte del cine colombiano en DVD a bajos costos.

LO MALO

Se habla mucho del aumento del público asistiendo a cine nacional (7,8 % de la taquilla en 2012), pero las cifras son engañosas. Si bien podemos ver que una mayor cantidad de personas asisten a las salas a ver películas colombianas, un buen porcentaje se concentra en pocos títulos (generalmente las comedias ligeras) y hay películas que pasan fugazmente por la cartelera con una asistencia de menos de 5 mil espectadores. Las dos entregas de El paseo, por ejemplo, levantaron las cifras aportando más de un millón de espectadores cada una en los últimos dos años.

Aun las películas más taquilleras en Colombia pueden ser un gran fracaso económico. A los altos costos de hacer una película se suman los de la promoción y las escasas posibilidades de financiación más allá de la directa de la taquilla. Sólo cinco películas en toda la historia del cine colombiano han superado la cifra del millón de espectadores, algo común para una producción de Hollywood, en un solo país.

No hay aun un modelo sostenible para realizar una película colombiana sin perder dinero. Es una realidad que Hollywood acapara el mercado y el cine nacional debe encontrar estrategias que le permitan conquistar pequeños nichos del mercado y hacer atractiva la inversión para quienes decidan apoyarlo.

La poca seriedad y rigor de algunos profesionales de la industria frente a los inversionistas, sumado a las bajas expectativas de retribución económica, han ahuyentado a empresas que podrían estar interesadas en apoyar películas colombianas.

Aun falta mucha difusión de las buenas iniciativas y proyectos que surgen gracias al apoyo del Fondo de Desarrollo Cinematográfico en materia de formación, investigación y patrimonio. Yo mismo he sido jurado varias veces de estos concursos y he constatado que la mayoría de los proponentes desconocen lo que se ha hecho en el país y repiten temáticas o proyectos ya realizados.

El público colombiano no quiere a su cine. Un amplio sector del público ve con malos ojos las películas colombianas y habla mal de su cine con base en el conocimiento de muy pocos títulos.

Las buenas películas colombianas que han obtenido premios significativos en el exterior no han tenido muchas veces una buena respuesta del público ni algún incentivo adicional por su labor en la promoción del cine colombiano en el entorno internacional.
Ha faltado, de parte de productores y exhibidores, mayor organización en los calendarios de lanzamiento de los títulos nacionales. Hemos tenido semanas sin ninguna película y algunas en donde han estado hasta cinco películas colombianas peleando por una pequeña porción de la taquilla.

LO FEO

El monopolio de las salas de parte de las “6 big majors” norteamericanas (gigantes compañías que producen y distribuyen las películas en todo el mundo) es abrumador. Como en todo el mundo, las salas colombianas están llenas de películas de alto presupuesto y efectos, producidas por los grandes estudios que acaparan la taquilla. La ley no establece algún tipo de protección o incentivo a las salas que proyecten cine colombiano frente al cine de Hollywood que genera más de 80 mil millones de ganancias anuales. Una buena iniciativa sería la construcción de una red estatal de cines para la proyección de películas latinoamericanas e independientes.

Como resultado de estas negociaciones entre las majors y los exhibidores, en todos los países latinoamericanos las posibilidades de intercambio de películas son muy reducidas. Es absurdo que en un mercado potencial de tantos millones de espectadores hablando el mismo idioma, nunca lleguen títulos de los países vecinos.

Los exhibidores no dan al cine colombiano la oportunidad de recaudar suficiente dinero en taquilla al impedirles pasar, en muchas ocasiones, del primer fin de semana. En otros casos, se relegan a salas poco representativas o a horarios complicados para el público.

Los canales privados de tv consolidaron sus departamentos de cine para apoyar el cine nacional, pero esto no siempre ha sido efectivo. Dicho apoyo muchas veces no pasa de la promoción en los espacios del canal y la firma de contratos de difusión desfavorables para los productores.

Falta camaradería, colaboración y solidaridad entre algunos productores. Como sector industrial en crecimiento, no se puede pensar en competir con el gigante sin elaborar estrategias colaborativas.

QUE NOS QUEDA…

En mi concepto, la ley de cine es mucho más positiva que negativa. Lo malo y lo feo son oportunidades para mejorar y, en muchos casos, se trata de la inmadurez natural de un sector que he llamado como “cine adolescente” (ver artículo aquí). Hace algunos años, Jack Valenti, Presidente de la MPAA, mencionó “En una época el mundo descubrió que nosotros hacíamos los mejores aviones y decidieron dejar de producirlos para comprarlos a los que saben. Nosotros sabemos hacer películas, ¿Para que insisten ustedes en hacerlas?”. La respuesta a esta pregunta es muy clara: Para no olvidar quienes somos y contar nuestras propias historias.

Diez años no es nada (I)

Publicado online Domingo, 28 de Julio de 2013 en elespectador.com

Por: Anita De Hoyos / Especial para El Espectador

Veinte tampoco, como lo canta Gardel. Las cosas se mueven despacio y antes de lograr el mundo ideal que queremos, las nieves del tiempo blanquearán nuestra sien. Y sin embargo, en esta tierra plagada de dificultades hay muchos que quieren soluciones fáciles y rápidas. En el caso de la Ley de Cine, que acaba de cumplir diez años, los impacientes abundan. ¿Cómo es posible que después de tanto tiempo no tengamos un premio Óscar? ¿Por qué cada vez que uno va a ver una cinta colombiana sale del teatro entre cariacontecido y resignado, pero nunca con entusiasmo? ¿Hasta cuándo las únicas películas que llevan gente a los teatros serán las de Dago García?

Son muchas preguntas. Algunas razonables, otras ingenuas y otras de mala leche. Pero podríamos reunirlas en un tremendo y único interrogante: ¿ha servido para algo la Ley de Cine?

Empecemos por admitir que no fue fácil llegar a donde estamos. Lo de ahora puede parecer mediocre, pero está muy lejos del desastre que habitamos el siglo pasado, donde hacer cine era empresa de locos y los que se atrevían terminaban vendiendo la casa y el carro para pagar la quiebra. Ochenta años para lograr una docena de películas que en general eran ejercicios rústicos a los que sólo nuestro patriotismo justificaba. Pero igual. El sueño de tener un cine nacional nos seguía acosando con el mismo apremio de otras ambiciones imposibles, como ir a un Mundial de Fútbol o participar en un Tour de Francia. Y nada que se nos daba. ¿Por qué? ¿Acaso estábamos destinados a ser invisibles en un mundo de seres superiores que sí tenían derecho a verse y a que los vieran?

Así íbamos. Gobernados por el complejo del subdesarrollo, al que respondíamos con una producción cinematográfica lánguida, apoyada por una legislación sin dientes y limitada por un mercado estrecho. Cero laboratorios nacionales donde corregir color, sacar copias o imprimir bandas de sonido óptico. En la producción, casos aislados como el de Víctor Gaviria, que apoyado en la plata de un fabricante de yogures logró llevarnos a Cannes. Divertimentos llenos de veneno como los de Mayolo y Ospina, que parecían promisorios en un mediometraje, pero que nunca tuvieron la solidez para aguantar 90 minutos. O películas simplonas y mal hechas, como las dirigidas por Gustavo Nieto Roa, que a pesar de tener taquilla no bastaron para que la industria del cine nacional despegara.

Todo esto mientras en otros frentes lográbamos dar el salto. Llegaron los mágicos 70 y los gloriosos 80. Cochise fue campeón mundial, el Kid Pambelé hizo lo suyo y el Happy Lora también. Marroquín tuvo sus once y un médico filósofo nos dirigió en tres mundiales de fútbol. Es cierto que no hicimos mucho en esos mundiales, ¿pero alguien duda que le ganamos a Argentina cinco a cero? ¡Existíamos! ¡Lucho Herrera pintó con su sangre las carreteras de Francia! ¡Hasta un Nobel nos ganamos, carajo! ¿Cuándo le iba a llegar su turno al cine? ¿Era cierto ese lugar común que nos sentenciaba a tener triunfos individuales y esporádicos porque éramos un pueblo condenado a la soledad donde sólo los esfuerzos aislados de un boxeador, o un ciclista, o un narrador genial lograban expresar nuestro talento? ¿De verdad éramos tan malos para pensar en conjunto, como se requiere para hacer una buena película?

Era lo que había cuando se aprobó la Ley de Cine. Y es lo que ha cambiado en los últimos diez años en los que se han realizado más de 90 largometrajes. Siete veces más cine nacional que en todo el siglo pasado. Organización, recursos, trabajo y los resultados se ven. Laboratorios colombianos que trabajan con unos parámetros de calidad competitivos internacionalmente. Un equipo humano de directores de fotografía, editores y productores que crecieron en un ambiente de tecnología digital. Llegada al país de productores internacionales que trabajan usando nuestros escenarios y nuestra gente. Un acuerdo entre Gobierno, gremios del cine e industria privada que ha puesto las bases de un escenario en el que todos ganan. Apoyo a las películas colombianas en todas sus etapas: creación de guiones, producción y posproducción, exhibición, promoción y archivo de esta memoria de imágenes que una nueva generación está creando para dejar un testimonio de lo que somos.

Los cimientos del negocio están en el recaudo de un impuesto por boleta vendida, en unos estímulos fiscales para su producción y exhibición y en la administración seria de estos recursos. La plata del Fondo Mixto de Promoción Cinematográfica y sus entes conexos llega a todos los sectores de la industria, estimulando la creación de decenas de empresas dedicadas al cine. Estas empresas no se limitan a vivir del apoyo estatal; en este momento están gestionando nueve coproducciones que se filmarán en Colombia con dineros gringos y europeos. Todo esto sin un solo escándalo por corrupción, sin la menor sombra de saqueo o peculado. Este manejo transparente de los cincuenta millones de dólares que se han invertido en cine es milagroso. Igualmente milagrosa es la continuidad de una política cultural que no se ha dejado someter a los vaivenes del gobierno de turno y que mira hacia delante, luchando por consolidar unas metas de largo plazo.

Esto es una democracia, insiste Claudia Triana, la directora del Fondo Mixto de Promoción Cinematográfica. Esta afirmación simple, que puede sonar demagógica, es una realidad que funciona en el microcosmos del cine colombiano, en el que los proyectos se aprueban sin consultar su pureza ideológica o su vinculación con “palancas”. Jueces internacionales y nacionales que son profesionales del cine o de la academia, y que rotan cada año, garantizan un amplio espectro ideológico y estético, donde no hay censura. Al no contaminarse con la selección de lo que apoya, el Fondo preserva su imagen de ente administrador y tiene cero tolerancia con la politiquería. Pero, sobre todo, se ha marginado del problema de la “calidad” de las películas que se hacen. Si las cintas colombianas no son “buenas”, no es su cuento porque en Colombia no se hace un cine “oficial”. Aquí, los realizadores tienen libertad para equivocarse. ¿Cuántos países pueden decir lo mismo?

Podríamos seguir enumerando milagros, pero despertaríamos sospechas. El que elogia arriesga en un país que tiene razones para desconfiar de todo. Si queríamos lectores, debimos irrumpir en el tema como un elefante en una cristalería, arrasando con la Ley de Cine y aprovechando que en Colombia tiene más auditorio el que habla mal de algo que el que habla bien. Pero tal vez no sea demasiado tarde para darle gusto a la galería. Dejemos a un lado las cualidades de la Ley de Cine y entremos en ese territorio de sombra donde se sienten cómodos los “críticos”. En la segunda parte de este artículo responderemos a las preguntas del millón: ¿por qué —si la Ley de Cine es tan chévere— no hacemos mejores películas? O para ser más precisos: ¿por qué las “buenas películas” no tienen público y las “malas películas” sí? ¿En qué momento atroz Harold Trompetero se volvió un gurú de la cultura?

Diez años no es nada (II)

Publicado online Lunes, 29 de Julio de 2013 en elespectador.com

Por: Anita De Hoyos / Especial para El Espectador

El cine no es un arte, aunque pueda llegar a serlo. Tampoco es un ejercicio didáctico o político, aunque algunos pretendan reducirlo a eso. El cine es show business, circo de variedades, entretenimiento masivo. Entonces es lógico que unas películas que gravitan alrededor de propuestas “artísticas”, de “identidad cultural” o de “denuncia” no tengan acogida. Esa es la realidad. No sólo en Colombia sino en el planeta, donde el cine de entretenimiento puro es el que se lleva las grandes tajadas de taquilla.

Desde luego, el que algo exista no basta para que nos resignemos a soportarlo. Si fuera así, seguiríamos perseguidos por tigres dientes de sable o sometidos al escarnio de la esclavitud. Cada cual es libre de luchar por lo que los optimistas llaman “un mundo mejor”. En el caso del cine, el abismo entre lo que queremos ver y lo que nos dan existe y hace rato es una obsesión de la crítica. ¿Por qué las películas se mantienen en esa triple frontera donde se dan cita las bajas pasiones, la violencia exagerada y el mal gusto?

En 1922, la mente lúcida de Luis Tejada entendió el problema como un fenómeno de mercado y adjudicó la responsabilidad a la demanda del público. “Para la mayoría de las gentes”, escribe don Luis, “una novela realista es, con razón, lo más aburridor que hay en el mundo; porque la mayoría de la gente ama lo absurdo posible, lo inverosímil real. Y como no lo encuentra en los libros, va a buscarlo al cinematógrafo, donde se presenta bajo las formas más sencillas, fuertes y exaltantes”. Más claro, difícil. Y sin embargo, no lo escucharon. Y si no escucharon a don Luis, que era un genio, seguro no lo harán conmigo, que escribo y pienso bastante peor. Pero igual, insistamos. De la calumnia, algo queda.

La mayoría no sueña con utopías sociales, sino con epopeyas aspiracionales. Y en Colombia se hacen pocas películas de superación personal. Enaltecer el arribismo es un pecado que los realizadores nacionales evitan de manera sistemática, esquivando el melodrama y contando tragedias que les cierran el camino con el público. Pero todavía más grave: siendo espectáculo de masas, el cine tiene exigencias de “moralidad” que un productor debe reconocer. En Colombia, en el año 2012, las quince películas más taquilleras tuvieron clasificación para todos. Cintas que podían verse —y se vieron— en familia, con los chinos y la abuelita. Pero claro, en este país tampoco se hacen películas familiares porque para muchos la inocencia es una falta de compromiso con la realidad áspera que el cine nacional debe reflejar. En estas condiciones, casi todas nuestras cintas están tan cargadas de sexo, malas palabras y violencia injustificable que es una maravilla que las pongan para mayores de 18. Deberían ser para mayores de 35.

Igual pasa con el problema “artístico”. Es legítimo que un director de cine quiera expresarse. Pero es peligroso. Al tratar de complacerse a sí mismos, algunos se olvidan de los demás y el mercado les cobra su egolatría con cifras en rojo. Un director de cine que quiera sobrevivir respeta las exigencias de su público y responde a ellas sin agredirlas. Y para eso necesita trabajar modestamente durante años en el duro oficio de conocer sueños ajenos. Los iluminados que poseen una verdad interior deberían escribir poesía o pintar cuadros, actividades ciento por ciento creativas donde están más cómodos con sus obsesiones y no desencantan a ningún inversionista.

Por si algo faltaba, las cifras del negocio del cine no son la danza de millones que muchos creen. Sólo Hollywood puede enfrentar presupuestos de centenares de millones de dólares. ¿Pero cuántas películas de estas se hacen al año? ¿Ocho, tal vez diez? El resto son cintas que para ver la penumbra de los teatros pasan el tarro durante años y se arriesgan a perderlo todo. En Gringolandia, la mayoría de las películas que se empiezan a rodar jamás se terminan, y de las que se terminan sólo algunas escogidas llegan a las salas de cine. Las demás deben conformarse con recuperar sumas mínimas en los canales de cable. En España, este año sólo una película ha recaudado más de cinco millones de euros. En Colombia, sólo cuatro películas nacionales tuvieron ganancias en 2012. En estas condiciones, hay que apostarle a lo seguro.

En Colombia —así se tenga el apoyo de la Ley de Cine—, una película que tenga menos de 300.000 espectadores no gana plata. Con una media de entradas de 150.000, el mercado nacional de cine es un matadero. No es un asunto de una ley inadecuada, de campañas de publicidad sin recursos, del maltrato de los exhibidores que no le dan oportunidad al cine nacional. Ni siquiera se trata de la calidad de las películas. Es sólo que no hay cama pa’ tanta gente. La estrechez del mercado hace que Argo, una película bendecida con el Óscar y protagonizada por Ben Affleck, tenga 97.000 espectadores. Carnage, la última película de Polansky, sólo tuvo 8.000. En estas condiciones, el comportamiento de cintas como Apaporis (47.000), Sofía y el terco (50.000) o La lectora (200.000) es épico. Y películas como San Andresito (303.000) o La cara oculta (612.00) son blockbusters.

Por eso, Dago García y Harold Trompetero. El paseo 2 vendió 1’432.000 boletas y consolidó una marca. Lo que era apenas necesario, porque todas las películas que lograron superar el millón de espectadores el año pasado fueron secuelas. Y no fueron muchas, apenas nueve, una selección de mega-blockbusters producidos en 3D donde la película colombiana hace un honorable quinto lugar, superando a cintas como The Amazing Spiderman, Life of Pi y Wrath of Titans. El paseo 2 logró sacarle a Men in Black 3 y a Skyfall 700.000 espectadores de ventaja. Los dobló en recaudación. Increíble. Así que alístense para la cola de El paseo 3.

Pero en este cine que triunfa sin pretensiones, donde los productores sensatos ven una señal de esperanza, la mayoría de los realizadores ve una amenaza. Con un criterio miope y —¿por qué no decirlo?— intelectualmente arribista, la kultur desprecia películas como Mi gente linda, mi gente bella y las asimila a lo que no hay que hacer: cintas falsas, que eluden la realidad y que se arrastran por el piso buscando complacer al público con trivialidades.

Con el debido respeto, esto es una tontería, porque no se trata de hacer lo que hacen Dago o Trompetero, personajes que entre otras cosas tienen sus méritos y son difíciles de imitar. Se trata de reconocer el camino que ellos abrieron y que se puede recorrer de otra manera para llegar al mismo público, que es el único público posible. Películas familiares, que transmitan un mensaje simple y esperanzador. Esta recomendación será recibida con abucheos por parte de la “inteligencia”, pero sin ánimo de tropel me atrevo a aconsejarles a los compañeros de viaje que revisen sus prioridades y que si les interesa tanto cambiar el mundo, renuncien al cine y se metan de cabeza en la política. Y a los artistas, que hagan poesía o pinten cuadros. Pero que no se pongan a hacer películas, porque se quebrarán, como ya lo están haciendo.

Diez años después de la Ley de Cine colombiana

Bogotá D. C., jul. 24 de 2013 – Agencia de Noticias UN-

Hace diez años se promulgó la Ley del Cine con el propósito de impulsar la actividad cinematográfica en Colombia. Expertos analizan el panorama actual.

Oswaldo Osorio, comunicador social y periodista, historiador con Maestría en Historia del Arte, crítico de cine y docente Universitario, indicó al programa UN Análisis* de UN Radio: “En comparación con otras épocas, el cine colombiano está en su mejor momento gracias a esta ley, que ha permitido que se dispare la producción. Incluso el año pasado se estrenaron tres películas, algo que nunca se había visto en el país, lo que implica que hay diversidad y aumento en la calidad”.

Sin embargo, el académico también indicó que hay matices por mejorar, porque no se puede hablar de cine solo con cifras: “Hay que afinar ese cuello de botella de la exhibición porque la mayoría de las películas no están y el cine colombiano es invisible, sobre todo en relación con el público”.

Al respecto, Rodolfo Ramírez, profesor de la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Colombia, recordó la legislación: “Esta es una ley de lo que llamaríamos el proteccionismo, que en el resto de América Latina se ha venido implementando como una protección a la industria de los países. Es el apoyo a los propios mercados de decisiones que se hacen a favor de la nación”.

En un época se satanizó este tipo de medidas y fue polémico porque no se podía proteger la industria nacional, dado que había que entrar en una libre competencia con los extranjeros. Precisamente, esta ley plantea una vigilancia nacional con la creación del fondo para el desarrollo cinematográfico y el otorgamiento de estímulos tributarios para inversiones y donaciones a proyectos, además de la titulación de los trabajos cinematográficos.

Henry Laguado, director del Festival de Cine de Bogotá, afirmó: “Es una ley muy positiva en beneficio del cine colombiano. En el 2003 se hacían unas tres películas, pero luego de entrar en vigor la legislación empezó a incrementar la producción. Me parece que los exhibidores tienen un negocio y no son casas de la cultura. Una forma de solucionar este problema sería si en los presupuestos de las películas se incluyera promoción y publicidad, lo cual no se hace a excepción de películas como las Dago García que está asociado a un canal de televisión que promueve sus trabajos”.

Se dice que si una película cuesta un millón de dólares, la publicidad cuesta el doble, pero si no se hace no se va a conocer y, por lo tanto, nadie va a ir. “La ley de cine no paga todo lo que cuesta una producción cinematográfica, se trata de vender y mostrar la cultura para que se evidencie ante el público y se cuente con audiencia suficiente”, agregó Laguado.

Por su parte, Armando Russi, profesor de la Escuela de Cine y Televisión de la UN, precisó que “hay cosas interesantes pero otras lamentables. Hay una promoción a la producción y la distribución pero falta formación de públicos, se debe velar por un público real”.

A su vez, Adelfa Martínez, comunicadora social y directora del Área de Cinematografía del Ministerio de Cultura, hizo un balance de lo que ha sido la ley desde su inicio: “Definitivamente, ha traído un crecimiento importante para el sector. El hecho de tener dos herramientas de presupuesto destinadas directamente a la producción sin depender del presupuesto nacional es importante.

En estos años se han recaudado y entregado unos 220 mil millones de pesos que permiten incrementar el promedio de producción cinematográfica, además de incrementar la creación de empresas para ofrecer servicios para el sector con sus respectivos profesionales, lo que permite una interlocución directa y favorable para la concertación de desarrollo del cine, entre otros aspectos”.

Finalmente, Juan Diego Caicedo, realizador y crítico de Cine y Televisión, profesor de la Facultad de Artes y del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UN, indicó: “La ley ha favorecido a los grandes distribuidores y exhibidores de Colombia, pero no contribuye a fomentar la audiencia. Además, en los medios de comunicación fomenta muy mal cine, así que no creo que sea para celebrar”.

La Ley que hizo florecer el cine colombiano

ELPAIS.COM.CO – Lunes, Julio 15, 2013

Por: Ricardo Moncada Esquivel | Periodista GACETA

Con 22 películas estrenadas el año pasado, el cine nacional vive el mejor momento de su historia gracias al desarrollo de una política pública que ha fortalecido el sector. Pero aún queda mucho camino por recorrer.

La última década se convirtió en el renacimiento del cine nacional gracias al impulso que dio la Ley del Cine.

En la última década, el cine colombiano ha experimentado una aceleración sin precedentes en su historia. De rodar tres películas por año pasó, a corte del 2012, a proyectar 22 filmes. Y mientras en el 2003 un 3.3% de los colombianos iba a ver películas nacionales, el año pasado la asistencia fue de 7,8%, es decir un poco más de 40 millones de espectadores.

Estas cifras, que llaman poderosamente la atención, las cita el Ministerio de Cultura al cumplirse diez años de la creación de la Ley 814 de 2003, mejor conocida como Ley de Cine. Una norma que ha impulsado la producción audiovisual nacional mediante la creación de estímulos tributarios que permiten a un contribuyente deducir $165 de su renta por cada $100 que invierta o done en un proyecto cinematográfico nacional.

Al mismo tiempo, la Ley creó el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, regido por Proimágenes, que se nutre de un impuesto a las taquillas de cine de tal manera que el 70% de esos recaudos se entregan a los nuevos proyectos cinematográficos y al sector en forma de estímulos a través de convocatorias a cargo de un jurado internacional.

De acuerdo con las cifras de Ministerio de Cultura, este fondo ha recaudado en esta década cerca de US$41 millones que se han invertido en la realización de más de mil proyectos en sus diferentes fases, “desde escritura de guiones, producción y posproducción, así como para la internacionalización del cine, su preservación y la formación de públicos en el país”.

Estas nuevas condiciones supusieron dejar atrás el drama que significó hacer cine para las primeras generaciones de realizadores colombianos, quienes luego de empeñar hasta la finca de la abuela y de luchar por cinco o más años, lograban, por fin, hacer la película que tanto habían soñado, muchas veces en precarias condiciones técnicas y pérdidas onerosas.

De acuerdo con Mincultura desde la creación de la ley del cine se han entregado un total de 79 premios para la producción de largometrajes, 40 de ellos para películas dirigidas por directores con más de un largometraje y 39 para óperas primas.
Según la entidad, desde el 2010 más de 125 películas y proyectos han participado en festivales, mercados y talleres internacionales. El año pasado, dichas producciones obtuvieron 30 premios alrededor del mundo.

Y de manera complementaria, el año pasado se aprobó una nueva norma, la Ley 1556, que crea el Fondo Fílmico Colombia con el propósito de incentivar a los productores del mundo para que rueden sus películas en escenarios de nuestro país contratando los servicios del sector.

Entre lo bueno y lo taquillero

Tan buenos resultados han generado gran optimismo en el sector. Sin embargo, al mirar cada aspecto en detalle, lo que queda claro es que el proyecto de establecer una industria cinematográfica en Colombia ha tenido un buen comienzo, pero el camino por recorrer es más extenso que un largometraje.

Por ejemplo, del 4.1 millones de entradas vendidas el año pasado, poco más del 83% correspondió a cinco películas: ‘El paseo 2’ que recaudó 1.4 millones de boletas, mientras que a producciones como ‘Mi gente linda, mi gente bella’; ‘La cara oculta’; ‘El cartel de los sapos’ y ‘Sanandresito’ ingresaron 1.9 millones de espectadores, es decir el 48.5%.

Las 18 restantes cintas, entre ellas ‘Chocó’, ‘180 segundos’, ‘La Sirga’, ‘Apaporis’, ‘La playa D.C.’ -muchas de ellas premiadas en festivales dentro y fuera del país- obtuvieron solo un 16,4% .

La causa de esta situación proviene de varios factores, relacionados con dificultades en la distribución y exhibición de nuestras películas tanto en el mercado doméstico como en el internacional, a carencias en la formación de públicos, pero también a la falta de propuestas que sin perder su calidad artística calen en el gusto de las audiencias.

Pocas pantallas

El tema de la circulación de las películas en el país es bastante complicado, pero común a los países de América Latina. Basta con tener en cuenta que Colombia hay 690 pantallas ubicadas tan solo en el 4% del país, pero que el 75% de ese índice está ubicado especialmente en Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla y, peor aún, la mitad de ese 75% está en la Capital del país.

La directora de Cinematografía del Ministerio de Cultura, Adelfa Martínez, explicó que la gran mayoría del país no tiene acceso al cine en general y en particular al cine nacional. “Para fomentar los espacios de formación estamos aprovechando las casas de cultura, bibliotecas públicas y cineclubes. A ellos les estamos entregando la Colección Colombia de Película a través de la cual el Ministerio adquirió los derechos de 90 producciones recientes entre largos, cortos documentales y de ficción, con el fin de que, por un lado, nuestras películas circulen a nuevos públicos, pero también que estos públicos tengan la oportunidad de conocer otras formas estéticas más allá del cine de Hollywood”.

Los cineastas

Reconocido por sus filmes ‘La gente de la Universal’ y ‘El Colombian Dream’, el director y productor Felipe Aljure fue pieza clave en la construcción de la Ley de Cine en calidad de primer encargado de la dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura.

El director señaló que la Ley ha permitido avances muy importantes. “Pero hay que entender que venimos de muy lejos y todavía queda mucho camino por andar. En el campo de los espectadores, por ejemplo, este año se aspira a llevar a un colombiano a las salas de cine por año, una cifra muy por debajo de México que con cien millones de habitantes es de 1.6 espectadores o de Estados Unidos que con 300 millones es de 3 espectadores por año”.

Productor de cintas como ‘Todos tus muertos’ y ‘180 segundos’, el caleño Diego Ramírez, es de los que opinan que quienes realizan cine en Colombia deben explorar otros tipos de contenidos, de géneros e historias. “Tenemos la obligación de acercarnos al público y cambiar esa mentalidad de que es el público el que debe acercarse al cine. Con esto no quiero decir que hay que hacer tal o cual forma de cine”.

Esa falta de audiencia, además genera que el mercado sea muy pequeño para la incipiente industria. “Pienso que es una función del Estado el hacer una inversión que equilibre las imperfecciones del sistema, porque hacer cine aquí no es como se piensa, más barato que hacerlo en Estados Unidos o Francia. La diferencia está en el mercado que ellos tienen comparado con el nuestro, además de una menor capacidad adquisitiva, entonces hay una falla estructural en la cual el Estado debe tomar cartas”.

Por su parte, el director caleño Alexander Giraldo reconoce que la Ley de Cine le dio la posibilidad de desarrollar su carrera desde sus inicios, pero señala que la conquista de la audiencia sigue siendo para él un misterio. “Hay que entender que hacemos parte de una cinematografía muy joven. Algunos argumentan que había mucha temática de violencia en las películas, pero en realidad es un cliché, porque si uno se fija cada vez hay más variedad. Si bien muchas plantean conflictos sociales, también hay temas amables”.

Es por ello que para su nuevo proyecto, ‘Tiempo perdido’, ha desarrollado estrategias utilizando las redes. La idea es crear comunidad en torno al proyecto para ir conquistando al público enterándolo a través de blogs y ‘twitcam’ sobre los pormenores del rodaje”.

Giraldo agregó que un camino importante es crear presupuestos acordes al mercado. “No podemos hacer películas pensando que irán millones de personas a verlas cuando ese mercado aún no existe”.

El realizador considera también que hay que explorar alternativas en la comercialización de las películas. “Está la coproducción internacional, la difusión a través de canales de televisión, la comercialización por el sistema pague por ver en internet o de DVD. Todo ello implica que debemos ser más creativos”.

Distribución, el gran reto

Con su ópera prima, ‘Chocó’, el director y productor Johnny Hendrix Hinestroza, llevó a la gran pantalla un trozo de la vida del Litoral Pacífico y ese proyecto lo pudo realizar en buena parte gracias a la Ley de Cine.

Para Hinestroza, a pesar de que esta ha permitido fortalecer el sector en su profesionalización, faltan muchas cosas, entre ellas mirar el proceso de distribución y promoción de las películas. “Mientras la producción de películas es una puerta amplia, la distribución se convierte en una ventana muy pequeña. Si bien hay la impresión de que los distribuidores son los únicos beneficiados, pienso que más allá de que eso, lo que sucede es que no hemos aprendido a usar esa ventana de la distribución bien”.

El cineasta agregó que se debe trabajar para que desde las leyes y los organismos se posibilite ese buen diálogo entre exhibidores, distribuidores y productores, en el que se garanticen unos mínimos de participación de nuestras películas en la distribución.
Para el director chocoano esa es una falencia enorme que no logra superar la Ley. “Es un aspecto que requiere ser estudiado en búsqueda de soluciones, porque entendemos que la exhibición y la distribución están en la esfera privada y tal vez las medidas que se tomen desde el Ministerio no tengan poco efecto”.

Desde la crítica

En cuanto al contenido de nuestras películas, el crítico y cineclubista Rodrigo Vidal señaló que la Ley de Cine permitió pensar este arte ya no desde el cine de autor sino como un asunto de industria, dándole importancia al productor. “La estructura de la Ley hace que ya se tenga que pensar en el producto final y a la vez ha permitido la especialización de los diferentes roles en la realización cinematográfica lo cual se refleja en que ahora tengamos películas con buenos estándares de calidad”.

Vidal opina que en la parte de guiones, antes el cine miraba su realidad a través de historias costumbristas. “Ahora se mueve sobre diversos ejes, lo político y social, pero también lo cotidiano o los problemas juveniles. Desde luego todavía hay mucho camino por avanzar”.

Henry Laguado, director del Festival Internacional de Cine de Bogotá, dice que la Ley de Cine fomentó la producción audiovisual, pero debe prestarse atención en los criterios de selección de los proyectos respecto a su viabilidad comercial. “Encontramos que hay películas que artísticamente son buenas, pero nefastas en la taquilla. Pienso que la publicidad es un aspecto clave y desafortunadamente en el país los medios de comunicación son en principio apáticos a apoyar estos proyectos”.
Laguado destacó en el sector de la producción el trabajo que realiza Dago García. “Él es nuestro nuevo Jairo Pinilla o Gustavo Nieto Roa, no solo porque consigue con sus películas tocar las fibras del público común. Pero ni siquiera importa el tipo de cine que está haciendo, sino que está permitiendo generar escuela y oportunidades laborales para muchos trabajadores del sector audiovisual”.

En contraste, Germán Ossa, crítico de cine y director de los Encuentros Nacionales de críticos y periodistas de cine que se realiza en Pereira, se lamentó que el éxito de nuestro cine esté determinado por las producciones de Dago García. “No le aportan nada a la formación de públicos con sus terribles cintas, tienen la capacidad de dañar a directores talentosos”.

Ossa reconoció que hay una notoria evolución en la calidad técnica, si bien en su opinión no es lo más importante. “Hay evolución en la dirección de actores, y debe ser mejor cada vez, pues los actores buenos no abundan en nuestro país, ya que hay mucho “acartonamiento”.

En cuanto a propuestas cinematográficas, es decir, historias diferentes para llevar a la pantalla grande, Ossa opina que no se ha explorado lo suficiente. “Hemos patinado mucho con los temas que fueron moda en un momento como narcotráfico, mulas, violencia, guerrilla, paramilitarismo. En Colombia hay mucha literatura, hay muchas historias y muy bellas, muy diferentes y son pocos los realizadores que las aprovechan”.

La tercera base

Felipe Aljure señaló que a la Ley de Cine le hace falta desarrollar un tercer pilar: la titularización, que consiste en desarrollar la financiación a partir de títulos valores que puedan ser puestos en la bolsa para ser vendidos o adquiridos por inversionistas.
Para poner un ejemplo hipotético, Aljure explica que si una película vale mil millones y consigue vender una acción de un millón de pesos a mil inversionistas, el Estado, vía la Ley de Cine, le otorgaría una deducción del 41.25% de su inversión, lo que quiere decir que sólo estaría arriesgando $580.000 pesos.

Lo que se consigue con esto es tener muchos inversionistas. “En mi opinión, desarrollar ese aspecto de la financiación es una forma de atornillar los riesgos, pero desafortunadamente no ha existido voluntad para sacarlo adelante. La titularización contrarresta la desconfianza y le da más tranquilidad y certeza a quien invierte”.

Al respecto, la directora de cinematografía de Mincultura dijo que la titularización es una herramienta que ofrece la Ley, pero que no depende de esa cartera su reglamentación y puesta en marcha. “Hay que tener en cuenta que es un tipo de financiamiento que se trabaja en el mercado de valores implica una inversión de unos presupuestos muy grandes, con unos flujos de caja que puedan sustentarlo, y todavía las películas colombianas no logran demostrar esa suma de capitales enormes”.

Adelfa Martínez agregó que en las discusiones sobre este tema se ha concluido que sería necesario ofrecer un catálogo con diez o más títulos, con los cuales se pueda pensar en la titularización. “Mientras tanto consideramos que el sistema de estímulos tributarios que estamos aplicando permite que en grandes o pequeñas cantidades se pueda invertir o donar recursos. Hasta ahora ha funcionado muy bien. De hecho en estos años se han invertido $110.000 millones en beneficio de 116 proyectos cinematográficos”.

A esto se suma la Nueva Ley de Cine (Ley 1556) que ofrece beneficios económicos a los productores de películas y ‘tv movies’ que rueden en Colombia del 40% del valor del gasto que realicen en la contratación de servicios nacionales de preproducción, producción y posproducción, y el 20% del gasto que realicen en hoteles, alimentación y transporte.

Según la Ministra de Cultura, Mariana Garcés, esta segunda Ley quiere avanzar en la dirección que viene trazando la primera para trabajar además en la internacionalización de las películas: “Traer recursos frescos al sector para que se fortalezca y siga desarrollando sus propios procesos a partir del aprendizaje”.

Inicialmente el fondo para las contraprestaciones será de $25 mil millones que saldrán del Presupuesto Nacional, lo que significa que el país estará preparado para responder a una inversión extranjera hasta de US$42 millones en el primer año.

En opinión de Aljure la nueva Ley busca fortalecer el medio cinematográfico pero tiene dos retos importantes. “Uno de ellos es que la norma dura diez años y en ese lapso debemos revertir la mala imagen de país ante los potenciales inversionistas y suplir las carencias tanto en equipos como en cultura cinematográfica. De otro lado la Ley se surte del Presupuesto General de la Nación, pero estos proyectos cinematográficos pueden tomar tiempos de entre dos y tres años para concretarlos y puede ocurrir que cuando los inversionistas decidan hacerlo el Fondo no tenga el dinero que se ha prometido, entonces se va a tener dificultades si no se manejan esos riesgos”.

Pese a los retos, el optimismo en el sector cinematográfico es justificable, pues se ha demostrado que mediante políticas públicas sostenidas es posible el desarrollo y que es cuestión de tiempo y de ir ajustando la norma a las exigencias de cada momento, como se podrá llegar al establecimiento de una industria en Colombia. Así las cosas, esta película apenas comienza.

Cineastas siguen quedando en la quiebra para cumplir el sueño de hacer cine

Señal Radio Colombia
Martes, 16 Julio 2013 11:17

“García” fue la primera película que el cineasta José Luis Rugeles dirigió. Para sacarla adelante tuvo que invertir 1.200 millones de pesos, mucho menos que los millones de dólares que suelen costar las producciones estadounidenses.
Pero aún así, era demasiado dinero para José Luis y su equipo de trabajo, por lo que tuvo que acudir a múltiples formas de financiación, incluyendo dineros estatales.

“Recibimos el premio de Ibermedia, el guion nos lo ayudó a escribir la Fundación Carolina, era un guion de Diego Vivanco, con dinero nuestros de Rhayuela, con la ayuda de RCN, pudimos juntar dinero de todos lados y salir adelante, se hizo con las ganas”, cuenta el cineasta.

La filmación de García duró cuatro semanas, pero la preproducción y la postproducción duraron varios años. El 13 de abril de 2010 finalmente la película se estrenó, pero desde el comienzo dificultades técnicas se hicieron evidentes y los resultados en taquilla no fueron los mejores.

“Sólo tuvimos 55 mil espectadores, porque la película no sonaba casi, estaba bien mezclada pero se había cometido un error en la masterizacion y los expertos recomendaron subirle tres punticos, le dijimos a los de las salas de exhibición y ellos no lo hicieron, entonces uno iba a ver la película y sonaba más una persona al lado comiendo chitos que la película al frente”, se lamenta Rugeles.

Con García pasó lo mismo que ha pasado con la mayoría de las 100 películas colombianas que han contado con apoyo económico del Ministerio de Cultura a través del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico: Duran poco tiempo en cartelera y pocos las ven.
El jefe del Área Audiovisual de la Universidad de la Sábana, Jerónimo Rivera, explica que el fenómeno se debe a que las salas de exhibición son demasiado impacientes.

“Normalmente a las películas colombianas les dan entre uno y dos fines de semana para tratar de acercar al público a las historias. Es lamentable porque hay gente que no puede ir el primer fin de semana y cuando quiere ir ya no está la película porque no le dieron el tiempo suficiente para estar en cartelera”, asegura el experto.

Decía Luis Ospina que hacer una película es como lanzarse de un tercer piso y hacer la segunda es como lanzarse del séptimo.

Pese a los apoyos económicos fijados por la ley de cine que por estos días cumplen 10 años, muchos directores quedan en la quiebra al tratar de cumplir el sueño de hacer cine.

“Acuden a todo, hay directores que hipotecan la casa, hay directores que venden el carro, otros la finca, esta locura de hacer cine es una locura porque se pueden llegar a medidas muy extremas, pero cada vez más los directores y productores están siendo más serios en sus modelos de negocio”, dice Rivera.

El panorama no es el mejor para el cine colombiano pero es positivo sí se compara con el de hace 10 años, según Adelfa Martínez, directora de Cinematografía del Ministerio de Cultura.

“Se han irrigado al sector alrededor de 220 mil millones de pesos en estos 10 años y esto nos ha permitido crecer contundentemente. Antes de la Ley de Cine teníamos un promedio de tres películas estrenadas en salas de cine, hoy en día tenemos un promedio del 12% y con una cifra record como las del año pasado del 2012 en la que estrenamos 23 largometrajes”, destaca la funcionaria.

Con los recursos destinados por el Ministerio a la industria, otro tipo de cineastas se ha visto beneficiados: Los que hacen cortometrajes. Uno de ellos es Jorge Mario Vera, quien ha logrado ganar varias convocatorias estatales y así ha logrado financiar sus proyectos, aunque a su juicio el dinero que se otorga no es suficiente.

“A veces uno no sabe si es un premio o un castigo porque las exigencias que ellos mismos hacen ponen en la convocatoria son muchas más costosas de los del premio que están entregando. Como copiar en 35 milímetros, que tenga una licencia Dolby, que la mezcla sea profesional sea profesional, ese tipo de cosas hacen que los costos sean más altos que los que da el premio”, advierte Vera.

Más que la falta de dinero, lo que más daño le está haciendo al cine colombiano es el poco apoyo del público. Con excepción de algunas comedias, pocas dan ganancias y es por eso que expertos como Jerónimo Rivera, consideran que es necesario formar a los colombianos para que aprendan a ver cine

“La creación por ejemplo de salas de cine alternativas que presenten contenido independiente sino internacional. Tenemos algunas cuantas en las principales ciudades del país pero son insuficientes y costosas, la gente no puede acceder públicamente a ellas, una buena iniciativa es que desde el estado se promuevan salas alternativas que no tengan necesidad de retribución económica”, asegura Jerónimo Rivera.

Muchos dicen que no ven cine colombiano porque sólo hablan de narcotráfico y violencia, pero sólo hace falta ver el listado de las películas nacionales que salieron a las salas de cine para ver que las temáticas son variadas. Cuentan historias que van desde el viaje que inicia un juglar vallenato para devolver un acordeón hasta la angustia de una mujer que queda atrapada en un cuarto diseñado por un agente nazi.

MinCultura celebra los 10 años de la Ley de Cine

26 de junio de 201

Este año, la Ley de cine 814 de 2003 llega a su aniversario número 10. Esta ley ha permitido el nacimiento de una nueva industria nacional: la cinematográfica. En estos diez años, gracias a esta legislación se han invertido más de 180 mil millones de pesos en la realización de películas, y en total se han estrenado 117 largometrajes en las salas de cine, que han visto más de 20 millones de colombianos.

Para conmemorar los 10 años de la Ley, el Ministerio de Cultura invita al Foro Semana “Diez años de la Ley de Cine, panorama actual de la industria en Colombia e Iberoamérica” –realizado en alianza con la Secretaría de Cultura de Medellín el viernes 5 de julio en la capital antioqueña, con expertos nacionales e internacionales que atenderán a la reunión de IBERMEDIA.
El Foro se realizará en el Centro de Convenciones Plaza Mayor de Medellín (Antioquia) con la participación de la Ministra de Cultura, Mariana Garcés; el director de cine, Felipe Aljure; y los productores Juan Pablo Gugliotta, de Argentina; Manoel Rangel, de Brasil; y Rodrigo Guerrero de Colombia, entre otros. La moderación estará a cargo del crítico de cine Mauricio Reina.
Ibermedia es un programa que anualmente entrega una serie de incentivos que también han sido fundamentales para el impulso del cine colombiano y las coproducciones iberoamericanas. Este año del 2 al 5 de julio Colombia será el país anfitrión de la reunión anual del programa en Medellín, donde se darán cita 34 representantes de distintas autoridades cinematográficas de Iberoamérica, provenientes de 16 países invitados.

Sobre los 10 años de la Ley

Del 1996 al 2003 se estrenaban en Colombia 4 películas en promedio, mientras que el año pasado se llegó a una cifra récord de 23. Prácticamente en esta década se ha producido más del 50% de las películas colombianas que se han estrenado en la historia del cine del país.Además, el porcentaje de la taquilla colombiana respecto a la taquilla general ha aumentado en más de 5%. (En el período anterior a la Ley estaba en alrededor del 3% hoy en día se encuentra cercano al 8,6%).

Paralelamente al incremento en el número de películas, nuestra cinematografía se ha hecho conocida a nivel internacional gracias a esta Ley. Los más importantes festivales de cine del mundo las seleccionan y desde 2010, más de 125 películas y proyectos han participado en festivales, mercados y talleres a nivel mundial, entre los que se cuentan Cannes, Berlín, Venecia, Toronto, Locarno, Sundance y San Sebastián. Tan solo el año pasado, la industria cinematográfica nacional se llevó 30 premios de la escena internacional.

Esta Ley, que fue inspirada en legislaciones de países europeos, ha servido además de modelo para las cinematografías de otros países de nuestra región. Gracias a ella, el Gobierno Nacional ha podido dar lugar una Segunda Ley, asesorada por todo el sector y sancionada en el 2012, para el fortalecimiento de esta industria incipiente: la Ley locación Colombia.

Según la Ministra de Cultura Mariana Garcés, esta segunda Ley, que busca fomentar el territorio nacional como locación para rodar, así como la contratación de empresas nacionales de producción y posproducción en proyectos nacionales e internacionales, quiere avanzar en la dirección que viene trazando la primera para trabajar además en la internacionalización de las películas: “Traer recursos frescos al sector para que se fortalezca y siga desarrollando sus propios procesos a partir del aprendizaje”.

El viernes 5 de juliose llevará a cabo el Foro Semana, con la presencia de la Ministra de Cultura Mariana Garcés y la participación de expertos nacionales e internacionales sobre el tema, que será transmitido vía streaming en www.mincultura.gov.co.

Sobre La Ley 814

La Ley 814 creó estímulos tributarios para incentivar las inversiones o donaciones privadas realizadas a las producciones de cine y también creó el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico a través del cual se entrega el 70% del dinero recaudado en las taquillas de cine a los proyectos cinematográficos colombianos y al sector a manera de estímulos.